<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031</id><updated>2012-02-16T10:09:33.217-03:00</updated><category term='Ficción'/><category term='Alejandra'/><category term='Música'/><category term='Haiku'/><category term='Cosita inclasificable'/><category term='Estudio'/><category term='Historieta'/><category term='Literatura'/><category term='Pensamientos'/><category term='Hebra'/><category term='Cuento'/><category term='Fragmento de algo'/><category term='Locura'/><category term='Fantasía Austral'/><category term='Resonador Literario'/><title type='text'>Winterlöria</title><subtitle type='html'>El niño que yo era / se extravió en el bosque/ y ahora el bosque tiene mi edad (J.L Martínez)</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>124</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-5712596366380848173</id><published>2012-01-31T12:37:00.000-03:00</published><updated>2012-01-31T12:37:13.467-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pensamientos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantasía Austral'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Apostillas y glosas exclusivas sobre "Historia de una Historia"</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la entrada anterior mencioné que siempre hay un inicio doble para una historia. Me refería entonces a las anécdotas de la vida cotidiana, a propósito del lanzamiento de &lt;a href="http://www.fantasiaustral.cl/p/antologia.html"&gt;&lt;i&gt;Cuentos Chilenos de Fantasía&lt;/i&gt;&lt;/a&gt; y de todo el proceso de edición junto a &lt;a href="http://www.fantasiaustral.cl/"&gt;&lt;i&gt;Fantasía Austral&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;. Ahora cabría preguntarse si es posible extender eso a las historias literarias; en otras palabras, si existiría una historia oculta bajo aquella que leemos tranquilamente en un libro o en nuestra pantalla. La respuesta, por supuesto, es afirmativa.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta es la historia de cómo surgió originalmente el cuento "Historia de una Historia", un relato de carácter metaliterario y metafantástico que terminó antologado en &lt;i&gt;Cuentos Chilenos de Fantasía&lt;/i&gt;. Seguramente la lectura de esta experiencia no será tan llamativa como leer el cuento mismo, pero a todos nos gustan las historias, sean de la naturaleza que sean, y ésta guarda más de una sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Este cuento nació en una de las salas del subterráneo de la facultad Rubén Castro, en la PUCV (Valparaíso, Chile), alrededor de 2008. A diferencia de mi procedimiento habitual de escritura, y dado el contexto en que me encontraba, comencé a escribirlo a mano, en un cuaderno tan ordinario como los que siempre usé en mi período de estudiante (pobre). El inicio no difiere demasiado de la versión definitiva; siempre tuve claro que me basaría en el patrón de los cuentos de hadas, aunque en esos días mi atracción por ellos no estaba tan desarrollada como ahora. Eran aún mis años de exilio.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había avanzado unos pocos párrafos cuando le mostré el texto en bruto a una persona que, afortunadamente, fue erradicada de mi vida. En esos tiempos me importaba mucho su juicio literario, porque entonces no estaba en condiciones de comprender que lo tenía más bien escaso y que en realidad no necesitaba de la aprobación de nadie para escribir. Su desinterés absoluto por el texto me desanimó y arranqué la hoja del cuaderno, arrugándola para echarla a la basura. Pero esa tarde recapacité y, aun cuando no logré dar con las conclusiones que ahora confieso, algo me hizo desistir de mi propósito original y rescaté la hoja de su destino.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Pasé el texto a Word y lo continué en secreto. No recuerdo la extensión exacta de esa primera versión, pero sí que debía ser aproximadamente el doble de larga que la versión definitiva.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En mis tiempos de exilio de la Fantasía pasé por experiencias muy desagradables. Una de ellas fue emparejarme con una persona completamente anodina en aspectos literarios y en otros tanto o más importantes. Terminé enviándole una copia de la primera versión del cuento sin muchas esperanzas. No obtuve lecturas, naturalmente, pero a cambio me envió una ilustración de tonos pasteles que recogía el inicio del cuento y el epígrafe original, que consistían en los versos iniciales de &lt;i&gt;Sonatina&lt;/i&gt;, de Rubén Darío. Esto, por cierto, fue suprimido en la versión definitiva por tratarse de un elemento irrelevante. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo sorprendente es que el texto venía acompañado por un dibujo de estilo infantil MUY libre de Lyn, la princesa protagonista.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era un dibujo precioso, pero definitivamente esa niña no era Lyn. Cosas que pasan cuando la gente no sabe leer literatura.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La imagen permaneció en mi PC por un buen tiempo, hasta que las circunstancias me hicieron pensar que no valía la pena conservar ilustraciones de alguien que ya no formaba parte de mi vida y fueron suprimidas. Intenté revisar algunos CDs de respaldo, pero no tuve éxito: no son leíbles ahora. Hubiera sido una buena anécdota haber adjuntado aquí esa ilustración, pero a cambio puedo ofrecer otra premisa, algo que casi no me gusta hacer: exhibir una versión temprana de un texto ya concluido.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A continuación presento los párrafos iniciales del cuento, primero tal y como figuran en &lt;i&gt;Cuentos Chilenos de Fantasía&lt;/i&gt; y luego en su versión temprana, para luego compartir algunas glosas que justifican literariamente los cambios. Tengo entendido que es algo que no se suele hacer mucho de manera pública, pero considero que será interesante exhibir por una vez mi mesa de herramientas y demostrar indirectamente que en el oficio literario toda opción tiene valor estético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a) &lt;u&gt;Versión definitiva &lt;/u&gt;(2012)&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;blockquote class="tr_bq"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Había una vez, cuando el mundo no era sino grupitos de reinos colindantes, una jovencita de quince años. Era una princesa de un reino muy bonito cuyo nombre la historia había olvidado registrar. Para evitar confusiones, llamémosle el reino de Lyncriam. A ella, por añadidura, llamémosla simplemente Lyn.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;A las jóvenes de la realeza de Lyncriam se les enseñaba mucho de etiqueta, debiendo permanecer horas ejercitándose bajo el alero de una institutriz, sin poder compartir con muchachos de su edad. De hecho, únicamente se veían en las fiestas de las familias nobles, y entonces sus interacciones eran sólo la prueba al final de un largo y tedioso proceso».&lt;/blockquote&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;b) &lt;u&gt;Versión temprana&lt;/u&gt; (2008)&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;blockquote class="tr_bq"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Había una vez, cuando el mundo no era mundo sino grupitos de reinos colindantes, una jovencita de 15 años. Por entonces, existían castillos y caballos en lugar de mansiones y limosinas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por supuesto, han existido jovencitas de 15 años en todos los tiempos y lugares. Aun en este momento y en el lugar donde estés leyendo esto debe haber al menos una, probablemente chismorreando animadamente o leyendo una novela con la ensoñación que sólo una jovencita de 15 años puede sentir y expresar. &lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote class="tr_bq"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nuestra jovencita, la de los reinos colindantes, estaba más cercana a la lectura que al chismorreo. Y es que ella era una princesa, la princesa de un reino muy bonito que por desgracia la historia olvidó registrar. Para evitar confusiones, llamémoslo el reino de Lynciam, y a ella, por añadidura, llamémosla simplemente Lyn».&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El principal cambio de estilo de una versión respecto a la otra es el tono de la narración. La versión temprana era mucho más lúdica y enfocada a un lector infantil, con mi habitual e irónica crítica sociocultural a las personas consagradas a las modas, la vacuidad y el plástico y mi apología a los marginados por ser diferentes. Este planteamiento se mantendrían en la versión definitiva, pero abandonando gran parte de estos guiños innecesarios y reemplazándolos por una firmeza mayor en el estilo. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En otras palabras, más que dedicarme a denunciar la estupidez del mundo que rodeaba a la protagonista, dejé que fuera su propio imaginario el que llevara adelante la historia. Esto se aprecia fácilmente en la estructura narrativa de los párrafos. En la versión temprana, el tema [1] es aquello que hace distinta a Lyn del resto de las jovencitas de su edad. El rema [2], en cambio, es la presentación misma del personaje con su nombre.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la versión definitiva es justamente lo contrario. Aquí, el tema es la presentación de Lyn y el rema la situación contextual en la que se ve inmersa. Me parece que esta estructura sirve mucho mejor al desarrollo de la historia, que precisamente plantea cómo la fortaleza y meta-creencia secundaria [3] de la protagonista se oponen a las imposiciones sociales y de género de su mundo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otro de los cambios más importantes se relaciona con el desenlace del relato. La versión temprana era mucho más metafantástica que metaliteraria, terminando en el momento climático en que Lyn se encuentra en el Umbal [4]. Pero la verdadera esencia meta— sólo se encuentra presente en la versión definitiva, en los tres párrafos finales. La marca es clarísima: “Podríamos decir que este es el final de la historia” (122); efectivamente, se trata de un guiño a mí misma, porque justo en ese episodio el relato original finalizaba. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No estoy muy segura ahora de lo que motivó el juego metaliterario del desenlace, pero creo que sentí que tanto Lyn como yo nos lo merecíamos. A fin de cuentas, aunque desde nuestros sendos mundos, ambas compartimos el mismo Destino. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-S0E_yWasyGQ/TygHkz2WbZI/AAAAAAAAAdw/QbIcFCRr94w/s1600/Magic_Gateway_by_jerry8448.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="266" src="http://2.bp.blogspot.com/-S0E_yWasyGQ/TygHkz2WbZI/AAAAAAAAAdw/QbIcFCRr94w/s400/Magic_Gateway_by_jerry8448.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;© &lt;i&gt;Magic Gateway&lt;/i&gt;, &lt;a href="http://jerry8448.deviantart.com/art/Magic-Gateway-121208993?q=boost%3Apopular%20magic%20gateway&amp;amp;qo=0"&gt;Jeremiah Morelli&lt;/a&gt;. Imagen empleada en el extracto de promoción del cuento.&lt;/td&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt; &lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Notas&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;[1] El tema es un concepto lingüístico que designa lo ya conocido en una oración, pero aquí lo usaré de manera arbitraria para referirme a aquello que, al situarse en primer lugar en una construcción sintáctica, adquirirá mayor relevancia.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;[2] El rema es un concepto lingüístico que designa lo desconocido en una oración y que brotará a modo de cadena sintáctica para formar un tejido textual coherente. También lo tomaré de manera arbitraria, entendiéndolo aquí como lo que se desprendería a continuación el tema y que cobrará menor relevancia.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;[3] Concepto acuñado por Tolkien en su ensayo &lt;i&gt;Sobre los Cuentos de Hadas&lt;/i&gt; para referirse el nivel de compromiso y creencia del lector hacia el Mundo Secundario en una obra de Fantasía. Es la verosimilitud literaria aplicada al género fantástico. El prefijo meta— que le añado aquí se explica porque quien manifiesta esta creencia por la Fantasía es nada menos que la propia protagonista del cuento, la misma Lyn.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;[4] Me referiré en estos términos al clímax para no entrar a revelar spoilers del cuento.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-5712596366380848173?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/5712596366380848173/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2012/01/apostillas-y-glosas-exclusivas-sobre.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/5712596366380848173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/5712596366380848173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2012/01/apostillas-y-glosas-exclusivas-sobre.html' title='Apostillas y glosas exclusivas sobre &quot;Historia de una Historia&quot;'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-S0E_yWasyGQ/TygHkz2WbZI/AAAAAAAAAdw/QbIcFCRr94w/s72-c/Magic_Gateway_by_jerry8448.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-1023173815762646067</id><published>2012-01-27T11:47:00.001-03:00</published><updated>2012-01-27T11:53:48.893-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resonador Literario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantasía Austral'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Publicación Cuentos Chilenos de Fantasía, por Fantasía Austral</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-xtyXXbXGRHk/TyK6GpofT8I/AAAAAAAAAdo/PL-jT6k3Xj4/s1600/CCdF+-+Fantas%C3%ADa+Austral.png" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="235" src="http://4.bp.blogspot.com/-xtyXXbXGRHk/TyK6GpofT8I/AAAAAAAAAdo/PL-jT6k3Xj4/s320/CCdF+-+Fantas%C3%ADa+Austral.png" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;Portada y contraportada de &lt;i&gt;Cuentos Chilenos de Fantasía&lt;/i&gt;.&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como toda historia que vale la pena contar, ésta tiene un inicio doble. El más conocido es aquel en que una mujer exiliada de la Fantasía por distintos motivos encontró una iniciativa que la devolvió a la patria de su juventud. El otro forma parte de esas experiencias que están reservadas a los verdaderos compañeros de letras, porque sólo ellos podrán comprenderlas en toda su magnitud.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como sea, ya ha pasado poco más de un año y &lt;a href="http://www.fantasiaustral.cl/"&gt;&lt;i&gt;Fantasía Austral&lt;/i&gt;&lt;/a&gt; —el colectivo literario de Fantasía chilena en donde ejerzo de crítica literaria y Editora General— no ha parado de crecer, hasta el punto de tener ya a su haber diversas participaciones en eventos del área. Aunque aún resta muchísimo camino por delante al momento de establecer la literatura fantástica como un género que no despierte prejuicios de calidad literaria ni confusiones con otros géneros afines, se ha cumplido al fin con una de nuestras primeras metas: la publicación gratuita de nuestra compilación &lt;i&gt;Cuentos Chilenos de Fantasía&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Este proyecto surgió hace ya una buena cantidad de meses, pero fue retrasándose inevitablemente debido a nuestras ansias de perfección. Como colectivo, estábamos hartos de los trabajos hechos a la rápida y optamos desde un primer momento en estar dispuestos a desembolsar de nuestros propios bolsillos si era posible, todo con tal de contratar a los mejores profesionales en su área. Así, contamos con el aporte del ilustrador David Marín (a.ka. &lt;a href="http://louten.deviantart.com/"&gt;Louten&lt;/a&gt;) para la imagen de portada y del diseño de logo corporativo y de la maquetación, ambos trabajos llevados a cabo por dos diseñadoras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paralelamente, concentramos todas nuestras fuerzas como correctores de estilo a fin de eliminar todo tipo de erratas de los cuentos. El proceso de confección de &lt;i&gt;Cuentos Chilenos de Fantasía&lt;/i&gt;, de este modo, no estuvo exento de frustraciones y dilaciones, que nos hicieron pagar con creces el noviciado.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora, sin embargo, ha llegado la hora de leer, compartir, comentar y celebrar. Son diez cuentos de&amp;nbsp; jóvenes autores chilenos, cada uno representando una visión propia de la Fantasía como no se ha visto antes en una publicación de nuestro país, tan malacostumbrado a confundir la literatura fantástica con la Ciencia Ficción. Recomendado por Marcelo Novoa (editor de Puerto de Escape) y Alberto Rojas (periodista, crítico literario de El Mercurio y autor de Leyendas de Kaloomar), y prologado por José Luis Flores (El Mago del Desierto, 2011) y el director de &lt;i&gt;Fantasía Austral&lt;/i&gt;, Emilio Araya (Schmetterlinge, 2010), se demuestra que el libro ha recibido el apoyo de nuestros mayores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No queda sino acompañar la travesía del propio Emilio Araya, de José Manuel Lagos, Manuel Lobos, Javier Maldonado, Samir Muñoz, Felipe Real y de quien les escribe ahora... porque mi cuento &lt;i&gt;Historia de una Historia&lt;/i&gt; es el que cierra el volumen. En una futura entrada me dedicaré a entregar algunas apostillas de este relato, datos curiosos que sin duda vale la pena dar a conocer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;CÓMO LEER &lt;i&gt;CUENTOS CHILENOS DE FANTASÍA&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para acceder a los &lt;i&gt;Cuentos&lt;/i&gt;, sólo basta con acceder al &lt;a href="http://www.fantasiaustral.cl/p/antologia.html"&gt;siguiente enlace&lt;/a&gt;. Allí se encontrará un botón que habilitará la descarga tras elegir entre dos opciones: pagar simbólicamente con un tweet o con un enlace a la cuenta personal de Facebook. Esto tiene por único fin difundir nuestro proyecto autogestionado y gratuito. En caso de que alguien no tenga cuenta en ninguna de estas redes sociales, se puede descargar directamente desde el sitio Goodreads, &lt;a href="http://www.goodreads.com/book/show/13423361-cuentos-chilenos-de-fantas-a"&gt;aquí&lt;/a&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por último, sólo queda instar a los eventuales lectores que compartan su experiencia de lectura de esta compilación y nos hagan saber &lt;a href="http://www.fantasiaustral.cl/p/antologia.html"&gt;en el mismo portal de descarga&lt;/a&gt; su opinión sobre los cuentos allí reunidos. Toda retroalimentación es bien recibida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos vemos en Faerie, y recuerden (parafraseo): "¿Dices que estos mundos no existen? Pues son lo único que importa".&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-1023173815762646067?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/1023173815762646067/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2012/01/publicacion-cuentos-chilenos-de.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1023173815762646067'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1023173815762646067'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2012/01/publicacion-cuentos-chilenos-de.html' title='Publicación &lt;i&gt;Cuentos Chilenos de Fantasía&lt;/i&gt;, por Fantasía Austral'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-xtyXXbXGRHk/TyK6GpofT8I/AAAAAAAAAdo/PL-jT6k3Xj4/s72-c/CCdF+-+Fantas%C3%ADa+Austral.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-5987454670583063809</id><published>2012-01-18T11:44:00.000-03:00</published><updated>2012-01-18T11:44:45.901-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>La niña que iluminó la noche, de Ray Bradbury</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-rSQM8h7RMl4/TxbZ31SDSqI/AAAAAAAAAco/oERXeR7GHHY/s1600/bradbury.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-rSQM8h7RMl4/TxbZ31SDSqI/AAAAAAAAAco/oERXeR7GHHY/s320/bradbury.jpg" width="232" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;(Bradbury, ese Fantasista oculto bajo las formas de la CF, fue el autor de muchísimas obras, algunas muy poco conocidas en relación con sus clásicos. Una de estos trabajos poco difundidos es este breve cuento infantil&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;originalmente titulado &lt;/i&gt;Switch On the Night. &lt;i&gt;Di con el cuento en un blog de wordpress&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;pero con un formato de edición tan lamentable que se volvía muy incómodo&lt;/i&gt; &lt;i&gt;leerlo, de modo que lo arreglé aquí)&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había una vez un muchachito que no le gustaba la noche. Le gustaban las linternas y los faroles, las lámparas y los farolitos, las velas y los velones, los fuegos artificiales y los fuegos de leña.&amp;nbsp; Pero no le gustaba la noche. No le gustaban las llaves de apagaban las lámparas amarillas, las lámparas verdes, las lámparas blancas, las luces de la entrada, las luces de las habitaciones y nunca jamás apagaba una luz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No le gustaba salir a jugar en la oscuridad y se sentía triste de no poder jugar con los otros niños que corrían por el campo en las noches de verano. Por la noche se escondía en su habitación, con sus linternas y sus lámparas, con sus velas y faroles. Totalmente solo. Él no quería más que el sol. A él no le gustaba la noche. Cuando a la noche su padre y su madre recorrían la casa apagando todas las lámparas una a una…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las lámpara de la entrada. Las lámparas de la escalinata. Las lámparas de los pasillos. Las lámparas de las habitaciones. Las lámparas de la cocina. Las lámparas del baño...&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El muchachito se escondía en su cama y muy entrada la noche, sólo en su habitación había luz… Una noche en que su padre estaba de viaje y su madre dormía, el muchachito recorrió la casa y prendió todas las lámparas. Las lámpara de la entrada. Las lámparas de la escalinata. Las lámparas de los pasillos. Las lámparas de las habitaciones. Las lámparas de la cocina. Las lámparas del baño. ¡Parecía que la casa se quemaba de tanta luz!…&amp;nbsp; Pero el muchachito todavía estaba solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allá lejos, en el campo otros niños corrían, jugaban y reían sobre la pradera en la noche de verano. ¡De pronto, oyó golpear en la ventana! Había una sombra detrás. Oyó llamar a la puerta. Había una sombra detrás.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Buen día… —oyó que una niña le decía en medio de las luces brillantes, de las luces rojas, de las luces rosadas, de las luces multicolores—. Me llamo Negra —dijo la niña toda vestida de negro pero con la cara muy blanca—, pero tú estás muy solo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Yo quería correr afuera con los otros niños —dijo el muchachito— pero no me gusta la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;—Yo te presentaré a la noche y serán amigos —dijo la niña y pagó la luz agregando:—. Ves, cuando apago la lámpara, se enciende la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Nunca lo había pensado —dijo el muchachito.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Y cuando uno enciende la noche, nazco yo, Negra, y uno alumbra las chicharras.. Y los grillos. Y las estrellas. Y las ranas. El cielo es como una casa con sus luces blancas, con sus luces rojas, amarillas, verdes, azules y fuegos artificiales. Y con las luces apagadas y la noche encendida podemos oír los grillos, las chicharras y las ranas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y con todas las luces apagadas hicieron vivir la noche en toda la casa, como una rana, como una chicharra, como un grillo, como una estrella, como una luna.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Cómo me gusta esto —dijo el muchachito, sintiéndose muy feliz .&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tiró sus faroles, sus linternas, sus velas y sus antorchas. Pudo disfrutar de las luna, las estrellas, las ranas y los grillos y corrió por el campo, con los otros niños, en la oscuridad o bajo la luz de la luna y las estrellas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-6h38SldicmU/TxbaASoHJnI/AAAAAAAAAcw/sAdSfoNVFqQ/s1600/bradbury2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/-6h38SldicmU/TxbaASoHJnI/AAAAAAAAAcw/sAdSfoNVFqQ/s1600/bradbury2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-5987454670583063809?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/5987454670583063809/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2012/01/la-nina-que-ilumino-la-noche-de-ray.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/5987454670583063809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/5987454670583063809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2012/01/la-nina-que-ilumino-la-noche-de-ray.html' title='La niña que iluminó la noche, de Ray Bradbury'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-rSQM8h7RMl4/TxbZ31SDSqI/AAAAAAAAAco/oERXeR7GHHY/s72-c/bradbury.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-3549855759233273845</id><published>2012-01-03T14:01:00.002-03:00</published><updated>2012-01-03T14:10:59.745-03:00</updated><title type='text'>Anaïs IV</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me topé con Claudia por extraña casualidad en una de mis idas a Valparaíso por asuntos de titulación. Fue ella la que me reconoció, porque en realidad mi rostro no cambia mucho a lo largo de los años. Ella sí había cambiado bastante. Se veía más cansada, con ese semblante propio de personas que han pasado por situaciones terribles. Pero sus ojos, paradójicamente, parecían más inocentes y luminosos que antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me llamó la atención que quisiera hablar conmigo. Mal que mal, nuestras charlas habían estado siempre mediadas por Anaïs y no había mucho de lo que pudiéramos hablar. Ahora, sin embargo, compartíamos el recuerdo de alguien que ya no estaba en ningún rincón posible. ¿Pero valía la pena hablar de eso ahora, después de tanto tiempo? ¿Y había sido tanto tiempo después de todo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la luz de lo que hablamos, sí. Ambas habíamos hecho muchas después de lo que pasó entonces. Tropezones más, tropezones menos, seguíamos creando "nuestro lugar en el mundo", como se le dice cursimente. Ella había tocado fondo más de una vez. Yo también, pero desde otra mirada. Y lo seguíamos haciendo, por supuesto. Pero Anaïs ya no era nuestra sombra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Claudia me preguntó por mi escritura. Así tal cual: "tu escritura". Lo que la gente suele preguntar es "¿sigues escribiendo?", como si uno fuera tan grande como Rimbaud para poder dejarlo. Le respondí vaguedades hasta que me atajó y me dijo que no tenía por qué reaccionar así con ella. "¿A qué le tienes miedo?", me dijo. Me acordé del sueño que había tenido con Anaïs, cuando me había dicho que yo no tenía que dejar de hacer algo por miedo. Me acordé también de la foto esa en donde salía un encapuchado tirando algo y de fondo una pared que decía "¿Qué harías si no tuvieras miedo?".&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Claudia me dijo que ella le tenía miedo a todo, pero que creía que eso estaba bien. No importaba tener miedo: importaba enfrentarse a las cosas a pesar del miedo. De alguna forma, supe que ella también tenía miedo en ese momento, hablando conmigo, tanto como yo. Se acordaba de las escenitas de Anaïs cuando no estaba en sus cabales, seguramente. Un miedo trocado en vergüenza. Anaïs ya no estaba porque había sucumbido ante lo más oscuro. Yo seguía aquí. A pesar del miedo. Hierba mala nunca muere, dicen.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le conté entonces a qué le tenía yo miedo. Aprovechando que era casi una desconocida, le conté las cosas que suelo evitar contar.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No pude evitar acordarme también de la forma en la que la gente la miraba a ella antes. Claudia era poco menos que una escoria ante el resto. A mí siempre me pareció una mujer muy lúcida y consecuente en lo suyo. Una vez brindamos juntas porque sabíamos que nos íbamos a ir al infierno cuando muriéramos. Estaba tan borracha que ni siquiera tenía en mente que era atea y no creía en nada después de la muerte... o en nada de la propia vida. Salvo, quizá, el miedo. Pero el miedo estaba bien, según ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos al tema de la escritura. Ella recordó cuando habíamos hablado una vez sobre el tema del arte, con Anaïs presente. Claudia pensaba que sólo los monstruos podían hacer arte. Yo creía que el arte era lo único que podía salvar a los monstruos. Me preguntó entonces si yo seguía creyendo lo mismo. No supe qué contestarle en ese momento. Finalmente, se atrevió a hacer las preguntas más importantes. Ella siempre se había preguntado por qué, si ella era un monstruo, no podía hacer arte. Y si yo, siendo un monstruo también (distinto, claro) que sí podía hacer arte (o que lo intentaba al menos), había logrado salvarme. Tampoco pude contestarle esas dos dudas. ¿Qué considero yo como salvación, al fin y al cabo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La conversación se fue extendiendo en ese tipo de cosas extrañas, hasta llegar a zonas más iluminadas. Claudia me habló de su proyecto autogestionado y marginal de "Filosofía para niños", una serie de talleres destinados a formentar el pensamiento crítico en los más chicos. Yo le hablé de mi pasión por Michael Ende y cómo leerlo me hacía sorprendentemente bien, de FA, de mis obras y de los discos que me estaban haciendo actualmente feliz. Me (y le) pregunté de pronto por qué estábamos tan empecinadas en mostrar siempre lo peor de nosotras, cuando había tanta luz en nuestros ojos. ¿Sería el miedo también?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"¡Porque somos unos monstruos!", gritó entonces. Y se echó a reír. La palabra "monstruo", que tanto daño nos había hecho siempre a las tres, pareció súbitamente tan ridícula e inofensiva. Como un monstruo de peluche. Me pareció la respuesta más sabia que habría podido oírle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El último tema que discutimos fue el de la Fantasía y la creación. Claudia me dijo después que no estaba segura si me había visto como sicópata o como profeta cuando hablé del asunto. Probablemente como ambas; no hay mucha diferencia. Yo le dije algo así como que estaba convencida de que todo era una historia, de que todo tenía su dimensión de realidad, que podía o no coincidir con lo que usualmente entendemos por tal. Fue un arranque del momento, pero me gustó la convicción irracional con la que se lo dije. Creo que a ella también.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Antes de despedirnos, y para conmemorar el encuentro, Claudia me entregó una bolita y una tarea. "Escribe el mundo que es esta bolita".&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y poco después se fue.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Claudia, como siempre, cagándole la vida a las personas, como solían decir de ella. Pero yo me sentí -me siento- feliz. Todo es una historia, todo es real si me lo creo como una loca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribir el mundo que es esta bolita. A nadie le han encargado desafío más difícil... o más puro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-3549855759233273845?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/3549855759233273845/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2012/01/anais-iv.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3549855759233273845'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3549855759233273845'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2012/01/anais-iv.html' title='Anaïs IV'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-5206950037404084382</id><published>2011-12-31T11:31:00.000-03:00</published><updated>2011-12-31T11:31:37.888-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Alejandra y el mar</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-bW0p-SeQVaY/Tv8bhUoDFQI/AAAAAAAAAcg/pUk7b5kuZsY/s1600/Staring_Out_To_Sea_Painted_by_riku_cloudloverI3.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://3.bp.blogspot.com/-bW0p-SeQVaY/Tv8bhUoDFQI/AAAAAAAAAcg/pUk7b5kuZsY/s200/Staring_Out_To_Sea_Painted_by_riku_cloudloverI3.jpg" width="145" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;©&lt;a href="http://riku-cloudloveri3.deviantart.com/art/Staring-Out-To-Sea-Painted-106915876?q=boost%3Apopular%20woman%20staring%20at%20the%20sea&amp;amp;qo=47"&gt;riku-cloudloverI3&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;Era tarde ya cuando me decidí a bajar a la playa. Las nubes, plomizas por el agua retenida, amenazaban reventarse en cualquier momento. A pesar de eso, o quizá por lo mismo, por entre sus esponjosas venas se traslucía una luz altiva que hería los ojos. Un típico día lluvioso de otoño, con la salvedad de que no era típico por estar anormalmente luminoso, y porque en realidad ni siquiera había llovido. De hecho, creo que aún no era otoño. A lo mejor era un típico día lluvioso de otoño en mi espíritu, que nunca había sido muy coherente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanta luminosidad me asustaba. Hacía que la palidez opaca de mi piel comenzara a destellar, y que, por contraste, el azul lánguido de mis ojos se me despertara en la mirada. No quería ni pensar en el aspecto del mar; cuando sentí al fin el latido de sus olas estuve a punto de echarme a correr. Pero no lo hice. Forcé a mis pasos a ir a su encuentro, y su visión y me hizo sonreír: el mar parecía tan asustado de su transformación como yo. No había nada que temer, estábamos solos, contemplándonos el uno al otro sin entender nada, pero con la mejor disposición, el mejor ánimo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me descalcé. Mi falda era larga, pero no me importaba empaparla. Mis pies se estremecieron ante el contacto rústico con la arena tibia. Había algo perturbadoramente agradable en ir avanzando por una senda tan blanda y áspera como esa, trastabillando al intentar impulsarme hacia delante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alegre por mi osadía, el mar me envió una ola tan alegre que me mojé hasta las rodillas antes de que pudiese evitarlo. Curiosamente, el frío me hizo reaccionar y me quedé así un rato, yendo y viniendo hacia la espuma, jugando a perseguirnos con el mar. Podría haber permanecido de esa forma por horas, pero las piernas se me congelaron y tuve que hacer una pausa. Fue entonces cuando lo vi.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era un perrito que parecía estar jugando en las olas igual que yo. Se había vuelto una bola de pelos húmeda que dejaba a su paso huellas oscuras en la arena. Me sentí un poco ridícula en ese momento: ¡no ser libre como ese perro y bañarme en el mar con todo mi cuerpo y mi espíritu! No tener que retroceder porque la piel se me sonrosara de frío, o porque mis emociones se me resfriaran.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Iba a tenderme con mi fracaso en la arena cuando la vi a ella. Jugaba descaradamente con el perro, como si lo hubiese criado de cachorro y la espuma refrescara su intimidad. A su modo, parecía tan empapada como él: su pelo castaño estaba oscurísimo por la humedad, y sus holgadas ropas le chorreaban encima. Hacía algún tiempo que no la veía así de feliz, loca, libre, solitaria. Como de verdad era ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se demoró en descubrir que yo la observaba como la había observado años atrás. Cuando lo hizo, trocó su ánimo festivo por una expresión más serena, y me saludó con una sonrisa casi tímida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Hola.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Hola –le respondí yo, algo confundida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue casualidad que nos encontráramos allí, así. No lo buscamos; ni siquiera lo habríamos deseado. Eran nuestras sendas soledades las que se habían topado. Si hubiéramos sido otras personas, habríamos buscado una excusa para apartarnos, pero éramos nosotras, que nos conocíamos tanto. No había nada que temer, estábamos solas, contemplándonos la una a la otra, sin entender nada, pero con la mejor disposición de ánimo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos bañamos juntas. A veces nuestros cuerpos se tocaban azarosamente, pero no nos dábamos cuenta. Sólo dejábamos exclamar algún suspiro ante la frialdad súbita de alguna ola reventada. No nos volvimos a hablar hasta que, completamente extenuadas y ateridas, nos tendimos de espaldas en la arena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Qué bueno que te hayas atrevido a venir –me dijo Alejandra–. Las olas te remecen las cosas ahí adentro y ya nada es lo que parece.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entendí perfectamente a lo que se refería. Una sombra de pesar me oscureció el rostro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Pero aún estoy confundida. No entiendo nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Pues no entiendas nada; no hay nada que entender. Por qué existimos, por qué soñamos, por qué hay tanta luz ahora, por qué este perro nos está cuidando, por qué nos encontramos aquí. ¿Qué importa entender todo eso?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La miré con tristeza. Ella sonrió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Por lo menos no entiendes nada de lo que te estoy hablando. Es un buen comienzo, Alejandra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No sé –repliqué desconcertada. Me gustaba cuando me llamaba por mi nombre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Por qué viniste? –insistió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No sé. Sólo quise hacerlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Eso me gusta –me confesó con delicadeza. No pude soportarlo más y le tomé una mano. Me reconfortó sentir sus dedos fríos acariciándomela. Pensé que iba a rechazarme; estaba hecha un caos entonces.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Quiero oír mi voz de vuelta –le dije muy seria, convencida de que esas eran las palabras adecuadas. Alejandra me conocía y amaba lo suficiente como para saber que no estaba desvariando.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Pregúntale al mar –respondió–. Lleva una eternidad aquí, ha visto y oído muchas cosas. Lo tiene todo y no tiene nada. Él puede reflejar tu voz si le preguntas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Tú le has preguntado?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Sí, muchas veces –dijo ensimismada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Y te ha respondido alguna vez?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No –y se echó a reír–. Cuando llevas un tiempo en esto, comprendes que las respuestas ya no importan. A lo mejor las preguntas tampoco, no sé, hace mucho que no le pregunto nada. Pero tú podrías intentarlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–… Lo haré.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alejandra se mostró feliz ante mi decisión. Me dediqué a mirarla bien. Sus ojos sin lentes estaban enrojecidos por la luz, debían escocerle. Se había quemado hasta los labios. Toda su piel estaba heladísima; no me había percatado que de cuando en cuando le venían escalofríos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Ándate a la casa –le dijo un poco alarmada–. Date una ducha tibia, sécate bien y acuéstate. Mírate como estás.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alejandra parecía divertida ante mi preocupación, pero también agradecida. Por ella, se quedaría dormida ahí mismo, sin importarle que la crecida de la marea se la tragara. Y ya no era por inmadurez o auodestrucción: era por libertad, locura, felicidad. Pero ya no estaba sola. Ella lo sabía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Me haré también un chocolate.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Déjame un poco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alejandra titubeó un momento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Te lo dejo listo o te lo dejo encima… para que te lo hagas tú misma… cuando llegues?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando llegue. ¿Llegaría alguna vez? Ese era su temor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Volveré pronto –afirmé–. Pero me lo haré yo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Te espero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Pero en la cama. Bien tapada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alejandra volvió a sonreír– Bueno. Adiós.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y volvió a titubear. Yo creo que aún en su corazón tenía miedo de dejarme ahí sola. Pero se repuso: su beso fue sereno y suave.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Échate algo en los labios también.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alejandra le hizo una seña al perro y ambos se marcharon. El animal me miró confundido, pero no sabía cómo hacerle entender que todo estaba bien.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando estuve al fin sola, me volví al mar. Y le pregunté. Y oí la respuesta de sus olas. Oí el sonido de mi voz de vuelta, esa respuesta que no lo era y que jamás pretendió serlo. No entendí nada. Pero lo entendí todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Llegué en la noche a la casa. Todo estaba oscuro. Me di una ducha rápida y entré a la pieza silenciosa. Me desnudé por completo y me metí a la cama con toda la discreción que pude.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Se te olvidó el chocolate –susurró Alejandra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenía razón. Le dije que ya no importaba. Su cuerpo se sentía tibio bajo el pijama; me había hecho caso en todo. Tímidamente me tendió los brazos y me cobijé en ellos. Sólo entonces pude llorar. Pero ambas sabíamos que eran lágrimas de gratitud.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;19/12/2009 &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-5206950037404084382?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/5206950037404084382/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/alejandra-y-el-mar.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/5206950037404084382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/5206950037404084382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/alejandra-y-el-mar.html' title='Alejandra y el mar'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-bW0p-SeQVaY/Tv8bhUoDFQI/AAAAAAAAAcg/pUk7b5kuZsY/s72-c/Staring_Out_To_Sea_Painted_by_riku_cloudloverI3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-6959693973320892094</id><published>2011-12-28T17:40:00.000-03:00</published><updated>2011-12-28T17:40:38.710-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><title type='text'>La navidad de Sandra - II Parte y final</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;(Texto experimentaloide, sin ninguna pretensión estética)&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;(El suelo estaba lleno de papeles de regalo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;—¿… Y es de oro? =O&lt;br /&gt;Mamá — No, niña… XP Es un caldero de adorno…&lt;br /&gt;Sandra —…Orietta es una mierda :/ … ¿Para qué quiero un caldero de oro que no es de oro?&lt;br /&gt;Alicia — ¡Para atrapar el arco iris! :3&lt;br /&gt;Sandra — (*0*)&lt;br /&gt;Alejandra L. —Alicia sonrió… :)&lt;br /&gt;Alicia —&amp;nbsp; … u_u&lt;br /&gt;Alejandra S. —¡Para qué lo dijiste! Ahora se reprimió…¬_¬&lt;br /&gt;Alicia — ¡No estoy reprimida…! *&lt;br /&gt;Val — El arco iris fleto @.@&lt;br /&gt;Alejandra L. — =S&lt;br /&gt;Alejandra S. — ¡A mucha honra! *v*&lt;br /&gt;J. Reinhardt — Cambiando de tema… Sandra, no puedo creer que no te hayas acordado que mi concierto lo iban a transmitir justamente para Nochebuena, y por cable… º_º&lt;br /&gt;Sandra — … Perdón… :$&lt;br /&gt;Soledad — ¡Y Johan te lo dedicó con palabras tan lindas…! *w*&lt;br /&gt;Consuelo — Mamá, Sandra se está poniendo roja… ^^&lt;br /&gt;Sandra — Ay, no, Consu… Es que tengo calor… :$&lt;br /&gt;Alicia — … D:&lt;br /&gt;Sandra — … u.u&lt;br /&gt;Alejandra L. — Seguramente en Irlanda no hará tanto :D&lt;br /&gt;Sandra — ¿Irlanda?&lt;br /&gt;Mamá — Sandra, Orietta te invita ahora a pasar las vacaciones con ella… n.n&lt;br /&gt;Sandra – ¡Orietta es una mierda! ¡No pienso ir! ¬,¬&lt;br /&gt;Val — Entonces te vienes con nosotros. Vamos a tocar a Argentina. *.*&lt;br /&gt;Sandra — Uf, mucho mejor panorama para mí. :P&lt;br /&gt;Alicia — :)&lt;br /&gt;Sandra — … ¡! … :)&lt;br /&gt;Alejandra S. — 1313&lt;br /&gt;Sandra — ¡Ay, tonta! u//u&lt;br /&gt;Alejandra L. — ;)&lt;br /&gt;Roque — Aprovecha de mostrarle tu casa ^.^&lt;br /&gt;Alicia — Si ella quiere… -.-&lt;br /&gt;Sandra — ¡¡Sí quiero!! :O&lt;br /&gt;Val — Vamos, poh… Si tenemos suerte, pasaremos al 14 de febrero… Je, je, jé… 1313&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Sandra partió a Argentina con el grupo. Su vida siguió su alocado cauce natural de siempre, con la única diferencia que ahora, cada vez que pasa a ver a su madre, se detiene ante el adorno del &lt;i&gt;Caldero de Oro Que No Es De Oro&lt;/i&gt;… y le saca la lengua. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah, y bueno, que el &lt;i&gt;Silent Hill &lt;/i&gt;del DDR del Samoa por fin ostenta un record de &lt;i&gt;AAA &lt;/i&gt;a nombre de una tal &lt;i&gt;SNDRA&lt;/i&gt;…&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-6959693973320892094?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/6959693973320892094/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/la-navidad-de-sandra-ii-parte-y-final.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6959693973320892094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6959693973320892094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/la-navidad-de-sandra-ii-parte-y-final.html' title='La navidad de Sandra - II Parte y final'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-5340372181035554034</id><published>2011-12-24T12:07:00.003-03:00</published><updated>2011-12-24T12:15:47.966-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><title type='text'>La navidad de Sandra - I Parte</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;(Originalmente pensado para la navidad del 2010, pero se me olvidó subirlo)&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra se sentó a tomarse la botella de agua mineral sin gas que acababa de comprar; el calor de la canícula era espantoso. Sentía cómo la piel de sus hombros desnudos parecía replegarse asustada ante ese contacto al que no estaba acostumbrada. Sus pequeñas y tímidas pecas corrían el peligroso riesgo de multiplicarse, razón de sobra para procurar vestir siempre lo más recatada posible. Pero sucedía que el calor era tan grande que Sandra había preferido exponerse antes que morir deshidratada bajo de su chaqueta, que además era negra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recordó en ese momento sus conversaciones estúpidas con Val. Bueno, no es que soliese tener conversaciones muy brillantes con la muchacha, pero a veces pasaba que ambas, recalentadas sus cabezas por un motivo u otro, comenzaban a hablar más estupideces que las acostumbradas, o bien, sus estupideces en estas ocasiones sonaban más intensas. Un jamm verbal, como le llamaba Val, uno del que podía salir una melodía interesante de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En una de estas conversaciones estúpidas, Val había sacado el tema de sus pecas. Llamaba la atención que una pelirroja natural como Sandra, a simple vista, no tuviese muchas. Sandra explicó entonces que era porque se concentraban en puntos que no solía mostrar en público. Val se echó a reír entonces. A Sandra le agradó oír su risa, tan desinteresada. Cuando le explicaba este tipo de cosas a las chicas lesbianas, ellas solían trocar su mirada de curiosidad por una de deseo, o al menos de avidez. “Por Dios, son sólo pecas. Qué tiene de sexy eso. ¡Son manchas!”. Pero bueno, ya estaba más que acostumbrada a eso. De ahí que el desinterés de Val le sentase tan bien.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pero oye… Igual como que no vas mucho a la playa… Podrías ir con bloqueador como factor 1000, y como a las 7:30…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—–Um… sí… Pero no quiero correr riesgos. Las pecas se me pueden clonar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Ja ja já! Y eso qué importa…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—–¡Cómo que qué importa! ¡Me puede dar cáncer! Yo soy blanca-blanca, no tez mate como ustedes, chilenos. Y además, prefiero tener intactas las pequitas con las que nací… Se me figura que las otras van a salir sin alma, malignas, como los clones, poh… Y luego van a invadir a las otras, y después voy a andar toda café por la vida…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Ja ja já…!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Eso fue la navidad anterior, recordó Sandra. 25 de diciembre, el momento para entregarle los regalos a sus amigos de siempre, a su mejor amiga Val y al novio de ella, y también su amigo, Roque. El trío más patético de todo Chile, según éste. Sandra los adoraba. El recordar de pronto que al otro día no podría ya encontrarse con ellos para entregarles sus sendos regalos la deprimía con una fuerza que ella jamás habría pensado sentir por estas fechas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bien, a decir verdad, sucedía que precisamente en este año, por estas fechas, se había dado una coincidencia de factores que había conspirado para dejarla por primera vez a la deriva en Nochebuena. Alicia había vuelto a la Argentina para compartir con sus padres, a quienes echaba mucho de menos. Val y Roque estaban en su gira veraniega en Uruguay. En otras circunstancias, ninguno de los dos habría querido pasarla lejos de casa, pero usted sabe, la carrera artística, las oportunidades y todo eso. Ahora o nunca. Una excelente plataforma para darse a conocer en otros lares. Después a México y ¡pum! Listo. Y bueno, para qué negarlo: Val nunca era más feliz como cuando tocaba en vivo las canciones que había parido en la más autista de las soledades, cuando sentía a la gente rugir ante cada acorde, cuando miraba al fondo de sus ojos y le parecía que destellaban más que todos los reflectores del recinto. Y Roque nunca era más feliz como cuando tenía oportunidad de compartir la felicidad de su novia en un mismo escenario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra recordó que, cuando todo —pero TODO—– fallaba, siempre le quedaba su madre. Su madre siempre había estado ahí, desde las sombras, alentando a su extraña hija sin ningún afán por entenderla. “Sólo quiero que seas feliz” era su lema, el que sólo expresaba una vez que los enormes ojos verdes de su niña empezaban a desorbitarse ante la frustración que veían en el rostro de su madre. Pero Sandra no era muy afectuosa con ella; le daba un poco de pudor. Acaso porque siempre terminaba recurriendo a ella en las situaciones más espantosas: cuando la habían expulsado de un colegio por lesbiana (“pero mamá, yo no soy lesbiana… pero tampoco soy hétero… pero tampoco soy bi… soy lo que quiero ser, mamá. Quiero amar a los que quiero amar, sin importar lo que sean”), cuando Alejandra la había engañado con esa cantante de ópera (“yo sé que ella lo hizo por algo en específico… pero no lo entiendo, no sé qué es… y me duele tanto todo…”), cuando a Val casi se le dio por muerta en la Patagonia (“te devolveré la plata en cuanto pueda. Es que yo TENGO que ir allá y buscarla por mi cuenta… Si ella está muerta, yo me muero, mamá. Me muero fingidamente para engañar a Tata Dios y llevármela de vuelta a la vida”)…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero su madre, con quien solía pasar sus navidades, tampoco estaba en el país. A inicios de diciembre, la ingrata de su hermana Orietta la había invitado a Irlanda a pasar parte de las vacaciones. Orietta, en el momento de esta narración, tenía alrededor de 33 años. Por esta diferencia de edad con Sandra, ambas hermanas nunca se habían llevado demasiado bien, al punto que Sandra solía olvidar que tenía una hermana mayor. Por cierto que no ayudaba mucho que Orietta viviese en Irlanda a tiempo completo, y que por ello sólo se dignase a aparecer en tierra chilena con un extraño patrón que Sandra estaba segura correspondía al de un cometa no muy conocido. Su madre se limitó a reír a fines de noviembre cuando su hija menor le presentó la chiflada teoría, advirtiéndole que Orietta estaba pronta a aparecer. Su sonrisa se congeló cuando le llegó la carta, claro, pero en ese momento Sandra no advirtió que fuese por la encrucijada que un simple pedazo de papel había plantado en su corazón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—… Hace mucho que no veo a Orietta —comentó la señora O’Reilly.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Bueno, yo tampoco, y estoy de lo más bien.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al ver que Sandra aún no captaba la situación, decidió ser más directa— … Ella me está invitando a Irlanda… para las fiestas…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra acusó el golpe— … Y… ¿por qué no ir?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La señora titubeó— … No dice nada de ti… Es decir… Dice “saludos a la gorda”… pero nada más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡¡Ella, la sílfide….!!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—–… Me refiero a que no te está invitando…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Puf! ¡Para lo que quiero ir a buscar tréboles y leprechauns! ¡Orietta es una mierda! … Pero tú puedes ir, obvio… O sea… no es que te esté dando permiso… Tú puedes hacer lo que quieras… O sea… te estoy alentando a que vayas… No te vas a morir de calor allá, creo…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—… Pero Sandra… ¿Con quién vas a pasar la navidad? No quiero dejarte sola… Esas cosas se pasan en familia…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—… Voy a estar con Val y Roque.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Pero ellos no estaban de gira?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No… me equivoqué de fecha. Van a ir para enero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—… ¿De veras? Entonces… vas a estar con ellos… No vas a estar sola…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ay, mamá… Obvio. Y además qué tanto estar sola en navidad… Tú estarás conmigo en mi corazón y todo eso… Muchas personas lo pasan con sus familias y sus familias no las quieren… Eso es peor, creo yo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra sintió que su madre había logrado percibir el engaño, y que la situación la había dejado tan perpleja que no tenía otra forma de responder que con otro engaño: el de intentar hacerle creer que creía en las palabras de su hija.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—–No es eso, Sandra… Oye… ¿y Alejandra?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Puf, mamá… Ella está con su novia… Va a ser su primera navidad juntas, creo… ¡Ves! ¡Ellas tienen familias que no las quieren! Y se tienen al menos la una a la otra… Yo no puedo interferir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Y Johan?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—… Con su padre, en Europa… Conciertos de Navidad y todo eso…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Y esa tal Soledad? —su madre no sabía nada de Alicia; se había quedado hasta la atracción inicial de Sandra por Soledad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—… Está con su hija, mamá…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Pero…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Pero ya…! ¡Todo está bien! ¡Ándate! ¡Ve!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y así, en una mentira que había resultado como el reflejo de dos espejos enfrentados, la señora O’Reilly había abandonado el país… claro que sólo después de solucionar algunos trámites… (Mamá: “¡pero es que el nombre está mal escrito! Es “O’Reilly”… ¿Ve?” Funcionario: “¿’O’ cuánto dijo, señora…?” Sandra: “Mira, inepto: ‘O’REILLY’… ¿¡Que nunca viste al búho!?”).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Bueno, y ahora qué”, se preguntó Sandra, como casi siempre en su vida. Por primera vez, no tuvo respuesta, o fue acaso que la respuesta que ella presentía le parecía insoslayable.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡¡Y qué!! —chilló ya de vuelta a la casa de su madre, sola— ¿¡¡Quieres que me ponga a llorar!!? ¡¡NO!!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra llamó por larga distancia a las operadoras de Irlanda, que milagrosamente eran humanas... y de las cuales una era, no menos milagrosamente, amiga íntima de Orietta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—(Protocolar bullshit) …Yes?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—I’m trying to ubicate this woman called Orietta Nicolletti O’Reilly… You know, like the owl-thing…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Oh… What a coincidence! I happen to be a friend of her…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—You do? Great! Do you know spanish or italian, for a chance?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Well... Only spanish... I used to live in Chile for a year or two... why do you ask?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—You see... Mira, huevona, dile a la conchuda de tu amiga que le voy a sacar la re cresta cuando la vea; dile que es una maricona por invitar a mi mamá y dejarme sola acá, y que se meta un leprechaun por el ano, que lo debe de tener en banda de lo mucho que se la debe culiar ese jetón franchute… &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra supuso que la operadora y ella colgaron al mismo tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Mucho mejor que una lloradita —comentó en voz alta, ufana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra sonrió al recordar la experiencia. Pero ya no tenía nada más que recordar: sólo ella, sentada en una banquita, con su top blanco sin mangas, sus hombros desnudos y su botella de agua mineral sin gas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al frente había un Samoa, un recinto de juegos electrónicos. Había una máquina de DDR tan desgastada que ya casi nadie jugaba ahí, sólo Sandra. Sandra, que con su sobrepeso apenas tenía que ser un poco más enérgica en sus pasos para marcar las flechas. Era la casera de lugar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Una última jugadita antes de navidad? —preguntó la Señora de las Fichas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Sí… Hace falta un poco de movimiento… Siempre esos villancicos mamones … Son tan lánguidos que dan ganas de llorar oyéndolos…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—… A mí me parecen lindos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—… A mí no. Déme dos fichas… Sólo una partida por hoy…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra jugó entonces los dos temas más brutales que encontró. Las emociones del día le hicieron sacar sólo “A”; era difícil distinguir las flechas con los ojos brumosos. Ya no sacaría Extra Stage… ¡ni falta que le hacía!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Random! —gritó, presa de una extraña agitación. La vida, claro, siempre nos tiene reservadas sorpresas: &lt;i&gt;Silent Hill — Thomas Howard&lt;/i&gt;…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra estuvo a punto de sacar &lt;i&gt;AAA&lt;/i&gt;, pero ante el freeze final recordó todos los rostros que adoraba contemplar y pensó cuán ridículo sería inmortalizar una canción bajo los movimientos de la añoranza. No: sacaría &lt;i&gt;AAA &lt;/i&gt;ante los ojos de todos… Con una sonrisa casi llorosa, levantó el pie… Nunca un miss le había parecido tan dulce…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Christmas is here…&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;CONTINUARÁ... &lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-5340372181035554034?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/5340372181035554034/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/la-navidad-de-sandra-i-parte.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/5340372181035554034'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/5340372181035554034'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/la-navidad-de-sandra-i-parte.html' title='La navidad de Sandra - I Parte'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-4275730885920264819</id><published>2011-12-15T15:12:00.000-03:00</published><updated>2011-12-15T15:12:04.731-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Haiku'/><title type='text'>Teillier y el Haiku</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algunos puristas pueden alegar que esta serie de breves poemas de Jorge Teillier (Lautaro, Chile, 1935) no podrían considerarse haikus debido a que transgreden normas tan básicas como la métrica original de 5-7-5 o el empleo del kigo. Sin embargo, si nos atenemos a la esencia original de todo haiku, desde los originales japoneses a los más contemporáneos y occidentales, nos encontraremos con que hay mucho de esta esencia poética en estos poemas. Me refiero a la definición clásica de Basho: "lo que está sucediendo en este lugar, en este momento", o bien, a esa sensación de imagen evanescente que el lenguaje apenas logra captar en su red.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A continuación comparto 48 de estos poemas cuasi-haikus de Teillier. Los recopilé principalmente a partir de vistas previas de libros del autor en Google Books y del blog definitivo dedicado al poeta lárico: &lt;a href="http://teillier.blogspot.com/2007/10/cosas-vistas-de-jorge-teillier.html"&gt;Teillier Aleph&lt;/a&gt;, por Juan Carlos Villavicencio. Ahí encontrarán detalladas notas que explican la procedencia y cambios en algunos poemas, y que explicarán también mis dificultades para encontrarlos todos y asignarles una numeración coherente. Como mi afán aquí es más de difusión que de rastreo académico, prescindiré de referencias bibliográficas y de números. Acá van:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nieva&lt;br /&gt;y todos en la ciudad&lt;br /&gt;quisieran cambiar de nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me preguntas en qué pienso.&lt;br /&gt;No pienso en nada:&lt;br /&gt;sólo veo un puente de cimbra&lt;br /&gt;sobre el lecho reseco de un río&lt;br /&gt;que nunca hemos atravesado juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el grito amarillo&lt;br /&gt;del aromo&lt;br /&gt;se despierta la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temo no verte más&lt;br /&gt;cuando las pompas de jabón&lt;br /&gt;que hechas a volar por la ventana&lt;br /&gt;se llevan tu rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los árboles están lejos&lt;br /&gt;pero un día&lt;br /&gt;llegaremos a ser árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentado en el fondo del patio&lt;br /&gt;trato de pensar qué haré en el futuro,&lt;br /&gt;pero sigo el vuelo del moscardón&lt;br /&gt;cuyo oro es el único que podría atrapar,&lt;br /&gt;y pierdo el tiempo saludando al caballo&lt;br /&gt;al que puse nombre un mediodía de infancia&lt;br /&gt;y que ahora asoma&lt;br /&gt;su triste cabeza entre los geranios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras luciérnagas:&lt;br /&gt;un niño corre a buscarlas&lt;br /&gt;para su amigo enfermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me invito a entrar&lt;br /&gt;a la casa del vino&lt;br /&gt;cuyas puertas siempre abiertas&lt;br /&gt;no sirven para salir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;La jaiba&lt;br /&gt;es una rojiza mancha vieja en la roca.&lt;br /&gt;Avanza lentamente&lt;br /&gt;y sigue viviendo bajo el sol&lt;br /&gt;tanto como el albatros de plumaje reluciente&lt;br /&gt;desdeñosamente inmóvil sobre otra roca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Damos vuelta a la plaza&lt;br /&gt;en un Fiat 600&lt;br /&gt;para entrar a una iglesia de 1732.&lt;br /&gt;Una iglesia más grande que este pueblo&lt;br /&gt;acurrucado como un pobre nido&lt;br /&gt;entre cerros áridos donde trepan las cabras.&lt;br /&gt;Un pueblo con casas de adobe venidas abajo&lt;br /&gt;por el último terremoto.&lt;br /&gt;Un pueblo donde todos esperan otro terremoto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los perros ladran en el patio&lt;br /&gt;al invitado triste de los domingos.&lt;br /&gt;sólo vienen a saludarlo los gorriones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada que agregar&lt;br /&gt;a la siesta de la silla de paja&lt;br /&gt;frente a la piedra redonda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Mosca&lt;br /&gt;que sobrevives al verano:&lt;br /&gt;al fin tengo alguien&lt;br /&gt;con quien hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu color preferido es el azul&lt;br /&gt;Mi color preferido es el azul&lt;br /&gt;Nunca más le preguntaremos a nadie qué color prefiere&lt;br /&gt;Para creer que nosotros inventamos el azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora en que en el centro de la ciudad&lt;br /&gt;se cierran como pestañas&lt;br /&gt;las cortinas de los bares&lt;br /&gt;con el ruido que hace más amargo&lt;br /&gt;el amanecer del solitario,&lt;br /&gt;en este insomne amanecer miro tus pestañas cerradas&lt;br /&gt;que acogen todos mis sueños&lt;br /&gt;que me rechazaban antes de conocerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quise fotografiarme&lt;br /&gt;y escogí los ojos de un perro vago.&lt;br /&gt;Pequeño vagabundo sin dueño,&lt;br /&gt;sucio,&lt;br /&gt;con cardos secos en el pelaje marchito.&lt;br /&gt;No me cobró nada&lt;br /&gt;y volvió a escarbar&lt;br /&gt;su tarro de basura.&lt;br /&gt;Cada uno sigue su camino.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gato vagabundo &lt;br /&gt;sentado en el cerco&lt;br /&gt;es más grande que el parque y la casa solariega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gato cansado de comer&lt;br /&gt;huye de la carne que le ofrezco&lt;br /&gt;“Me gustaría ver el día —dices tú—&lt;br /&gt;en donde vea a un poeta huir del vino&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Día tras día&lt;br /&gt;en los charcos verticales&lt;br /&gt;de los espejos de los bares&lt;br /&gt;se va perdiendo tu cara&lt;br /&gt;esa hoja caída de un árbol condenado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Nunca sabrás que te amo&lt;br /&gt;porque conoces el tercer nombre&lt;br /&gt;que tiene cada gato&lt;br /&gt;y que hasta ahora sólo había conocido&lt;br /&gt;el propio gato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dejan de herencia &lt;br /&gt;una Bomba.&lt;br /&gt;Pero ella caerá &lt;br /&gt;sobre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la casa de madera&lt;br /&gt;sueño con el canto de los pájaros&lt;br /&gt;que anidaron una vez en este bosque&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en la Carretera Panamericana.&lt;br /&gt;El auto pasa frente al almacén&lt;br /&gt;donde una vez &lt;br /&gt;hablé contigo hace años.&lt;br /&gt;Pero ya no recuerdo si era en este pueblo o en otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras no cesan los golpes de los dados&lt;br /&gt;tres bicicletas relucientes y frías&lt;br /&gt;esperan pacientes y cabizbajas&lt;br /&gt;afirmadas en la pared de la cantina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para qué me dices&lt;br /&gt;escribe;&lt;br /&gt;trata de escribir&lt;br /&gt;hasta que tu brazo derecho&lt;br /&gt;sea más largo que el izquierdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por qué&lt;br /&gt;en el Museo&lt;br /&gt;está prohibido tocarte&lt;br /&gt;a ti a quien me hubiera gustado tocar&lt;br /&gt;mesa florentina del Siglo XVIII&lt;br /&gt;como si fueras una vedette en el proscenio.&lt;br /&gt;Ella debía servir para hacer el amor&lt;br /&gt;y tú para comer&lt;br /&gt;y ninguna de las dos sirve para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el espejo de mi armario&lt;br /&gt;veo mi imagen borrada&lt;br /&gt;por la del antepasado que jamás conocí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte nos dice que no existe&lt;br /&gt;para que creamos en ella&lt;br /&gt;y la llamemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un gato y una mariposa&lt;br /&gt;peligrosamente cerca.&lt;br /&gt;Pero el viento no duerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un árbol me despierta&lt;br /&gt;y me dice:&lt;br /&gt;"Es mejor despertar,&lt;br /&gt;los sueños no te pertenecen.&lt;br /&gt;Mira, mira los gansos&lt;br /&gt;abriendo sus grandes alas blancas,&lt;br /&gt;mira los nidales de gallinas&lt;br /&gt;bajo el automóvil abandonado".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el mismo camino que sube&lt;br /&gt;es el que baja&lt;br /&gt;lo mejor es mirarlo&lt;br /&gt;inmóvil desde una ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los charcos&lt;br /&gt;abren ojos aterrados&lt;br /&gt;al oír a los patos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veinte años después&lt;br /&gt;ha resultado&lt;br /&gt;que los mejores alumnos&lt;br /&gt;son los de la escuela de la cimarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuego bajo las cenizas.&lt;br /&gt;Y en el muro&lt;br /&gt;la sombra de los amigos muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un vaso de cerveza,&lt;br /&gt;una piedra, una nube,&lt;br /&gt;la sonrisa de un ciego&lt;br /&gt;y el milagro increíble&lt;br /&gt;de estar de pie en la tierra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Aún se pueden ver en el barro&lt;br /&gt;las pequeñas huellas del queltehue&lt;br /&gt;muerto esta mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las negras casas quieren atravesar el río,&lt;br /&gt;pero se detienen en las orillas,&lt;br /&gt;y allí son mendigos inválidos y rencorosos&lt;br /&gt;mirando el lento vuelo de los patos silvestres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niebla hace a todos personajes&lt;br /&gt;de un libro de cuentos de hadas&lt;br /&gt;leído en la torre que se incendiará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo ir a hablar con ustedes.&lt;br /&gt;Perdonen mi mala educación.&lt;br /&gt;Prefiero asistir sin ser invitado&lt;br /&gt;a tomar un té infinito&lt;br /&gt;con el Lirón, la Liebre y el Sombrerero Loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras no cesan los golpes de los dados&lt;br /&gt;tres bicicletas relucientes de frío&lt;br /&gt;esperan paciente y cabizbajas&lt;br /&gt;afirmadas en la pared de la cantina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me había olvidado:&lt;br /&gt;Una campanada: pasajeros del norte&lt;br /&gt;Dos campanadas: pasajeros del sur&lt;br /&gt;Tres campanadas: carga del norte&lt;br /&gt;Cuatro campanadas: carga del sur&lt;br /&gt;Esto lo aprendí una vez en un lugar cuyo nombre no importa&lt;br /&gt;donde ya ninguna campana&lt;br /&gt;anuncia ningún tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una batea en medio del patio.&lt;br /&gt;La ropa ajena&lt;br /&gt;flamea en los alambres, &lt;br /&gt;La familia de los cuidadores&lt;br /&gt;se reúne&lt;br /&gt;En torno a la primera sandía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un huevo fresco&lt;br /&gt;olvidado&lt;br /&gt;al pie del muro divisorio&lt;br /&gt;al fondo&lt;br /&gt;acurrucada&lt;br /&gt;la escala de tijeras&lt;br /&gt;y&lt;br /&gt;(pero no por último)&lt;br /&gt;un montón de rastrilladas hojas&lt;br /&gt;listas por el fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo una misma lámpara&lt;br /&gt;unos escriben poemas&lt;br /&gt;otros falsifican moneda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tierra en primavera&lt;br /&gt;y las ruedas del tren&lt;br /&gt;aplastan las hormigas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los raídos penachos de los álamos&lt;br /&gt;saludan el regreso de la luz.&lt;br /&gt;La tierra cree resucitar&lt;br /&gt;y también nuestro amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente al semáforo rojo&lt;br /&gt;me detengo&lt;br /&gt;esperando cruzar la calle.&lt;br /&gt;Un niño me mira&lt;br /&gt;desde los brazos de su madre.&lt;br /&gt;Algo tiene que decirme,&lt;br /&gt;algo tengo que decirle,&lt;br /&gt;algo que será él.&lt;br /&gt;Hasta el cambio de luz&lt;br /&gt;me hundo en esos ojos asombrados&lt;br /&gt;irrecuperables.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para qué preguntar&lt;br /&gt;si esta canción trae recuerdos.&lt;br /&gt;Esta canción es sólo una canción&lt;br /&gt;sin recuerdo ni olvido.&lt;br /&gt;Como tú frente a mí&lt;br /&gt;como yo tendido junto a ti.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-4275730885920264819?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/4275730885920264819/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/teillier-y-el-haiku.html#comment-form' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4275730885920264819'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4275730885920264819'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/teillier-y-el-haiku.html' title='Teillier y el Haiku'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-6833203921684670998</id><published>2011-12-12T19:03:00.002-03:00</published><updated>2011-12-12T19:11:36.520-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Música'/><title type='text'>Sobre The Islander</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Debo reconocer que estoy obsesionadísima con esta canción de Nightwish, a pesar de estar lejos de ser uno de sus mejores temas. Basta recordar que apareció en el primer disco con Anette Olzon en las voces, en medio de todas las discusiones y rencillas por la farandulera expulsión de la vocalista original, la mezzosoprano Tarja Turunen. Tampoco le ayuda mucho ser de carácter  acústico, digamos en términos de popularidad metalera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Aun así, &lt;i&gt;The Islander&lt;/i&gt; me conmueve desde el concepto general, las letras y el bello videoclip. Hace tiempo tengo pensado escribir un cuento basado en estos aspectos (jamás permitiré que alguien le llame fanfic), así que me gustaría saber si alguien estaría interesado en leerlo en este blog. Supongo que porque no es una creación original de mi propiedad, me siento más inclinada a conocer la opinión lectora. Sé que son pocos los que me leen por acá, así que ¡manifiéstense! ¿Les gustaría leer mi versión de &lt;i&gt;The Islander&lt;/i&gt; algún día? A continuación adjunto video y letra para el que no conozca el tema.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object width="320" height="266" class="BLOGGER-youtube-video" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" data-thumbnail-src="http://2.gvt0.com/vi/1rYNW75p5cY/0.jpg"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/1rYNW75p5cY&amp;fs=1&amp;source=uds" /&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF" /&gt;&lt;embed width="320" height="266"  src="http://www.youtube.com/v/1rYNW75p5cY&amp;fs=1&amp;source=uds" type="application/x-shockwave-flash"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Nightwish - &lt;i&gt;The Islander&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;(Letra y composición: Tuomas Holopainen y Marco Hietala&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Dirección de videoclip: Stobe Harju)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;An old man by a sea shore at the end of day&lt;br /&gt;Gazes the horizon with sea winds in his face.&lt;br /&gt;Tempest-tossed island, seasons all the same.&lt;br /&gt;Anchorage unpainted and a ship without a name.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sea without a shore for the vanished one unheard&lt;br /&gt;He lightens the beacon, light at the end of world.&lt;br /&gt;Showing the way, lighting hope in their hearts,&lt;br /&gt;The ones and their travels homeward from afar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;[Coro:]&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;This is for long-forgotten light at the end of the world.&lt;br /&gt;Horizon's crying the tears he left behind long ago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The albatross is flying, making him daydream&lt;br /&gt;The time before he became - one of the world`s unseen&lt;br /&gt;Princess in the tower, children in the fields -&lt;br /&gt;Life gave him it all: an island of the universe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Now his love`s a memory, a ghost in the fog.&lt;br /&gt;He sets the sails one last time saying farewell to the world.&lt;br /&gt;Anchor to the water, seabed far below,&lt;br /&gt;Grass still in his feet and a smile beneath his brow.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;[Coro x 2]&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-6833203921684670998?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/6833203921684670998/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/sobre-islander.html#comment-form' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6833203921684670998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6833203921684670998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/12/sobre-islander.html' title='Sobre &lt;i&gt;The Islander&lt;/i&gt;'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-1087891241432795554</id><published>2011-11-28T15:39:00.001-03:00</published><updated>2011-11-28T15:44:08.497-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Locura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Cuento: En loop</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;(No me gusta escribir historias de amor al uso, pero un día ya más o menos lejano me propuse el desafío y salió este texto, interesante por su forma más que por cualquier otra cosa. Por cierto, el salto de página cumple aquí sólo la función de no atochar la entrada, pero originalmente el relato va todo junto, en un solo bloque)&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;… sentarme a escribir en uno de los banquitos de la Facultad de Arte como esperando algo que no sé si es una imagen o una palabra y que terminas resultando tú, bajando por las escaleras ésas, las que tienen un chanchito dibujado en uno de sus peldaños, bajando con ese rostro tan tuyo que no he visto jamás y que es la primera vez que veo… :&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;la expresión distraída y los ojos luminosos y cálidos, la expresión perdida en un torrente musical que insinúan tus audífonos blancos y que nadie más que tú puede oír; bajando hasta que te topas de frente conmigo y me saludas no sé por qué, y entonces –ahora descubro por qué– te quedas mirando los parches de mi bolso y me empiezas a hablar de música y yo hablo contigo, y no sé por qué empezamos a hablar de arte –ahora sé: Facultad de Arte: tú estudias Arte; ¿qué estudias tú? Literatura; digo, Pedagogía en Castellano– y de libros, tantos, tantos libros; y me dices que justo ahora ibas a comprar un libro de –ponte tú– Murakami, y yo te digo que me gustó mucho Kafka en la Orilla y nos ponemos a hablar de Murakami y de otros autores, y me dices acompáñame y yo voy contigo y mientras caminamos vamos hablando de tantas, tantas cosas; y me pasas un audífono blanco y por un momento tengo el horror de pensar si mis orejas estarán suficientemente limpias como para no mancharlo de cerumen, pero me lo pongo igual; y entonces vamos caminando lado a lado por el Centro en esa radiante mañana, y descubro que puedo caminar sin problemas con el audífono embutido fieramente en mi oreja, a diferencia de antes, porque somos de un tamaño similar, y eso no sé por qué me sorprende y agrada tanto, tanto como ir a tu lado oyendo la música que a ti te gusta y que a mí me empieza a gustar desde ese momento; y de tanto caminar nos pasamos de la librería y te echas a reír de tu distracción y me dices tú también eres distraída parece, y yo respondo que sí con una sonrisa tan grande y tan pura que se me olvida que mis dientes son muy feos y que debería mantener la boca cerrada; pero tú me respondes con una sonrisa que es tan evidentemente nerviosa que me empiezo a poner colorada y tú te empiezas a sonrojar al ver mis mejillas enrojecidas y de pronto tropiezas y te afirmas tan fuerte de mi brazo esquelético que casi me lo arrancas y me llevas contigo abajo, y me pides perdón con el rostro –ahora sí– encendido, y yo te digo que no te preocupes, porque no puedo decirte que amé que te afirmaras de mi brazo y que desearía que te abrazaras de mi brazo por toda la eternidad, porque tus manos son tan, tan distintas a ese alguien de antes, porque son grandes y suaves y delicadas y con marcas de pequeños tajitos que me encantaría besar; pero no te digo nada y te sigo sonriendo con esa sonrisa tan bovina que tengo yo y que a ti te despierta tantos nervios hasta que entramos al fin a la librería y pasamos como media hora vitrineando libros hasta que al final compras uno que no es de Murakami y que es de –ponte tú– Balzac; y entonces todas las tardes nos juntamos para vitrinear librerías y comprar libros y tomar helados, y yo anhelo que te tropieces otra vez para que me cuasi arranques el brazo otra vez y miro y miro tus ojos y tus manos y a veces creo que tú también miras y miras mis ojos y mis manos y un día sucede que la que me tropiezo soy yo y caigo encima de tu pecho y me abrazas con mucha fuerza, y cuando recupero la posición erguida miro dentro de tus ojos y nos besamos en plena calle, y ya no me importa que todos nos vean; quiero que todos nos vean y nos miren indiscretamente; y luego todos los días hay un poco de eso: de caminatas sobre libros y música, helados, tropiezos que nos hacen abrazarnos y besarnos sin importar que nos vean, y entonces yo empiezo a ir a acompañarte a la Facultad de Arte, y te espero siempre afuera y de pronto me asalta el pensamiento de que no saldrás jamás de tu sala, bajando las escaleras ésas, las que tienen un chanchito dibujado en uno de sus peldaños, bajando con ese rostro tan tuyo que no he visto jamás porque a lo mejor de veras no lo he visto jamás… ; porque a lo mejor no existe ni tu rostro ni tú y porque a lo mejor soy sólo yo la que está escribiendo en un banquito y que sueña y sueña en este texto que vendrás bajando de las escaleras ésas, las que tienen un chanchito dibujado en uno de sus peldaños, bajando con ese rostro tan tuyo que tanto desearía no haber visto jamás… para soñar que esa pueda ser la primera vez que vaya a verlo, cuando tu expresión distraída y perdida en tu música se pose primero en los parches de mi bolso y luego en mí con tus ojos luminosos y cálidos, para que entre palabras y palabras vayamos andando a una librería donde comprar ese libro –sea o no de Murakami– que quieres tener, y que nos pasemos de la librería para que evidencies mi distracción y yo pueda sonreírte con la pureza patética de mis colmillos encimados y tú me sonrías nerviosamente mientras nuestras sendas mejillas luchan por ganar el concurso de sonrojos, para que de pronto tú te tropieces y me arrastres desde el mismo brazo que mencioné antes, el esquelético, y que es el mismo brazo con el que escribo todo esto; todo para que podamos empezar a salir cada tarde a repetir sin fin todo lo que he escrito, hasta ese momento en que yo tropiece y caiga encima de tu pecho, cuando tú me beses y yo te bese, para que nos besemos y empecemos a citarnos y a ser felices; para sentir que ahora, sentada aquí, en realidad estoy esperándote y no imaginándote; para así evitar que todo mi amor y mi deseo se reduzcan a… sentarme a escribir en uno de los banquitos de la Facultad de Arte como esperando algo que no sé si es una imagen o una palabra y que terminas resultando tú, bajando por las escaleras ésas, las que tienen un chanchito dibujado en uno de sus peldaños, bajando con ese rostro tan tuyo que no he visto jamás y que es la primera vez que veo… &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-1087891241432795554?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/1087891241432795554/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/11/cuento-en-loop.html#comment-form' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1087891241432795554'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1087891241432795554'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/11/cuento-en-loop.html' title='Cuento: En loop'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-2884436967237263322</id><published>2011-11-26T19:22:00.001-03:00</published><updated>2011-11-26T19:23:32.902-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historieta'/><title type='text'>El arca de Noé posmoderna (viñetas)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-NxOtbSPcsdU/TtFlW_SgNsI/AAAAAAAAAYo/Ap5_35vj5OE/s1600/Noe+-+1.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-NxOtbSPcsdU/TtFlW_SgNsI/AAAAAAAAAYo/Ap5_35vj5OE/s1600/Noe+-+1.PNG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-UjZX6BFUY_Y/TtFlXebKoRI/AAAAAAAAAYw/jqfUHIbQmI0/s1600/Noe+-+2.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/-UjZX6BFUY_Y/TtFlXebKoRI/AAAAAAAAAYw/jqfUHIbQmI0/s1600/Noe+-+2.PNG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-uBLBNB0HBI4/TtFlX4H0h8I/AAAAAAAAAY4/ynu1-n_NBjs/s1600/Noe+-+3.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/-uBLBNB0HBI4/TtFlX4H0h8I/AAAAAAAAAY4/ynu1-n_NBjs/s1600/Noe+-+3.PNG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-wdP7EFeUPko/TtFlYHgCFBI/AAAAAAAAAZA/fc3mTwMK3EM/s1600/Noe+-+4.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="176" src="http://1.bp.blogspot.com/-wdP7EFeUPko/TtFlYHgCFBI/AAAAAAAAAZA/fc3mTwMK3EM/s320/Noe+-+4.PNG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-SNRNZf37YtU/TtFlWQSO7JI/AAAAAAAAAYg/bTDTGPQP1P8/s1600/Noe+-+5.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/-SNRNZf37YtU/TtFlWQSO7JI/AAAAAAAAAYg/bTDTGPQP1P8/s1600/Noe+-+5.PNG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-2884436967237263322?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/2884436967237263322/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/11/el-arca-de-noe-posmoderna-vinetas.html#comment-form' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2884436967237263322'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2884436967237263322'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/11/el-arca-de-noe-posmoderna-vinetas.html' title='El arca de Noé posmoderna (viñetas)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-NxOtbSPcsdU/TtFlW_SgNsI/AAAAAAAAAYo/Ap5_35vj5OE/s72-c/Noe+-+1.PNG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-8603731202805449253</id><published>2011-11-15T17:44:00.001-03:00</published><updated>2011-11-15T18:05:48.427-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Cuento: Recelos de una madre</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-UoTm1CdF4eY/TsLORgPrAvI/AAAAAAAAAXg/xnwdVN-qWTw/s1600/papelmarfil.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://4.bp.blogspot.com/-UoTm1CdF4eY/TsLORgPrAvI/AAAAAAAAAXg/xnwdVN-qWTw/s200/papelmarfil.jpg" width="154" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="st"&gt;© &lt;/span&gt;&lt;a href="http://papelmarfil.deviantart.com/art/A-mom-and-her-boy-168034579?q=boost%3Apopular%20mom%20and%20boy&amp;amp;qo=6"&gt;Papelmarfil&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;El despertador recién arreglado sonó a la hora exacta con su acostumbrada sonajera estridente. La mujer, que en esos momentos soñaba que era bombero, interpretó ese ruido como una ominosa sirena que la alertaba de algún desastre lejano; justo cuando descendía por el tubo despertó. En un movimiento instintivo que ni siquiera el tiempo en que el reloj había estado descompuesto había podido desvanecer, alargó el brazo al velador y apagó la alarma. Las siete en punto. La mujer, unos segundos más desperezada, tomó nota mental de su vida en ese momento, como todos lo hacían al despertar: su nombre, su oficio, su residencia, su historial amoroso, los pormenores del día anterior, los deberes de hoy. El deber de hoy: su hijo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¡El niño!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó en el acto y miró por la ventana: un día directamente extraído de esas películas antiguas en blanco y negro. Tras ducharse y vestirse y preparar el desayuno, entró con innecesario cuidado a la pieza de su hijo, aun profundamente dormido. La habitación estaba saturada de coloridos juguetes que ya no volverían a ser manipulados como antes; acaso por eso sus tonalidades le parecieron tan monocromáticas como la de la mañana otoñal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contempló unos segundos a su hijo, como si su presencia dormida ejerciese una feroz inmovilidad de ella. Recordó cuando había visto el signo + en el enésimo test de embarazo, cada una de las ecografías, las pataditas y volteretas dentro de su vientre, los malestares, el durísimo y extenso trabajo de parto, el estremecedor primer llanto, la visión de esa cosita medio sanguinolenta y ratonil que le habían depositado en su pecho, esa cosita que siempre estaba hambrienta y cuyos movimientos iniciales estaban restringidos a quejiditos, succión y apresamiento de todo dedo que fuese a parar a sus manitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, unos pocos años después de todo eso, tras múltiples experiencias (las enfermedades, los progresos intelectuales y sicomotores, los juegos e invenciones, las palabras “mamá, te amo”), la mujer sentía que nunca antes había sido tan madre como ahora que contemplaba a su hijo durmiendo. Lo había hecho desde siempre, claro: era una madre. Pero ahora distinto: ahora su hijo estaba destinado a apartarse de ella. Y su hijo siempre había estado con ella nada más: ni los juegos ocasionales con los niños en el parque, ni las visitas lejanas de sus escasos parientes; ni siquiera sus idas habituales al cementerio a la tumba del padre: nada de esto lo había arrancado de ella. ¡Y ahora tenía que perderlo, ahora, tras tanta dedicación, ahora que cada día se convertía para la mujer en una nueva aventura a su lado…! Lo que no habían conseguido las personas que la rodeaban lo había logrado el Sistema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella podría haber renunciado a todo, podría haber abrazado a su hijo con una fuerza descomunal y haberlo apartado de esos otros brazos ajenos que pretendían arrancárselo bajo el pretexto de convertirlo en un Ciudadano Modelo, pero era un proceso demasiado complicado para una mujer sola. Ella tendría que haber demostrado a la Sociedad que ella misma era una Ciudadana Competente y que su hijo crecería igual a los demás, los Enjaulados, pero simplemente no habría podido obtener su beneplácito. Y si insistía en guardarse al niño para ella, como madre que era, la Sociedad no tardaría en percatarse y la separación sería perpetua. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer, tras mucho pensar, había determinado que lo menos perjudicial sería entregarles el niño. Mal que mal, todas las criaturas tenían un lapso en que podían volver a casa y pretender que regresaban igualmente a su libertad original. No era exactamente así, ella sabía, pues volvían con una montaña de asignaciones que debían ser resueltas entre las paredes de sus hermosas habitaciones, debiendo ser los juguetes tristes testigos de ese cambio. Ella sabía que en ese lapso en que su hijo estaría Enjaulado junto a los demás niños sería sometido a tal cantidad de información que no podría hacer nada para evitarlo. Ella sabía que la magia de contemplar juntos a la luna como una señora pálida y gorda se acabaría el día en el que el niño aprendiese que se trataba de un satélite. ¿Cómo desandar esos pasos desviados, echarle nueva tierra a la depresión de esas nuevas e indeseables huellas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podría. Ella lo sabía. Llegaría el día en que su hijo, ya grande, conversaría con ella de las mismas cosas triviales de la que hablaban todos los adultos, los estúpidos, los del cerebro lavado, los buenos Ciudadanos. Quizá hasta sería capaz, como ellos, de recordar con una sonrisa indulgente su paso por esos centros horrorosos, rememorando las hazañas, las anécdotas; todos y todas con el pelo rigurosamente cortado y atado –respectivamente–, la disciplina, los mandatos… ¡Qué horrible! Tener que mandarlo al lugar en donde sus ojos perderían para siempre su brillo de inocencia…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;… Y tenía que hacerlo ya, el tiempo apremiaba. La mujer despertó al niño, que refunfuñó un poco antes de obedecerle. Ella lo ayudó a bañarse y a vestirse con la indumentaria necesaria. El niño la observó con curiosidad y desfiló alegremente por la pieza, en lo que mamá arreglaba las últimas cosas. ¡Pobre criatura!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer y el niño salieron a la calle. El centro de reclutamiento estaba a pocas cuadras de su casa. A la mujer le daba vergüenza que la gente viese que su hijo estaba ya en edad de servir a la Sociedad, y en consecuencia dio unos cuantos rodeos antes de poder encaminarse por la calle principal. Al llegar al fin, vio a un grupo de adultos con sus pequeños, todos tan entusiasmados como podían estarlo las familias socialmente corruptas. La mano de la mujer, tiritona y sudada, apretó con desesperada y postrera fuerza la de su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Va a ser entretenido, mamá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer no pudo contestar. Cuando una de las autoridades solicitó la separación entre padres e hijos para comenzar con el ingreso de estos últimos al recinto, la madre se agachó para despedirse de su pequeño con un solo beso en la frente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Cuídate. Te amo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Yo también. ¡Nos vemos más tarde, mamá!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, viéndolo agitar su mano en señal de despedida temporal (pero que ella sabía que tenía algo de perpetua), la mujer vio cómo el niño era ingresado junto a sus pares por el gigantesco portón. Angustiada, se alejó rápidamente para eludir la palabrería de los dichosos padres que aún se aglutinaban a la entrada. Como su turno de trabajo no empezaba hasta la tarde, la mujer tenía toda la mañana libre. Confusa, decidió irse a tomar un café y hacer hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Total, los primeros días de colegio nunca iban más allá del mediodía.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-8603731202805449253?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/8603731202805449253/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/11/cuento-recelos-de-una-madre.html#comment-form' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/8603731202805449253'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/8603731202805449253'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/11/cuento-recelos-de-una-madre.html' title='Cuento: Recelos de una madre'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-UoTm1CdF4eY/TsLORgPrAvI/AAAAAAAAAXg/xnwdVN-qWTw/s72-c/papelmarfil.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-4586825043978378335</id><published>2011-11-10T11:23:00.003-03:00</published><updated>2011-11-11T12:10:49.384-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Sandra y Alicia tienen una cita</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ese era el pub más extraño, aunque en verdad lo extraño habría sido que hubiera resultado normal. A Sandra le agradaban las cosas fuera de lo cotidiano, extravagantes, pero no por ese afán ridículo de tanta gente por desmarcarse de los gustos masivos, lo que conformaba a la vez otro lugar común; a ella simplemente le gustaba lo raro. Nada más. Y, fuera de estas particulares preferencias, y naturalmente aparte de sus rarezas naturales, era rigurosamente normal: tenía necesidades vitales y orgánicas, como comer, beber, abrigarse, desabrigarse, lavarse, dormir, orinar, defecar, erotismo, soñar, amar. Que a veces las satisficiese de manera poco tradicional era otro asunto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;En fin: ese era su pub favorito. La música era invariablemente electrónica ambiental: música que simplemente se limitaba a crear un acolchado lecho sonoro bajo el cual hablar. Las paredes estaban tapizadas de cuadros y dibujos indie-vanguardistas que no eran de su total agrado, pero que no la molestaban. Los asientos eran cómodos y cálidos, y la carta de bebidas bastante decente y de precio asequible.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Tal vez este bajo perfil del local sirvió para convencer a Alicia de acompañarla una noche.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Nunca salimos juntas a hablar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Pues yo no veo por qué tengamos que salir. Podemos hablar perfectamente acá –respondió Alicia con su habitual impasibilidad. Sandra reconoció que tenía razón: se puede hablar en casi cualquier lado. Sólo que las piezas de ambas en sus sendas pensiones eran bastante pequeñas y Sandra solía sentirse un poco ahogada. De ahí que le gustase salir, aunque fuese de visita a otra casa: le hacía olvidar la estrechez de su propio cuarto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Ya, pero nosotras necesitamos un espacio especial. Necesitamos hablar, comer una cosita, beber un traguito en paz…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Alicia la miró con ojos neutros. Sandra recordó entonces que ahora estaba completamente abstemia, pero al mismo tiempo supo que nada de eso era un obstáculo real. En el pub de su preferencia, podría pedir un juguito natural (eran ricos; más de una vez ella había renunciado al ron cola por ellos), y había una opción de tablas especialmente para vegetarianos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Ven conmigo. Es un pub lindo y tranquilo. La música es suave. Bah, ni siquiera es “música”… Son sonidos… Y podremos hablar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Alicia siguió mirándola atentamente. Parecía estar sopesando la situación, como siempre. Finalmente, y para alegría de Sandra, dijo:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Bueno.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Y así se encaminaron al pub en cuestión. Sandra iba con su acostumbrada tenida estrambótica, corbata amarilla incluida, mientras que Alicia había elegido su tenida más formal: una camisa de hombre impecablemente blanca, pantalones de mujer de tela negra y botines ad hoc. Claro que lo formal se restringía sólo a la ropa, pues se puso todos los piercings que tenía y se despeinó el pelo, que por entonces lo tenía ligeramente más largo que de costumbre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Alicia nunca había entendido lo que Sandra quería decir cuando le suplicaba que “hablaran”, puesto que Alicia no hablaba mucho en realidad, salvo en ocasiones concretas cuya motivación ninguna de las dos habría podido averiguar. Sin embargo, a esas alturas la relación de ambas estaba bastante sólida y ambas se aceptaban tal cual eran. A lo mejor, pensó Alicia, Sandra empleaba el término “hablar” para dar cuenta de una comunicación que se llevaba a cabo aun por medio de su acostumbrado silencio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El trayecto despertó el hambre de ambas. Pidieron dos tablas: una normal y la vegetariana, las que fueron acompañadas por una cerveza y un jugo de kiwi natural. De fondo estaba el disco “Black Sea” de Fennesz. Alicia no estaba acostumbrada a ese tipo de música, así que lentamente se fue aletargando. Oía perfectamente todas las palabras de Sandra, pero habría sido incapaz de dialogar con ella como un ser humano normal. La experiencia le pareció bastante dulce.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Oye –saltó de pronto la muchacha, que parecía bastante feliz hasta ese momento, y cuya tabla estaba a punto de acabarse–. Estoy leyendo la trilogía Millenium. ¿La conoces?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Noooo… –Alicia despertó de golpe de su dulce ensueño. Por primera vez vio a Sandra frente a ella, con una sonrisa expectante– No. Para nada. ¿Qué es? ¿Un best seller?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¡Sí! ¡Y hay una niña que se parece a ti! Mira, mira… –Sandra le mostró una especie de afiche impreso de la película del best seller en cuestión. Mostraba el rostro de una muchachita andrógina, de pelo oscuro, casi cubriéndole por completo el rostro, y un collar de púas. Efectivamente se parecía a Alicia, pero en versión linda.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Oh.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¡Vamos a ver la película cuando la estrenen acá…!&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… No.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¿No? ¿Por qué no?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–No me gustan los best sellers. Me dan sueño.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Pero… película…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–No me gustan las películas. También me dan sueño.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… ¿Y yo? ¿Yo también te doy sueño?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–No. Para nada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¿Segura…? –había reproche en sus palabras, pero Alicia la miraba serenamente, y serena había sido su anterior negativa– Porque veo que estás cabeceando.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Es la música. Es demasiado relajante. Pero está bien. Me agrada sentirme así. Me gusta que me hables aquí.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sandra no respondió. No parecía molesta, sino más bien resignada. Alicia dejó traslucir intencionadamente una expresión de tristeza en sus enormes ojos negros, y le tendió con delicadeza un pedazo de palmito hacia su boca. Hacia esa noche, estaba locamente enamorada de Sandra, pero nadie jamás habría podido darse cuenta por su pasividad y apatía naturales.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sandra recibió el palmito y aprovechó para atrapar entre sus labios el dedo de Alicia. De pronto alcanzó a percibir que estaba siendo observada desde las otras mesas y desistió, acción innecesaria en la medida en que su novia siempre era confundida con un hombre. La muchacha retiró su mano y la posó en el vaso de jugo. Se sentía tranquila y en paz, tal y como había deseado la pelirroja.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¿Te gusta estar conmigo?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Claro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… ¿Sabes qué día es el sábado que viene?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Alicia la miró confundida.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Sábado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Sí, sí… Pero… como acontecimiento especial…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Alicia, producto de la sobredosis, había perdido también la facultad de retener detalles en extremo específicos en su memoria. Por lo mismo, y para fines de la vertiginosa vida cotidiana, había tomado la costumbre de llenar una pequeña agenda con las cosas importantes que debía hacer dentro de la semana, salvando aquellas que hacía por inercia, como ir al gimnasio. Así, una anotación común era:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;“Ensayo grupo. Hora. Lugar --&amp;gt; llevar guitarra. Haber ensayado previamente en casa”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;O:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;“Lavandería --&amp;gt; Llevar y lavar ropa sucia”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;O:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;“Comprar comida para comer y no morir de hambre --&amp;gt; ojalá nada derivado de animal. Porque soy casi vegana. Nada frito. Porque se me puede reventar el estómago”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Naturalmente, lo que iba detrás de la flecha era innecesario, pero Alicia solía estimarse bastante más disminuida intelectualmente de lo que en verdad había quedado tras el incidente con las drogas. Bueno, había tomado su determinación tras pasar más de un inconveniente con sus anteriores apuntes, bastante más escuetos. Los de Sandra fueron un gran problema en su vida: solía anotar siempre “Sandra”, sin más. Y después, cuando leía la agenda, no tenía ni la más puta idea de qué pintaba su novia en el registro. Decidió definitivamente ser más precisa en sus anotaciones el día en que vio en un fin de semana, al lado de la palabra “Sandra”, la caligrafía inconfundible de la misma: “amarla mucho”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Alicia, entonces, cuando la joven le hizo semejante pregunta, no dudó en recurrir a su agenda. Y se la mostró en el día correspondiente:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;“Sandra --&amp;gt; mesario. 8 meses. Comprar regalo. Verla. Hacerla feliz”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–No se me va a olvidar si lo anoto así –comentó Alicia, con una pequeña sonrisa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Agrégale “tener sexo con ella”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… ¿?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¡Sexo! ¡Sexo! ¡Sexo! ¡Sí….!&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Para deleite de Sandra, Alicia se sonrojó sin ningún motivo y buscó consuelo en los comestibles, ya ausentes. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Es que hace tiempo que no nos acostamos…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… … …&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¿Te gusta acostarte conmigo?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¡Sí!&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Pero eso fue demasiado para Alicia, quien en ese momento salió disparada hacia el baño. Regresó después de 20 minutos. Sandra sonrió: 10 minutos menos que antes. Cuando recién habían empezado a salir juntas, un simple beso apasionado la había hecho arrancar por dos semanas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sandra, tentando su suerte, le expresó sus pensamientos. Para entonces, iban en los últimos asientos de una destartalada micro en los cerros de Valparaíso. Era la conocida micro-disco: en la noche, salían a la luz los más rutilantes reflectores de su interior, y todos los asientos rechinaban al son del reggaeton. Alicia ya estaba lo suficientemente asustada ante toda esa estridencia como para escucharla. De hecho, iba aferrada al brazo de Sandra, en silencio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¿Qué me decías? –dijo al fin, tras suspirar al bajarse de la micro-disco, que se perdía bajo gritos nasales que sonaban a “el ritmo no perdona”, o algo así.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Te lo diré en tu pieza. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sandra solía quedarse en la pieza de Alicia en ocasiones como esa. Como era más austera, le quedaba más espacio libre. Y si sucedía alguna eventualidad, sería Sandra y no Alicia la que tendría que devolverse a su pensión en medio de la madrugada. Este pensamiento tan protector podía parecer innecesario, puesto que Alicia seguía entrenándose en el boxeo aficionado, pero la pelirroja contaba con un cortaplumas afiladísimo, y Alicia por entonces aún tenía tiernos 19 años. Por lo demás, la cama de la muchachita ahombrada era mucho más amplia. Cuando había sido ella la que se había quedado en la pieza de Sandra, había comprobado con horror que ambas no cabían en su cama, y había tenido que dormir encima de su aún rechonchita novia, lo que no había sido nada desagradable en realidad, pero sí bastante vergonzoso para ella.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–¿Me lo dirás ahora?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Alicia se había puesto su pijama (el pijama que sólo usaba ante Sandra, porque solía dormir en ropa interior cuando se hallaba sola, o incluso desnuda), y Sandra tenía su camisa de dormir de fácil desprendimiento. Ambas estaban bien acomodadas en la cama. Como Sandra había bajado de peso, podían hasta voltearse sin problemas, aunque las nalgas de la pelirroja aún seguían siendo tan voluminosas que, cuando ambas se daban la espalda, Alicia terminaba aplastada contra la pared.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Ah… Bueno…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Y Sandra le contó todo. Alicia oyó en silencio, con los ojos muy abiertos en el techo invisible por la oscuridad. Luego de unos momentos, se atrevió a hablar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Pero me gusta estar contigo. Me hace feliz. Yo siempre le tuve miedo la felicidad. Un día se puede perder y entonces se sufre. Es más fácil no ser ni feliz ni triste. Tenía miedo de la felicidad que podía convertirse en tristeza. Pensaba en ella como… una droga. … A lo mejor las drogas me permitían estar en un estado emocional neutro, y por eso me gustaban tanto. Pero fui muy triste con las drogas. Así que no resultaron mucho: fui triste sin felicidad, sólo la… … .. la euforia de ellas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Ese es un pensamiento muy básico, muy infantil.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Sí. Pero son muchos lo que piensan así. Muchos encuentran estúpido querer ser feliz, y ser feliz en sí. Sobre todo si es por amor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Yo te amo, Sandra –era la primera vez que se lo decía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Yo también.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sandra volteó hacia Alicia, que la había estado mirando directamente quizá hacía cuanto rato ya. Le sonrió, aunque sabía que ella no podría verla por la oscuridad. Era el momento para las cursiladas más dulces, esas que eran demasiado ordinarias para ser traspasadas a palabras, pero ¿qué más daba a esas alturas?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Siento como si en mi agenda estuviese escrito en un día oculto: “Sandra --&amp;gt; despedida”. Me gustaría arrancar esa hoja, pero aún no la encuentro…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–… Eso es porque yo me encargo de arrancarla todos los días, tan pronto como aparece para amenazarnos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Y esa fue la primera vez que Alicia tomó la iniciativa al momento de hacer el amor con Sandra.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-4586825043978378335?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/4586825043978378335/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/11/sandra-y-alicia-tienen-una-cita.html#comment-form' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4586825043978378335'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4586825043978378335'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/11/sandra-y-alicia-tienen-una-cita.html' title='Sandra y Alicia tienen una cita'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-4076783008838610851</id><published>2011-10-30T17:11:00.006-03:00</published><updated>2011-11-11T12:09:59.336-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resonador Literario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantasía Austral'/><title type='text'>Programas de la 5º Semana Fantástica y de Noviembre Fantástico (2011)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A continuación se presentan la descripción y los programas de dos iniciativas literarias y culturales que tienen como eje temático a la fantasía y en las que participaré como integrante del colectivo Fantasía Austral.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;5º SEMANA FANTÁSTICA &lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-28vNvNdnH30/Tq2r_cWWNCI/AAAAAAAAAVk/eDRp9xUchZ4/s1600/Postal.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="266" src="http://2.bp.blogspot.com/-28vNvNdnH30/Tq2r_cWWNCI/AAAAAAAAAVk/eDRp9xUchZ4/s400/Postal.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;u&gt;Qué&lt;/u&gt;: Muestras especiales de cine, lanzamientos de libros y  cómics, conversación con invitados, presentaciones especiales y  estrenos, todos con la fantasía y la ciencia ficción como eje temático.  Organizado por Puerto de Escape e Insominia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Dónde&lt;/u&gt;: Teatro Condell, Condell 1585 (Valparaíso).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Cuándo&lt;/u&gt;: 2 a 4 de Noviembre (2011).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Valor&lt;/u&gt;: Gratuito, a excepción de las actividades pertenecientes a  la franja de las 21.00hrs dedicada a estrenos, cuya adhesión es de  $1000.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Programa&lt;/u&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;MIÉRCOLES 2 NOVIEMBRE&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja Destellos de culto - 17:00 hrs (Entrada liberada)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Invasión&lt;/i&gt;, dirigida por Hugo Santiago. (Argentina, 1969)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja Seminario de formación fantástico - 18:30 hrs&amp;nbsp; (Entrada liberada)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;A Gentleman Steampunk&lt;/i&gt;. Apertura musical y video experimental en  homenaje a Sergio Meier (1967 - 2009) a cargo del trío conformado por  Reinoso + Santana + Smith.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nuevos autores locales. Presentación de los escritores Sasha Hanning, autora de &lt;i&gt;Misterios y revelaciones en Allasneda&lt;/i&gt; (Puerto de Escape, 2011), y Pablo Rumel, autor de &lt;i&gt;Secuencia Chobart &lt;/i&gt;(Emergencia Narrativa, 2011)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja Nuevas coordenadas - 21:00 hrs&amp;nbsp; (Adhesión $1000)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Fase 7&lt;/i&gt;, dirigida por Nicolás Goldbart, premio a mejor guión SITGES 2010, Ciencia ficción. (Argentina, 2011)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;JUEVES 3 NOVIEMBRE&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja Destellos de culto - 17:00 hrs: (Entrada liberada)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Alucarda&lt;/i&gt;, obra de culto de horror mexicana, dirigida por José López Moctezuma, 1978.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja Seminario de formación fantástico - 18:30 hrs (Entrada liberada)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Teatro de Horror Cósmico&lt;/i&gt;. H.P. Lovecraft llevado por primera vez al teatro chileno, por la Cía. Mysteria (V Región).&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;-Conversación sobre novela gráfica y literatura del horror a cargo de Francisco Ortega (&lt;i&gt;60 Kilómetros, El Número Kaifman, El horror de Berkoff&lt;/i&gt;) y Néstor Flores Fica (&lt;i&gt;Barcelona. Tres novelas cortas de terror&lt;/i&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cine fantástico, la paranoia del fin de mundo a cargo de Miguel Angel Vidaurre (&lt;i&gt;El héroe en el umbral&lt;/i&gt;, estudio sobre cine western. Director de &lt;i&gt;Corazón Secreto, Oscuro Iluminado&lt;/i&gt;, y &lt;i&gt;Limbus&lt;/i&gt;. En el año 2010 crea &lt;i&gt;Factoría Espectra&lt;/i&gt; y está postproduciendo el documental &lt;i&gt;Marker 72&lt;/i&gt;.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja Nuevas coordenadas 21:00 hrs&amp;nbsp; (Adhesión $1000)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;-Somos lo que hay&lt;/i&gt;, producción mexicana dirigida por Jorge Michel Grau, seleccionada en SITGES 2010.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&amp;nbsp;VIERNES 4 NOVIEMBRE&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja Destellos de culto - 17:00 hrs: (Entrada liberada)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;The earth dies screaming&lt;/i&gt;, dirigida por Terence Fischer (Reino Unido, 1964)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja Seminario de formación fantástico - 18:30 hrs&amp;nbsp; (Entrada liberada)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Fantasía Austral&lt;/i&gt;, las nuevas voces de la fantasía en Chile,  presentación de jóvenes valores del género fantástico en Chile,  participan: Emilio Araya Burgos, Javier Maldonado Quiroga, Felipe Real  Hurtado y Paula Rivera Donoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Conversación acerca del cine, monstruos y miedos del fin de mundo cargo de&amp;nbsp; Jaime Córdova Ortega (&lt;i&gt;Hammer Films, Cine Documental chileno, Fenomenología de lo fantástico en el cine de Terence Fisher&lt;/i&gt;. Es director técnico del Festival de cine recobrado de Valparaíso)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Franja&amp;nbsp; Nuevas coordenadas - 21:00 hrs&amp;nbsp; (Adhesión $1000)&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Sobrevivir a la vida&lt;/i&gt;: &lt;i&gt;teoria y práctica&lt;/i&gt;,&amp;nbsp; última producción del destacado director Checo Jan Svankmajer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;NOVIEMBRE FANTÁSTICO&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-U3vdK9NCesI/Tq2sa7KhPSI/AAAAAAAAAVs/CJ6rq7Wnmh0/s1600/Novfant.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/-U3vdK9NCesI/Tq2sa7KhPSI/AAAAAAAAAVs/CJ6rq7Wnmh0/s1600/Novfant.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;u&gt;Qué&lt;/u&gt;: Ciclo sobre literatura fantástica que abarca actividades de mesas de charlas entre lectores y escritores, lanzamiento de obras, talleres de creación y discusión en torno a la autogestión en el género.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Dónde&lt;/u&gt;: Biblioteca de Santiago, Matucana 151.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Cuándo&lt;/u&gt;: 11 a 29 de Noviembre (2011).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Programa&lt;/u&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nombre actividad: &lt;b&gt;Lector v/s Lector&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Espacio: Sala Novedades&lt;br /&gt;Fecha: Viernes 11 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 18:30&lt;br /&gt;Descripción: Espacio de diálogo, debate y opinión desde la mirada de los lectores de literatura fantástica. Seguidores, público cautivo, principiantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nombre actividad: &lt;b&gt;Taller de creación de personajes fantásticos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Espacio: Sala Novedades&lt;br /&gt;Fecha: Sábado 12 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 11:00&lt;br /&gt;Descripción: Taller dirigido por José Luis Flores y Carlos Eulefi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nombre actividad: &lt;i&gt;&lt;b&gt;Universo Meier&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Espacio: Terraza Sala Literatura&lt;br /&gt;Fecha: Miércoles 16 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 16:00&lt;br /&gt;Descripción: Proyección del documental &lt;i&gt;Universo Meier&lt;/i&gt; de Ariel Valdivia, conversación con amigos-autores de Sergio Meier (Miguel Vargas, Carlos Lloró, Pato Alfonso; modera: Marcelo Novoa) y música electrónica: &lt;i&gt;A gentleman steampunk &lt;/i&gt;a cargo del trío experimental (Smith-Reinoso-Santana) (incluye imágenes intervenidas e inéditas de Sergio Meier, su biografía, entorno, contexto estético-narrativo, etc.) &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nombre actividad: &lt;b&gt;Charla literatura fantástica juvenil&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Espacio: Sala de Conferencias&lt;br /&gt;Fecha: Viernes 18 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 18:30&lt;br /&gt;Descripción: Participan: Sebastián Garrido, José Luis Flores, Felipe Real&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Modera: Francisco Ortega&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nombre actividad: &lt;b&gt;Taller de creación de personajes fantásticos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Espacio: Sala Novedades&lt;br /&gt;Fecha: Sábado 19 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 11:00&lt;br /&gt;Descripción: Taller dirigido por José Luis Flores y Carlos Eulefi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nombre actividad: &lt;b&gt;Ciclo Escritor v/s Escritor&lt;/b&gt; (Daniel Guajardo v/s Emilio Araya v/ Luis Saavedra)&lt;br /&gt;Espacio: Sala Novedades&lt;br /&gt;Fecha: Sábado 19 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 14:00&lt;br /&gt;Descripción: Encuentro de escritores en el cual podremos apreciar los diferentes enfoques, tendencias y estilos de la literatura fantástica en Chile.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Nombre actividad: &lt;b&gt;Ciclo Escritor v/s Escritor&lt;/b&gt; (Armando Rosselot v/s Alberto Rojas v/s XFlint)&lt;br /&gt;Espacio: Sala Novedades&lt;br /&gt;Fecha: Sábado 26 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 14:00&lt;br /&gt;Descripción: Encuentro de escritores en el cual podremos apreciar los diferentes enfoques, tendencias y estilos de la literatura fantástica en Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nombre actividad: &lt;b&gt;Lanzamiento de la novela de fantasía heroica&lt;/b&gt;&amp;nbsp; &lt;i&gt;&lt;b&gt;La Tercera Espada&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Espacio: Terraza Sala de Literatura&lt;br /&gt;Fecha: Jueves 24 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 18:30&lt;br /&gt;Descripción: La Tercera Espada, escrita por Vladimir Spiegel, seudónimo del abogado, Iván Sanhueza, el primer escritor no-vidente en sumarse a las huestes fantásticas Chilenas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nombre actividad: &lt;b&gt;Conversatorio sobre publicaciones y autogestión&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Espacio: Sala Novedades&lt;br /&gt;Fecha: Martes 29 de Noviembre&lt;br /&gt;Hora: 18:30&lt;br /&gt;Descripción: Instancia de conversación con los integrantes del colectivo de fantasía épica chilena &lt;i&gt;Fantasía Austral&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-4076783008838610851?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/4076783008838610851/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/programas-de-la-5-semana-fantastica-y.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4076783008838610851'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4076783008838610851'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/programas-de-la-5-semana-fantastica-y.html' title='Programas de la 5º Semana Fantástica y de Noviembre Fantástico (2011)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-28vNvNdnH30/Tq2r_cWWNCI/AAAAAAAAAVk/eDRp9xUchZ4/s72-c/Postal.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-7505254363728698780</id><published>2011-10-25T12:39:00.001-03:00</published><updated>2011-10-25T12:42:13.224-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historieta'/><title type='text'>Alejandra in Chains (viñeta)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-c3jAuOtyyVw/TqbTNGEiBoI/AAAAAAAAATM/YOcttdIXfUQ/s1600/CAJA1.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-c3jAuOtyyVw/TqbTNGEiBoI/AAAAAAAAATM/YOcttdIXfUQ/s1600/CAJA1.PNG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-U_gR42hAP80/TqbTZit3-KI/AAAAAAAAATU/CXfUn6Pn_rk/s1600/CAJA2.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="156" src="http://3.bp.blogspot.com/-U_gR42hAP80/TqbTZit3-KI/AAAAAAAAATU/CXfUn6Pn_rk/s320/CAJA2.PNG" width="320" /&gt;&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/-Akwdrop9oPo/TqbTs0U3KtI/AAAAAAAAATc/nLqm6Juve0A/s1600/CAJA3.PNG" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;img border="0" height="190" src="http://2.bp.blogspot.com/-UXiw3P8DR6o/TqbT7LaLkUI/AAAAAAAAATk/QCgLpeNzi4c/s400/CAJA4.PNG" width="400" /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;img border="0" height="193" src="http://2.bp.blogspot.com/-le1goUaku2Y/TqbUMFh6OaI/AAAAAAAAATs/R4flQwjHWxc/s320/CAJA5.PNG" width="320" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-9qzAw8BJwZY/TqbUa4Z2dhI/AAAAAAAAAT0/zx2Q72fjMv0/s1600/CAJA6.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-9qzAw8BJwZY/TqbUa4Z2dhI/AAAAAAAAAT0/zx2Q72fjMv0/s1600/CAJA6.PNG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-7pvNqG2vvlI/TqbUnyas1XI/AAAAAAAAAUQ/73EwLr2xgx0/s1600/caja9.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-7pvNqG2vvlI/TqbUnyas1XI/AAAAAAAAAUQ/73EwLr2xgx0/s1600/caja9.PNG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-NXfU1ljikWg/TqbUmu9VcSI/AAAAAAAAAUM/qpjnCChnYVk/s1600/CAJA8.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/-NXfU1ljikWg/TqbUmu9VcSI/AAAAAAAAAUM/qpjnCChnYVk/s1600/CAJA8.PNG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-OoJCQYAEBwk/TqbUj3L52qI/AAAAAAAAAT8/6IeX9SrOl-c/s1600/CAJA10.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="186" src="http://4.bp.blogspot.com/-OoJCQYAEBwk/TqbUj3L52qI/AAAAAAAAAT8/6IeX9SrOl-c/s400/CAJA10.PNG" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-7505254363728698780?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/7505254363728698780/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/alejandra-in-chains-vineta.html#comment-form' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7505254363728698780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7505254363728698780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/alejandra-in-chains-vineta.html' title='Alejandra in Chains (viñeta)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-c3jAuOtyyVw/TqbTNGEiBoI/AAAAAAAAATM/YOcttdIXfUQ/s72-c/CAJA1.PNG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-7528985744141392174</id><published>2011-10-21T11:39:00.003-03:00</published><updated>2011-11-16T12:41:42.864-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Alicia está triste, ¿qué tendrá Alicia?</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-s2xBCq7DnJs/TsPWTkFEHuI/AAAAAAAAAXo/FSg3r0bb7dc/s1600/fallingstardust.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="150" src="http://3.bp.blogspot.com/-s2xBCq7DnJs/TsPWTkFEHuI/AAAAAAAAAXo/FSg3r0bb7dc/s200/fallingstardust.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;© &lt;a href="http://fallingstardust.deviantart.com/art/Rain-on-the-window-38249637?q=boost%3Apopular%20rain%20open%20window&amp;amp;qo=29"&gt;fallingstardust&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;Sandra sintió que la remecían suavemente, con esa suavidad tan especial que tienen las personas de ademanes bruscos cuando se contienen. Abrió los ojos y debió cerrarlos casi en el acto, en un gesto de instintiva protección: los ventanales, abiertos de par en par, se diría que dejaban traspasar más luz que frío. Entonces oyó la voz suave de Alicia, que se recortó contra la oscuridad seca de sus párpados caídos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mira. El cielo tiene pelitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra se atrevió a entreabrir los ojos ante tan insólito comentario. ¿El cielo tenía pelitos? Pues ella tenía que verlo. Esta vez, el contorno del cuerpo de Alicia, ensombrecido por el contraste con la luz externa, le sirvió de parapeto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estaba garuando. Una vez que Sandra acostumbró sus ojos a la luminosidad derramada (que tampoco era tan insoportable después de todo), pudo contemplar con claridad las gotas de lluvia, que sólo eran visibles cuando las veía superponerse a la casa de enfrente. Eran unas gotitas pequeñas, numerosas, flexibles. A Sandra le daba la impresión de que habían nacido de un cubito de hielo gigantesco que hubiese sido lanzado a un corta papeles, de esos que convertían las resmas en interminables hilachas. Pero entonces sintió que la imagen de Alicia había sido más acertada: la constancia de la caída de las gotitas creaban la ilusión de que se trataba de vellos danzarines.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Me gustan estos días –comentó Sandra. En otras circunstancias, habría compartido su propia comparación con Alicia, pero ahora comprendía mejor los engranajes de la comunicación y ya no estaba dispuesta a hacerlos funcionar sólo para ver cómo los dientes avanzaban el uno sobre el otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alicia, como era de esperarse, no respondió al comentario. Pero sonreía. Sonreía de cara a los ventanales abiertos, dejando que la frialdad del exterior la acariciara. Sandra disfrutó pensando que el frío le ayudaba a cicatrizarle las marcas en su cuerpo, que a Alicia le gustaba sentir que los dedos del viento se le colaban por los pliegues de su ropa casi siempre ancha, o por los remiendos de la más desgastada. Parecía estar feliz y satisfecha. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Cuánta distancia había entre esa Alicia y la otra!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra había llegado de casualidad ese caluroso día a visitarla. Bueno, no estrictamente casualidad: esa visita correspondía a un plan previamente trazado que no tenía más fin que acercarse más a la arisca Alicia. Contra toda expectativa o sentido común, Sandra había decidido correr todo tipo de riesgos con tal de conocerla más, incluso el de incomodarla gravemente, hasta el punto de ganarse su odio. Y Alicia, como era tan Diferente como el resto, en realidad no tenía la sensatez ni la mala educación suficiente como deslizar evasivas protocolares o decirle de una vez que no deseaba saber nada más de Sandra. En realidad, la presencia constante y sicopática de Sandra le llamaba mucho la atención; a veces se encontraba a sí misma pensando casi con anhelo si ese día Sandra llegaría de improviso a su pensión a molestarla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pues bien: en este extraño juego de visitas deseadas/involuntarias, Sandra había terminado por llegar precisamente en un momento decisivo en Alicia, pero uno bastante angustiante, uno en que de verdad la muchacha hubiese preferido sufrirlo en silencio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alicia estaba sollozando. Sandra no pudo dejar de oírlo, apostada contra la puerta como solía hacerlo, en busca de algún indicio de la vida privada del objeto de su curiosidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Alicia, ¿estás bien?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra también era Diferente, vale decir, tenía un sentido del tacto en cifras negativas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Alicia!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La voz de Alicia brotó como un ladrido entonces: –¡Ándate! ¡Quiero estar sola!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Pero estás bien?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡¡Te parece a ti que estoy bien!! ¡Voy a estar bien cuando te vayas!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡No! Cuando las personas lloran, siempre necesitan que alguien las abrace o consuele. No me voy a ir de aquí hasta que me abras y yo pueda ver que estás mejor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Que no! ¡Ándate! ¡No quiero consuelo! ¡Y tú no podrías consolarme! ¡Te vas a quedar ahí para siempre!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Pues me quedo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Y Alicia sintió que un objeto muy grande y pesado se dejaba caer al suelo. Se imaginó con gran precisión la figura rechonchota de Sandra sentándose de golpe, enfurruñada. Pero el dolor era demasiado grande aún y pronto se olvidó de eso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras unos minutos más de sollozo, la voz de Sandra resonó: –¡Voy al baño y vuelvo! (Sucedía que la pensión tenía un “baño común”)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alicia ignoró el comentario, aunque se le quedó rebotando en la mente por su estupidez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otros minutos después, Sandra realizó un acto performativo: –¡Volví! –y había vuelto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡¡Ándate!! –chilló Alicia (no lo pudo evitar; a pesar de todo, su voz de mujer seguía siendo suave y clara), lanzando su mochila llena con enorme potencia hacia la puerta. Silencio absoluto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sorpresivamente, la situación se repitió al cabo de un rato: –¡Voy al baño otra vez y vuelvo! Y luego: –¡Volví otra vez!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para entonces, la solemnidad que Alicia tanto había procurado resguardar se había hecho añicos. ¿O quién podría seguir dándole rienda suelta a sus penas sabiendo que del otro lado había una pelirroja con sobrepeso que de cuando en cuando anunciaba sus idas y vueltas al baño?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En eso, un tercer grito, más desesperado: –¡Al baño…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y después de una eternidad, un murmullo entre gemidos: –Volv… Uh… Ah… ¡Ah…!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alicia se alzó de la cama y fue a abrir la puerta, justo a tiempo para recibir entre sus fuertes brazos el cuerpo rollizo de Sandra tambaleándose hacia delante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Sandra! ¿Estás bien?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡¡Tengo que ir otra vez… al baño!!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Por qué vas tantas veces al baño.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡¡Tengo diarrea!!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Unos rugidos extraños, como si unas tripas estuviesen retorciéndose en un amasijo de bilis y jugos gástricos, resonó por toda la pieza. Sandra deformó en una mueca de dolor sus facciones delicadas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡¡Me muero…!! ¡Ayúdame…!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Comiste algo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Uh… Un completo… un berlín… un helado… un jugo… un algodón de azúcar… una manzana confitada… una cajita de leche… Parece que la leche estaba descompuesta…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–… Eres una chancha.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡¡La chancha se muere…!! ¡Ayuda a la chancha! ¿O… o me vas a hacer fiambre…?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Qué asco! Soy vegetariana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–“No me refería a eso…” … ¡¡Ah!! ¡Tengo que vomitar…! ¡Baño, baño!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alicia señaló entre resignación y preocupación la ubicación de su propio baño personal. Sandra entró como un torbellino cobrizo y estuvo echando el estómago por la boca hasta que ya sólo pudo botar hilillos de saliva. Alicia entró a tiempo, una vez cesadas las arcadas, para sostenerle la cabeza antes de que la dejase caer por la taza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿Cómo te sientes?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Oh… –Sandra alzó la cabeza, ayudada por Alicia. Sus ojos verdes estaban luminosos por las lágrimas del esfuerzo. Estaba pálida y de aspecto enfermizo, pero parecía estar lejos de la muerte que tanto había pronosticado– ¡Ahora veo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¿?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–… Cuando tengo nauseas me mareo y no puedo ver bien. Ahora me siento mucho mejor. ¡Uf! Gracias, Alicia. Sé que es un asco, pero no lo pude evitar. Te voy a ayudar a limpiar más tarde, por mientras… –tiró de la cadena– Me echaré una siestita en tu camita, ¿vale?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡No! ¡Ándate a tu casa! ¡Estás enferma!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–… Pucha, perdón… Yo quería preocuparme por ti, no que tú te preocuparas por mí… ¿Cómo te sientes? ¡Ya no estás llorando!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡Cómo voy a llorar si una pelirroja gorda está vomitando en mi baño! Es como ridículo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Tienes razón. Disculpa… Pero al menos te distrajiste un poco… ¿verdad?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–¡! … … … Es cierto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alicia tenía los ojos muy hinchados y enrojecidos, pero la expresión de su rostro volvía a estar tan serena como siempre, acaso un poco constreñida por la preocupación y el enfado que la grotesca intromisión de Sandra le habían causado. Sandra le sonrió. Sus dientes, pese a la cochinada que habían anidado hacía un rato, refulgían blancos y sinceros. Alicia le facilitó un cepillo de dientes nuevo de emergencia; la joven se restregó con energía su boca maloliente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra salió del baño, aún tambaleándose. Sus ojos cansados se posaron de inmediato en el lecho de Alicia, levemente desparramado tras haberla alojado en su llanto, y se dejó caer encima de él con bastante torpeza. Quedó sepultada boca abajo, casi inmóvil.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Oye… –murmuró con la voz sofocada– Tu cama es muy dura…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Claro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–… No tienes almohada…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–No necesito.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra se dio unas cuantas vueltas antes de acomodarse en posición fetal. Alicia se quedó mirándola con espanto por unos minutos hasta que por fin pudo reaccionar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–… Te voy a traer pastillas de carbón de la farmacia de al lado. Espérate un poco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Alicia…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero Alicia ya se había ido. Sandra abrió los ojos y miró enfrente: el velador de Alicia. Había una pequeña lamparita, un mp3 y un caballito de madera tremendamente rústico que Sandra estaba segura no haber visto antes, en sus anteriores visitas. Como fuese, era evidente que Alicia era muy sobria y que no permitiría ningún adorno en su pieza que no tuviese una razón más íntima para quedarse… como la misma Sandra, cuyo súbito malestar la había excusado de ser expulsada a patadas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Oh, y al lado del caballito había un sobre muy grande y no menos tosco. Sandra, aburrida y de mejor ánimo ahora que tenía las tripas en orden, empezó a curiosearlo. Por accidente, se le cayó la carta de su interior encima de sus pechos. Se disponía a guardarla, pero la caligrafía manuscrita era tan basta que su curiosidad fue más fuerte que su sentido de la discreción y el respeto por la privacidad de Alicia. Leyó:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Gauchita,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Techamos de menos. Sos nuestra nenita. Siempre. Papa te izo un cabayito de madera para que te acordes de nosotros. Volve pronto a la Argentina.&lt;/i&gt; &lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te amamos Alicia.&lt;/i&gt; &lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Papa y mama&lt;/i&gt; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Alicia nunca supo por qué Sandra la abrazó de esa forma cuando regresó con las pastillas de carbón. Sin embargo, y aunque tampoco supo el porqué de esto, ese abrazo lo sintió tan cálido y delicioso que no pudo evitar corresponderle, y así sus brazos rudos se alzaron para estrechar a su vez a ese cuerpo tan blando como dulce.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde ese día, desde que Alicia había conocido el vómito de Sandra y Sandra las lágrimas de Alicia, los lazos entre ambas se estrecharon lo suficiente como para permitirle a una dormir siesta en la pieza de la otra, y a la otra despertar a la una sólo porque estaba garuando. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero claro: hasta el momento de esta narración, Alicia había visto el vómito de Sandra, pero Sandra sólo la huella de las lágrimas de Alicia. Sólo pudo conocerlas cuando Alicia consiguió reanudarlas en sus ojos, y esto ella lo logró sólo cuando oyó que Sandra, impostando un acento que no le pertenecía pero que bebía directamente de unas fuentes comunes a toda muchacha independiente que se hallase lejos de su hogar, le susurró al oído, mientras aún la abrazaba con fuerza: “Llorá”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-7528985744141392174?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/7528985744141392174/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/alicia-esta-triste-que-tendra-alicia.html#comment-form' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7528985744141392174'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7528985744141392174'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/alicia-esta-triste-que-tendra-alicia.html' title='Alicia está triste, ¿qué tendrá Alicia?'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-s2xBCq7DnJs/TsPWTkFEHuI/AAAAAAAAAXo/FSg3r0bb7dc/s72-c/fallingstardust.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-3390296921047449942</id><published>2011-10-14T18:47:00.000-03:00</published><updated>2011-10-14T18:47:35.081-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Una historia bélica</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&amp;nbsp;&lt;i&gt;-a y.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Teniente (R) no quería saber nada ya de la milicia. Se había recluido en una casita de campo y se dedicaba a la agricultura. Todas sus condecoraciones y pensiones habían sido donadas a la institución que acogía a los niños damnificados por la guerra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era un hombre íntegro, pero para nada sentimental. Reconocía con igual sensatez los horrores perpetrados por el prolongado enfrentamiento como los beneficios que había conseguido nuestra patria con su victoria.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Teniente, como era conocido por todos, siempre estaba dispuesto a contarle a quien quisiera oírle que una espada podía tanto agredir como proteger. Todo dependía de la voluntad de la mano que la esgrimía, y de la voluntad de la nación que esgrimía a cada hombre poseedor de una espada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por eso me extrañó tanto descubrir en su casa un viejo soldadito de juguete: me pareció una posesión incoherente. Entonces el Teniente me contó la historia del soldadito. Una historia bélica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp;–Era el asalto final en la capital. El capitán enemigo había hecho una arremetida casi suicida contra nosotros: todas sus tropas las había dividido en tres, comandando él mismo una de ellas. Nosotros no sabíamos cuál&amp;nbsp; pero sí que si lográbamos asesinarlo ganaríamos: no existía mejor guerrero más dque él en el otro bando.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»Así que salimos a la lucha a dar lo mejor de nosotros, que era a la vez lo peor que teníamos, y batallamos a ciegas. Pero pasó que, en el portal que estábamos protegiendo, se oyó el grito claro de un niño: “¡Ha caído! ¡Ha caído! ¡Victoria para la patria!”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»A pesar de la bulla, lo oímos perfectamente. Hace meses que no se escuchaban niños en la calle; esa voz tenía que estar diciendo verdad. Confiados por la buena nueva, la derrota del capitán enemigo, aniquilamos a las tropas rivales con las que estábamos peleando, acobardadas porque también habían alcanzado a oír la noticia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»Pero había un hombre del escuadrón rival que no había oído nada. El mejor guerrero contra el que yo jamás había luchado. Estuve a punto de morir bajo su sable, pero me imaginé la sonrisa del niño al clamar nuestra inminente victoria y por fin conseguí traspasarle el cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»Gritamos de alegría por todas las calles. Yo no quise celebrar en ese momento; sólo quería encontrar al pequeño que, como nuestro ángel de la muerte, había guiado nuestras armas. Pero sólo me topé con un cadáver de niño destrozado por una ráfaga de balas perdidas y a su madre sollozando a su lado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»Me contó gimiendo que le había dicho que se quedara en casa, que era peligroso afuera. Pero los niños eran niños, y se las había arreglado para escaparse a la calle con sus soldaditos de juguete. Ella estaba en la pieza, abrazando a sus tres hermanitos menores, cuando escuchó sus gritos desde afuera. Comprendió entonces que se había escapado a jugar, y que para peor estaba provocando a los soldados… Pero no alcanzó a encontrarlo a tiempo. Nunca olvidaré sus palabras: "Unas balas se llevaron a mi hijo… Teniente, dígame usted, ¿de qué sirve la victoria de un país si hay un niño muerto?”&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Pero fue una muerte heroica –dijo yo al ver que por el silencio del Teniente éste daba por finalizada la historia–. Gracias a ese niño, ganamos la guerra. Ustedes creyeron que el capitán ya había sido muerto, y sólo así usted pudo encontrar la fuerza suficiente como para vencer a su más fuerte rival, que era el capitán mismo, sin conocer de su identidad, ¿verdad?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Usted no entiende nada. El heroísmo no tiene sentido ante un niño muerto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Pero tampoco lo tiene el guardar como recuerdo su juguete.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En eso estuvo de acuerdo conmigo el Teniente. El problema fue que me lo entregó a mí. ¿Qué iba a hacer yo con un soldadito?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Déselo a su hijo. Ojalá para él la guerra nunca deje de ser más que un juego.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No pude decirle que yo sólo tenía una hija. De todas formas, acepté el regalo y se lo di a ella como tal, sin ninguna expectativa ni aproximación de lo que iría a hacer mi pequeña con tan masculino regalo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para mi sorpresa, con el tiempo descubrí que ese anónimo soldadito raso se había transformado en el granjero Tom, quien ahora pasaba su ficcional vida pastoreando vacas de plástico y viviendo en una casita hecha de palos de helado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;Me pregunté qué pensaría el Teniente si supiera del curioso desenlace de su historia, pero supuse que él no me daría respuesta. Quizá habría tenido una del dueño original del ex soldadito, pero él ya estaba muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;(2010)&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-3390296921047449942?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/3390296921047449942/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/una-historia-belica.html#comment-form' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3390296921047449942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3390296921047449942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/una-historia-belica.html' title='Una historia bélica'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-917003133059186461</id><published>2011-10-10T21:04:00.001-03:00</published><updated>2011-10-10T21:10:01.929-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pensamientos'/><title type='text'>Más vale tarde que nunca...</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al fin me decidí y lo creé. Llevaba ya un buen tiempo redactando textos de presentación y uno que otro artículo, hasta el día de hoy en que he organizado todo y me abocado a la tarea de crearlo. Ya expliqué ahí el motivo de este pequeño gran paso, pero no está de más hacerlo también por acá, con una orientación distinta. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es muy simple: a pesar de que este blog es bastante disperso en sus temáticas (Alejandra, Literatura, crítica social, difusión cultural, etc.), ninguno de los tópicos tratados parecía ser compatible con una de mis pasiones más entrañables y más marginada en los círculos en donde suelo moverme, salvo excepciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el 2010 retomé la escritura fantástica y en el 2011 fui agarrando progresivamente vuelo, pudiendo compaginarla sin problemas con mis otros textos literarios. El rescate me hizo, sin embargo, volverme sobre aquello que más me había influenciado en la literatura fantástica, un elemento que había debido relegar por obligaciones de todo tipo pero que recordaba con mucho cariño por constituir, casi por sí solo, en el mayor emblema de mi infancia y de mis sufrientes días adolescentes, cuando me sentaba con rabia ante el computador a escribir sagas de más de mil páginas, dándole la espalda a un mundo que siempre ha sido ridículo y desdeñoso con los que son distintos a la masa mediocre y analfabestia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sentía que, de algún modo u otro, tenía que redimir la decadencia a la que el prejuicio obtuso de la gente ceñía este elemento del que hablo. Y eso deseo hacer ahora. La apertura de este nuevo blog es el primer paso. Sé que a muy pocos les importará esto, pero yo estoy decidida a emprender este viaje. Será casi un goce privado de los iniciados, pero tengo la esperanza de que alguien más, un lego en el tema, sea lo bastante abierto de mente como para querer aprender algo de esto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Y por qué me sigo justificando? Ah, la costumbre. Pero ya basta de eso. Los prejuicios se combaten a golpes de argumentos razonables y seriedad. A los que quieran acompañarme en este viaje, hagan clic &lt;a href="http://lanarrativarpg.blogspot.com/"&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;aquí&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-917003133059186461?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/917003133059186461/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/mas-vale-tarde-que-nunca.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/917003133059186461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/917003133059186461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/mas-vale-tarde-que-nunca.html' title='Más vale tarde que nunca...'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-8337240308738498248</id><published>2011-10-05T14:31:00.001-03:00</published><updated>2011-10-05T14:33:21.652-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pensamientos'/><title type='text'>Reflexiones sobre la autoeducación</title><content type='html'>&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-rCDXIkD-19E/ToySTaMrzlI/AAAAAAAAASA/0FOg9FNfh6o/s1600/che.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-rCDXIkD-19E/ToySTaMrzlI/AAAAAAAAASA/0FOg9FNfh6o/s320/che.jpg" width="212" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;El Che leyendo en un árbol (&lt;a href="http://www.puntofinal.cl/716/biblioteca.php"&gt;Punto Final&lt;/a&gt;)&lt;/td&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A lo largo de los últimos meses, las discusiones en torno a las temáticas educativas han proliferado por todo tipo de medios, desde los más masivos a los más íntimos, sin importar la postura política o apolítica de quienes discuten. Pareciera que ya no queda ninguna arista sin plantearse y que ahora todo se debate en un diálogo entre sordos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que en medio de todos los argumentos y contraargumentos, la educación en sí misma y todo lo que puede conllevar ha sufrido un peligroso proceso de abstracción en el discurso. Es inevitable, sí, y más aún cuando se habla de “políticas educativas”, pero quizá sería bueno detenernos un momento y observar la situación en frío. ¿De qué hablamos cuando hablamos de educación?&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin ánimo de volver sobre las teorías pedagógicas y su cúmulo de definiciones desde distintas orientaciones, creo que una acepción básica sería la del fomento del aprendizaje constante de diversos saberes, costumbres o similares, ya sea por métodos formales (instituciones pedagógicas, docentes, curricula educativos) o informales (núcleo familiar, estudios propios).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He leído en muchas partes, de gente que ha participado activamente en las tomas, paros y actividades culturales en el marco de lo anterior, que nunca se ha aprendido tanto como ahora, y no puedo estar más de acuerdo. Se podría objetar que no es posible, que estas manifestaciones precisamente han coartado el espacio de aprendizaje condensado en el colegio o la universidad. Esto también es cierto, pero no es la única verdad. Eso equivale a restringir la educación a una sola de sus aristas, la formal, la académica, que coincidentemente es aquella que contribuye a insertarnos en un sistema sociocultural con unos códigos rígidos y premisas neoliberaloides que a mí al menos me cuesta tolerar: competitividad, proactivismo, negocio y lucro (legítimo o no), pragmatismo, entre otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es novedad para nadie los problemas de nuestra educación escolar y universitaria. Brechas insoslayables de resultados entre establecimientos escolares estatales y privados; métodos deficientes de ingreso a la universidad (PSU), que se basan en acumulación de contenidos conceptuales y estrategias de resolución de alternativas múltiples en lugar de medir las habilidades básicas necesarias para la supervivencia (redacción, comprensión lectora REAL, etc.); sobrecarga horaria de docentes que tienen numerosos cursos y que deben sacrificar su espacio privado para corregir y sacar promedios, restringiendo la calidad de sus planificaciones y actividades pedagógicas; mediocridad general de los estudiantes de universidades privadas que estudian carreras tradicionales y que prácticamente terminan comprando sus títulos 2 x1… Y así; podría extenderme párrafos y párrafos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a todo, la mayoría decide seguir adelante y como sea con sus estudios formales porque la sociedad mueve a eso. Con plata baila el mono, se dice coloquialmente. De ahí que carreras en particular como las Ingenierías (Comerciales, sobre todo) o Derecho sean tan bien miradas: su valor principal reside en la remuneración económica que puedan alcanzar. Quizá me equivoque, pero jamás he oído que un ingeniero comercial declare que ha estudiado eso por su intención de contribuir a un alza equitativa de la economía, que no enriquezca más ni empobrezca más a los de siempre, ni que un leguleyo declare que él está convencidísimo de poder ser un brazo de la justicia. La respuesta siempre es la misma: por la plata. Por la plata, o para meter presos o cagar a los vándalos, a los rojos, a los maricones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué pasa cuando este sistema se paraliza temporalmente? Muchos de los jóvenes que han salido a las calles han intentado responderse a sí mismos esta pregunta. Algunos –los menos, a pesar de esa obsesión malsana de la prensa masiva por demostrar lo contrario– han aprovechado la instancia para dinamitarlo todo. La gente los llama vándalos, delincuentes, encapuchados cobardes, entre otros rótulos, pasando por alto que la violencia, en muchos casos, resulta ser una respuesta condicionada por el medio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros han visto estas instancias como unas vacaciones extendidas, espacios ideales para tomar, follar y drogarse en libertad, sin hacer mucho más. Aunque claro, estos han estado así casi toda su vida, así que no hay mucho más que agregar al respecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros han logrado conocer una nueva forma de aprendizaje en el proceso de informarse sobre los temas en cuestión, redactar y emitir declaraciones, preparar afiches y eventos artísticos con sus consignas. Se han hecho talleres y clases al margen del sistema, sobre áreas que no tienen nada que ver con el currículum nacional y que no están orientadas a la elaboración de productos vendibles ni a una preparación que encamine hacia esto. Actividades inútiles desde un sentido práctico, como lo es la cultura y las artes. Actividades necesarias en un aspecto que va más allá de conformar la familia modelo, con una casa de veraneo con tres baños, una piscina, un jacuzzi, un autazo, un blackberry, un I Phone último modelo, salidas periódicas a las tiendas de sushi o a los Starbucks. Actividades inútiles y subversivas, como todo lo que realmente vale la pena en esta vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese es el tema que muchos han eludido en sus conversaciones: la autoeducación y el aprendizaje de aspectos no utilitarios. Me he topado con más de una persona que valora con fervor la enseñanza netamente expositiva, de exposición literal de contenidos conceptuales, de dictado incluso, de esas que te preguntan qué le pasó al protagonista en el capítulo cuatro. Lamentable, ¿verdad? Curiosamente, son personas de universidad privada y que tienen serias deficiencias en la expresión verbal escrita (y que le tienen miedo a los libros al considerar “fome” leer, aprovecho de decir). Permítaseme ser prejuiciosa hasta que alguien me lo refute con buenos argumentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las tareas más complejas de la docencia es asumir un rol de guía para el estudiante para que éste sea el constructor de su propio conocimiento. Siempre existe el peligro de condicionar demasiado el aprendizaje, o de dejar al joven demasiado a su suerte. Pero es sumamente pleno cuando se logra el equilibrio y son los estudiantes mismos quienes llegan a conclusiones rupturistas o polémicas. Pocas cosas son más sanas que conformar una actitud incrédula, crítica y subversiva ante lo que nos rodea. Y eso, por supuesto, es algo que no le conviene a una nación que pretende mantener la inmovilidad socioeconómica que favorezca a los mismos de siempre. Se sabe: en el momento en que alguien abre un libro, las clases dirigentes (que, a todo esto, ¿leen? ¿Leen literatura o filosofía, por ejemplo?) tiemblan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que ese tipo de lectura y aprendizaje importa mucho más que la seguidilla de posgrados que podamos hacer en nuestras sendas áreas académicas. Por supuesto, a mí me encantaría hacer diplomados, magíster y doctorados en Literatura, pero no para añadir estos cursos en mayúsculas en mi (pobre) currículum, sino porque de verdad me interesaría aprender algo distinto en el área que es mi pasión y elaborar un estudio que pueda iluminar nuevas lecturas. Para mí no se trata de un plus para ganar más plata, sino de un asunto de conocimiento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso aquellos que sostienen que estudiarán posgrados para perfeccionarse en un aspecto en concreto de sus disciplinas merecen dudas. Es cierto que puede haber una intención sincera de desempeñarse de la manera más depurada posible, pero siempre estará la amenaza de que esta especialización termine volviéndose en un pretexto más para volverse un profesional mejor cotizado por el mercado académico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo cierto es que los mejores profesionales son aquellos que demuestran verdadera pasión por sus trabajos: no hay que olvidar esta obviedad. A los que ariscan la nariz ante mis renuncias frente al ejercicio de la docencia, les recuerdo que mi vida es la literatura, no la pedagogía. Estaría bastante satisfecha si sólo pudiera hacer clases literarias y a un curso genuinamente interesado en ella, pero por lo pronto lo único que es capaz de provocarme verdadera fruición es la escritura y la lectura. Y, por cierto, convendrán conmigo en que nada es más triste que un profesor de Lenguaje que sólo lee el repertorio de obras sugeridas por el Mineduc y al que, en el fondo, no le gusta mucho leer. Yo lo viví en mi universidad y constato que es un hecho que hay gente de la carrera que no lee y que –horror– no sabe redactar. Imagínense las pedagogías de las universidades privadas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, hay que recuperar el sentido del estudio por el aprendizaje en sí mismo, y uno que trate de ser lo más integral posible. Es verdad que estamos limitados a cierta cantidad de tiempo de vida y de sanidad mental y que es imposible abarcarlo todo, pero sí tratar de extender todo lo que podamos ese perímetro, sin abandonar la profundidad. Este tema es muy importante, porque hoy en día reina la cultura wikipédica, esa que en realidad no es más que un umbral dibujado a grafito y sin perspectiva. Wikipedia es el más ínfimo de los pasos y no puede sobredimensionarse, menos aún en un ámbito más serio y con una perspectiva crítica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que volver, en la medida de lo posible, a las enciclopedias de toda la vida, en las que cada entrada era una condensación extrema de la pulpa más pura de conocimientos y que, en el mejor de los casos, exhibía también un estilo y una erudición particulares y muy placenteros de leer. Si ya no es posible (¿cuánto cuesta una buena enciclopedia hoy en día, con la mayoría de sus tomos?), ahí están innumerables portales y blogs en internet que, además de presentar información, ponen a disposición de todos textos ya inencontrables. Basta una mirada crítica y de sentido común para determinar la calidad del material encontrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí están también los libros de la colección “Para Principiantes”, maravillosos tomos que explican y glosan en términos sencillos las principales características de autores, personajes históricos y diversas personas cuyos aportes, en suma, son indispensables para comprender el devenir sociohistórico de nuestra realidad. Además, vienen con dibujitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es posible acceder al conocimiento que más importa, aun cuando las condiciones tiendan a restringirlo, aun cuando el rol de la pedagogía formal esté igualmente restringida por el contexto y se oriente más a lo práctico. Ya que está tan de moda hablar de crisis (del país, del planeta, que el presidente y el cometa no sé cuánto), que nos pille con un libro en la mano. Con un libro en la mano mientras leemos desde nuestras respectivas trincheras, sean reales o metafóricas. Esa será nuestra mejor arma y nuestra mejor armadura, hasta el día en que ya no tenga que asumir roles bélicos y regrese a su esencia más básica: conocimiento, arte, humanidad. Si es que eso es posible.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-8337240308738498248?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/8337240308738498248/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/reflexiones-sobre-la-autoeducacion.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/8337240308738498248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/8337240308738498248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/10/reflexiones-sobre-la-autoeducacion.html' title='Reflexiones sobre la autoeducación'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-rCDXIkD-19E/ToySTaMrzlI/AAAAAAAAASA/0FOg9FNfh6o/s72-c/che.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-606671269752889866</id><published>2011-09-26T14:39:00.000-03:00</published><updated>2011-09-26T14:39:45.714-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resonador Literario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hebra'/><title type='text'>Programa Descentralización Poética + Feria Libertaria Gimpert (Valparaíso, 2011)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A continuación se presentan los programas de dos iniciativas literarias, artísticas y culturales a darse dentro de los próximos días (29 de Septiembre en adelante) en Valparaíso: la &lt;i&gt;Descentralización Poética&lt;/i&gt; y la &lt;i&gt;Primera Feria Libertaria Gimpert&lt;/i&gt;. Se agradecería la difusión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;DESCENTRALIZACIÓN POÉTICA&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-pmkUBBIBAnM/ToC3T_JE9eI/AAAAAAAAAR4/Qh8LI5IAiuQ/s1600/despoetica.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/-pmkUBBIBAnM/ToC3T_JE9eI/AAAAAAAAAR4/Qh8LI5IAiuQ/s1600/despoetica.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los días 29 y 30 de septiembre, y 1 y 2 de octubre, se realizará por primera vez en Valparaíso este encuentro que ha juntado a poetas de todo Chile con la noble tarea de esparcir la poesía por todos los rincones del país. (...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Valparaíso, todo parte con una gran fiesta para recaudar fondos a realizarse el día &lt;b&gt;miércoles 21 de septiembre a las 22 horas en el bar La Playa&lt;/b&gt; (“Fiesta de Sobrevivientes”), con las actuaciones de Caallo Loco y Reween Piter Ponx junto a Ariel Soza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación, el programa confirmado de la Descentralización Poética Valparaíso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Programación&lt;br /&gt;DESCENTRALIZACIÓN POETICA VALPARAÍSO - LA TERCERA ORILLA&lt;br /&gt;29 y 30 de septiembre – 1 y 2 de octubre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;JUEVES 29&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10 – 12 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Talleres en escuelas y liceos de Valparaíso y Quilpué&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Autobiografía y Alquimia, por Rosa Alcayaga (Liceo Eduardo de la Barra)&lt;br /&gt;- Danzas y Juegos de mi Tierra, por Bárbara Garay (Escuela Montedónico)&lt;br /&gt;- Haikú y Origami, por Jaime Araya y Nina Avellaneda (Quilpué)&lt;br /&gt;- Fanzine, por Constanza Araya (Eduardo de la Barra)&lt;br /&gt;- Pintura y Poesía, por Pamela Espinoza (Colegio Mar Abierto)&lt;br /&gt;- Analogía Visual, por Colectivo Analogía Visual (Escuela Montedónico)&lt;br /&gt;- Collage Poético, por Joyce Olavarría (Quilpué)&lt;br /&gt;- Pónle Color al Cuento, por Josefina Rodríguez y Nicolás Ugarte (Escuela Montedónico)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16 – 18 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Once Alternativa, Performance, Poesía y Música en la Plaza O`Higgins&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lectura de Narradores&lt;br /&gt;- Performance de Alejandra Muñoz&lt;br /&gt;- Música: Jorge Liar – Monte de Pedro&lt;br /&gt;- Intervención teatral de Pato Carlos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19 – 21 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Recorrido poético por la toma de la Universidad de Playa Ancha&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12 poetas manifiestan su apoyo a la lucha estudiantil leyendo sus textos y compartiendo con los estudiantes de las 4 sedes tomadas de la UPLA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Participan Atena Rodó, Pablo Suazo, Yeko Aguilera, Denis Palacios, Absalón Opazo, Priscila Cajales, Catalina Espinoza, Enrique Winter, Sandra Marín, Felipe Poblete, Carlos Henrickson, Rosa Alcayaga, Marjorie Mardones, Nibaldo Acero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;VIERNES 30&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10 – 12 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Segunda parte de talleres en escuelas y liceos de Valparaíso y Quilpué&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Autobiografía y Alquimia, por Rosa Alcayaga (Liceo Eduardo de la Barra)&lt;br /&gt;- Danzas y Juegos de mi Tierra, por Bárbara Garay (Escuela Montedónico)&lt;br /&gt;- Haikú y Origami, por Jaime Araya y Nina Avellaneda (Quilpué)&lt;br /&gt;- Fanzine, por Constanza Araya (Eduardo de la Barra)&lt;br /&gt;- Pintura y Poesía, por Pamela Espinoza (Colegio Mar Abierto)&lt;br /&gt;- Analogía Visual, por Colectivo Analogía Visual (Escuela Montedónico)&lt;br /&gt;- Collage Poético, por Joyce Olavarría (Quilpué)&lt;br /&gt;- Pónle Color al Cuento, por Josefina Rodríguez y Nicolás Ugarte (Escuela Montedónico)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12 – 14 horas&lt;br /&gt;Museo Lord Cochrane (cerro Cordillera)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Lectura Poética con Mujeres del Taller de Poesía de la Cárcel de Valparaíso&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Participan Libertad Manque, Kai Allen, Ema Ugarte, Devora Concha, Patricia Monroe y Taira Pizarro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17 – 18 horas&lt;br /&gt;Mesa Redonda en el Café Mora de Valparaíso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;La mujer y el Lenguaje: ¿Sujeto u objeto de palabras?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Participan Rosa Alcayaga, Kai Allen y Atena Rodó&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Noche de Poetas&lt;/i&gt; en Estación Cielo Abierto, Ferrari 68, Valparaíso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Participan Ediciones Edipos, Karen Toro, César Hidalgo, Soledad Fariña&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;SÁBADO 1&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11 – 12 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Taller de Danzas Tradicionales del Norte de Chile&lt;/i&gt; en la Caleta Portales&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dirigido por Bárbara Garay&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14 – 20 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Feria de Editoriales Independientes&lt;/i&gt; en las terrazas del Ascensor Espíritu Santo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Participan editoriales Perros de Puerto, Puerto Alegre, Inubicalistas, La Mancha, El Puñal, Rayuela Corta, Revista Cavila, Nihil Obstat, Chancacazo, más organizaciones sociales de Valparaíso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lectura de poesía, música, y la participación de la Junta de Vecinos del Cerro Bellavista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Participan en poesía, Flavio Dalmazzo, Felipe Moncada, Karen Devia, Gladys González, Natalia Rojas, Marisol Ibarra, Amanda Espejo, Gabriel Palomo, Margarita Bustos, Alejandra Montoya, Rosa Alcayaga, Ximena Rivera, Felipe Ugalde, Atena Rodó. En música, Diente Diamanto, Claudio Martínez, Pablo Morales, Taira Pizarro, Flores de Bach, Monte de Pedro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15 – 17 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Lectura de poetas de Villa Alemana&lt;/i&gt; en el Centro Cultural Dupré-Rosenquist&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transmisión radial en directo por Radio Comunitaria Aldea Chile y transmisión por televisión on line (streaming), a través de &lt;a href="http://www.radioaldea.cl./"&gt;www.radioaldea.cl.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Participan poetas del Centro Cultural Alianza de las Artes y de Radio Aldea Chile, más Eduardo Gómez, Jaime Araya, Fernanda Pavié, Alondra Limón y Daniela Olguín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Lanzamiento del libro "Ropa Dispersa” de Ema Ugarte&lt;/i&gt;, en la Estación Cielo Abierto, Ferrari 68, Valparaíso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Presentación del libro en conjunto con la &lt;i&gt;muestra del cortometraje “Pasos”&lt;/i&gt; de Lorena Zilleruelo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gala itinerante de poetas al estilo porteño&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intervenciones en los bares Canario y Ritual, terminando con un recital a la medianoche en el mítico bar Mariela de subida Ecuador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;DOMINGO 2&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18 horas&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Clausura Descentralización Poética Valparaíso en Bar Pajarito&lt;/i&gt;, junto a la Revista Cavila&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lectura de poesía, música, resaca y tragos poéticos especialmente preparados para la ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Participan todos los poetas y músicos de Descentralización Poética Valparaíso, La 3ra. Orilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más información en:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://descentralizacionpoetica.blogspot.com/"&gt;http://descentralizacionpoetica.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fuente&lt;/b&gt;: &lt;a href="http://www.cavila.cl/2011/09/16/se-viene-la-descentralizacion-poetica/"&gt;Cavila&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;PRIMERA FERIA LIBERTARIA GIMPERT&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-3xYvcszl3bQ/ToC3w4HBneI/AAAAAAAAAR8/NM5i8LBqH1s/s1600/feriagimpert.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="283" src="http://3.bp.blogspot.com/-3xYvcszl3bQ/ToC3w4HBneI/AAAAAAAAAR8/NM5i8LBqH1s/s400/feriagimpert.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La invitación es para este &lt;b&gt;domingo 2 de octubre&lt;/b&gt;, en el edificio &lt;b&gt;Gimpert&lt;/b&gt;, al lado del mercado El Cardonal, a la PRIMERA FERIA LIBERTARIA DE LA TOMA GIMPERT, en donde abriremos la &lt;b&gt;plaza Talcahuano&lt;/b&gt; a la comunidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La programación es la siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La feria se abre oficialmente a las &lt;b&gt;10 AM&lt;/b&gt;. Se servirá un plato único de &lt;b&gt;porotos&lt;/b&gt; a partir de las &lt;b&gt;14 horas&lt;/b&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el día tendremos funcionando los siguientes &lt;b&gt;talleres&lt;/b&gt;:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Origami&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Malabares&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Stencil &lt;br /&gt;-Empaste de libros artesanales &lt;br /&gt;-Dibujo y caricatura &lt;br /&gt;-Guitarra &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;A partir de las &lt;b&gt;5 de la tarde&lt;/b&gt; comenzará la &lt;b&gt;lectura poética&lt;/b&gt;, con micrófono libre y, para finalizar, a las &lt;b&gt;8 de la tarde&lt;/b&gt; tocarán las siguientes &lt;b&gt;bandas invitadas&lt;/b&gt;:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Fesdeska &lt;br /&gt;-Pablo Lefio &lt;br /&gt;-Sudor de ano &lt;br /&gt;-Mc zes &lt;br /&gt;-Cachivache &lt;br /&gt;-Akbar y los pitufos &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paralelamente a esto, Radio Placeres estará transmitiendo en todo momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Están todos invitados a participar de este evento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un afectuoso abrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;-Comisión Resistencia Gimpert&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fuente primaria&lt;/b&gt;: &lt;a href="http://arbolquemado.blogspot.com/2011/09/primera-feria-libertaria-gimpert.html"&gt;arbolquemado&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-606671269752889866?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/606671269752889866/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/programa-descentralizacion-poetica.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/606671269752889866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/606671269752889866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/programa-descentralizacion-poetica.html' title='Programa Descentralización Poética + Feria Libertaria Gimpert (Valparaíso, 2011)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-pmkUBBIBAnM/ToC3T_JE9eI/AAAAAAAAAR4/Qh8LI5IAiuQ/s72-c/despoetica.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-7033140816717349692</id><published>2011-09-19T14:51:00.000-03:00</published><updated>2011-09-19T14:51:52.687-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Alejandra en la víspera del 18</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;(Escrito de un tirón, sin corrección alguna, como casi siempre con Alejandra &amp;amp; amigos. Felices fiestas, especialmente a los que no las celebran como dicta la sociedad)&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alejandra había salido más temprano del colegio ese día debido a la indisposición de un profesor con el que tenía nada menos que cuatro horas de clases seguidas. Ella fue la única del curso que no emitió esos típicos gritos barbáricos de alegría espontánea al enterarse de la noticia, tan propios de hallar en los adolescentes y aun en gente ya mayorcita. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;No es que no le alegrara ese inesperado lapso de libertad –el profesor indispuesto era de Matemática–, pero ella era una chica muy esquemática para su edad. Estaba habituada a levantarse todos los días de semana casi de madrugada, prepararse un desayuno rápido y hacer alguna tarea o labor de estudio pendiente antes de encaminarse a su colegio. Una vez allí se apoltronaba en su puesto (que obviamente no era pareado), sacaba sus cuadernos y pretendía dar la impresión de prestar atención a la clase mientras, disimuladamente, leía bajo el banco. En las pruebas trataba de contestar todo lo más rápido posible, de modo que casi siempre terminaba siendo la primera en entregar la hoja de respuestas. Entonces tenía permiso para abandonar la sala y pulverizar su mirada en los escasos árboles del patio general, aprovechando el silencio y desamparo que reinaba en él en las horas de clase, sin la presencia de esos bulliciosos escolares. En los recreos, cogía su libro y se atrincheraba en la escalera del tercer piso del establecimiento, al frente de una abandonada sala que apenas se usaba para electivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando le tocaba almorzar en el colegio, repetía casi el mismo patrón de aislamiento libresco, pues generalmente sólo llevaba un sándwich con un jugo; comida fácil de consumir mientras se leía. Al término de la jornada escolar, la joven se encaminaba a pie hacia su casa, donde a veces retomaba la lectura en la comodidad de su propia pieza. En otras ocasiones, cuando se sentía más animada y no había mucho que hacer para el día siguiente, se entregaba de lleno a la creación de sus Mundos hasta el punto de la extenuación mental. En tardes más sombrías, sus fuerzas estaban destinadas a discutir con sus demonios, fantasmas y Voces. La extenuación que venía entonces era emocional, y aun vital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como fuese, se trataba de una existencia bastante organizada y tranquila, pero por lo mismo anodina. Las mayores aventuras eran las que se topaba en su proceso de creación. Era una lástima que estuviese atada a ese universo plomizo del colegio, de la sociedad: estudiar, tener amigos, pasarlo bien, entrar a la universidad, seguir estudiando, tener sexo, tener más amigos, pasarlo bien hasta el extremo del vómito y el chillido animal, egresar, trabajar, casarse, tener hijos, tener auto, casa, vida real. ¿Quién podría disfrutar de una existencia así? Alejandra no, desde luego. La vida debía ser algo más que una sucesión de vacuidades, pensaba. Pero qué difícil para una adolescente de 17 años, que para peor se sabe distinta a los demás, hacerse un lugar en ese mundo tan hostil, un lugar que no desmereciese a sus fantasías más plenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, lo que Alejandra evitaba decirse a sí misma era su absoluto terror a arriesgarse a esa búsqueda. Estaba dispuesta a someterse a las penurias más grandes ante la página en blanco, forzar a sus personajes y a su entorno a las vueltas de tuerca más desgarradas, pero se sentía incapaz de romper los moldes a los que había encorsetado su propia realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie sabe muy bien cómo partir: al menos eso tenía la joven a su favor. La Salida era siempre a solas, además. Las manos amigas aún estaban bajo la forma de puños cerrados, invisibles, nodos en los que Alejandra no tenía derecho a apoyarse para darse impulso a sí misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus padres nunca se habían preocupado mucho por ella (en parte porque había resultado ser una muchacha extraordinariamente independiente a pesar de su enfermedad mental); era Alejandra misma quien se había colocado esas vallas en su día a día. En verdad, debía reconocer que su trayecto iba del colegio a la casa porque no tenía nada más que hacer afuera. No tenía amigos, no tenía vida (lo que la gente común entendía por vida), era una joven sola caminando bajo la bóveda de árboles con la mirada perdida en reinos lejanos. Todo lo importante se fraguaba en su pecho, en su imaginación, en el reverso de sus ojos azules. Vivía como una proyección de carne de aquella voz que construía y destruía, tan así que no fue sino hasta bastantes años después en que por fin aprendió que debía mirar a ambos lados antes de cruzar una calle. Pero los dioses que le habían brindado el don demiúrgico nunca permitieron que su protegida pereciera bajo las ruedas de los autos que, entre bocinazos y frenadas intempestivas, se las arreglaban para no arrollar a la jovencita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día en que resultó que un evento externo había alterado su orden, Alejandra se propuso dar el primer paso. Los padres la supondrían aún en el colegio. En el resto de la semana no quedaba tarea alguna por hacer. Se aproximaban las fiestas patrias del país en donde vivía (Alejandra tenía una confusa ascendencia italiana-escandinava-argentina-chilena, pero ella consideraba como única patria sus propios Mundos). Era una instancia ideal para lanzarse a la aventura más extraña que hubiera vivido hasta entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mediodía estaba claro, con pocas y esponjosas nubes en un cielo tan perfectamente celeste que movía a la sonrisa. Por algún motivo, pese a ser víspera de fiestas había muy poca gente en la calle, cuando lo usual era que varios estuvieran realizando las últimas compras apresuradas. Allá, hacia la playa, se distinguían unas manchitas de colores lejanas que debían ser volantines. Alejandra deseó ser uno: el viento estaba maravilloso, imponente y fresco, pero lo bastante recatado aún como para no levantarle su falda de uniforme ni revolverle su pelo lacio y negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra se encontró encaminándose hacia el último sitio que podría haberse imaginado en otras circunstancias: el mall, el imperio de plástico. Adentro, el aire acondicionado estaba en su punto justo, acaso por la escasa presencia de personas comprando o vitrineando. Tanto espacio para avanzar (o deambular, más bien, porque era bastante torpe en su forma de caminar) se sentía extraño bajo los pies. Alejandra se dedicó a mirar insistentemente hacia arriba de la estructura, curiosa, aprovechando que era poco probable que chocara contra alguien. Así anduvo por un buen trecho, hasta que casi cayó de boca al fin de una escalera mecánica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces le dio sed. Afortunadamente le quedaban unos billetes en el monedero. Quería comprarse un libro, pero comprendió que siempre podría robárselo si lo necesitaba. De modo que se dirigió hacia una tienda de jugos naturales y pidió un milkshake caro, como casi todas las cosas comestibles y bebestibles que vendían en los malls.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer sorbo fue maravilloso: un golpe de hielo que le enturbió los sentidos. Exhaló un pequeño suspiro de satisfacción, lo que no era usual en ella, que trataba en lo posible de renegar de lo fisiológico con esa pedantería tan propia de su edad. Pero es que estaba muy rico y muy helado, se dijo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvo que cerrar los ojos para concentrarse en la sensación. Habrá estado cerca de media hora bebiendo sorbo a sorbo, inmersa en sus propias visiones internas, ante la mirada curiosa de las vendedoras. Esa era una experiencia nueva: sumergirse en sus Mundos, pero con ese cable a tierra que era la bombilla y el líquido que transportaba a su boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando terminó, se sintió tranquila. Una tranquilidad nueva: la de la guatita llena de jugo con helado. Por precaución pasó al baño antes de marcharse. Alejandra solía olvidarse de sus necesidades fisiológicas, hasta que de pronto se daba cuenta de que estaba a punto de orinarse o de defecar. No quería que eso le sucediese ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y ahora qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminó dirigiéndose a la playa, a la competencia de volantines. Compró uno con el vuelto del milkshake. El joven vendedor, encandilado por la belleza de la chica, no escatimó en esfuerzos por enseñarla a encumbrarlo. Alejandra, curiosamente, resultó una buena pupila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;––Ahora, trate de correr pa’allá, pa’ que coja vuelo ––sugirió el joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra identificó el “pa’ allá” como un punto indefinido en el horizonte y emprendió la carrera. El joven celebró con unos gritos y una sonrisa la hazaña de la chica, hasta que comprendió que acababa de perderla de vista para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra corrió y corrió, esquivando a la poca gente que aún paseaba por la calle. El sol ahora pegaba fuerte sobre su nuca y el viento se le colaba, descarado, bajo su faldita. Cuando se atrevía a mirar atrás, veía la manchita ya bien alto, siguiéndola. La visión la movió a la risa, pero no supo por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin, luego de casi haberse pasado a Valparaíso, dejó de correr. Se sentó unos instantes para recuperar el aliento. El corazón latía con toda la violencia de sus 17 años, con más intensidad que los latidos ridículos de las jovencitas calenturientas. Alejandra sucumbió ante un malestar producto de la loca carrera, pero se decidió a quedarse ahí hasta que se le pasara. El volantín seguía en sus manos; podía sentir el tirón del hilo entre sus dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No ayudó mucho el olor a asado o a choripán que seguía impregnando el aire, pero terminó acostumbrándose. Finalmente el malestar cedió y Alejandra bajó el volantín. Siguió hacia delante; no había mucho más que hacer. Sus pies estaban adoloridos bajo los zapatos escolares, pero Alejandra no le prestaba mucha atención al dolor físico a menos que fuese tan incómodo como para dejarla tendida e inmóvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a Barón al borde de la insolación. Tuvo que comprarse una bebida sólo para pasar la superficie helada de su vidrio por sus mejillas enrojecidas. Le escocían los ojos y cada vez le costaba más reprimir los bostezos de cansancio y hambre. Fuera de eso, estaba extraordinariamente feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al momento de sentarse una vez más, descubrió que la hora había avanzado más rápido de lo que pensaba. El cielo parecía un lienzo sobre el que se hubieran derramado los colores más intensos de una paleta. Del celeste homogéneo de la mañana no quedaba ni rastro. La visión, llena de pliegues y matices, hinchió el espíritu de Alejandra como sólo podía sucederle a una adolescente a la que no le queda ya mucho de eso. Siendo buena lectora, pronto le había agarrado un rechazo visceral a la descripción literaria del crepúsculo, una cursilería imperdonable. Pero ahora caía en la cuenta de que nunca había visto un atardecer real, cara a cara. Y el espectáculo era hermoso. Que algunos estúpidos creyeran que podían traspasar con sus palabras su belleza era otra cuestión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra comprendió que había cosas de las que jamás podría escribirse. Y, por primera vez, asumió esto como una tragedia necesaria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien tuvo la buena –u oportunista- ocurrencia de hacer sonar &lt;i&gt;Arrebol&lt;/i&gt; de Los Jaivas. Los parlantes se llenaron de esa melodía más oscura de lo que podría percibirse en una primera oída, con esos teclados épicos, como correspondía a la muerte de la luz del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra presenció esa dulce decadencia con una emoción que sólo había sentido al leer una novela que hubiese conectado con su imaginario personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt; /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman";}&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;♫ Ya la luz del día no es más que un arrebol que sobre el horizonte quedóoo ♫&lt;/i&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt; /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman";}&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La sirena de unos barcos rajó los compases finales. Los tonos pasteles se habían desteñido en una gama ahora sombría, apagada y sin embargo serena. Alejandra sintió depositarse en su menudo cuerpo todo el cansancio que hasta entonces había relegado. La luna no tardaría en gritar a viva voz su presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con las últimas monedas que le quedaban, la joven tomó una micro que la dejara cerca de casa. Las luces de los barcos, en la fatiga de su mirada, se confundían con las estrellas. Se fue cabeceando el resto del viaje, pero los dioses la despertaron pocos metros antes de su paradero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entró a la casa con el ánimo sereno, a pesar de que se esperaba una reprimenda gigantesca o el desdén más helado. No encontró nada: sus padres no estaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra suspiró. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún tenía hambre, pero la debilidad era más fuerte. Bebió un poco de jugo y luego se puso el pijama. Cayó como la ola más pesada sobre su cama. Apenas alcanzó a emitir unos ruiditos de complacencia ante la comodidad de las mantas antes de quedarse dormida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los padres llegaron varias horas más tarde. Luego de asegurarse de colocar toda la comida en orden en los estantes, se acordaron de que tenían una hija a la que habían olvidado avisarle de su ausencia. Al abrir la puerta de su pieza (Alejandra solía encerrarse, pero ahora el cansancio le había hecho olvidar toda precaución), descubrieron el bultito que hacía su cuerpo, perdido en el reino de los sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;––Y pensar que ahora mismo casi todos los cabros deben estar empezando el dieciocho y esta pailona está raja durmiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madre no era tan inteligente como para articular este tipo de ironía, así que se limitó a celebrar la ocurrente salida de su esposo. Luego, ambos se fueron a tomar una cerveza al living.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera, en el mundo exterior, las ramadas empezaban a aceptar público. Al cabo de unas horas cayeron los primeros cuerpos saturados de alcohol, música monótona y chillidos estentóreos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, una suave sonrisa se dibujaba en el rostro dormido de una muchacha.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-7033140816717349692?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/7033140816717349692/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/alejandra-en-la-vispera-del-18.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7033140816717349692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7033140816717349692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/alejandra-en-la-vispera-del-18.html' title='Alejandra en la víspera del 18'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-2320391180728757140</id><published>2011-09-16T19:24:00.000-03:00</published><updated>2011-09-16T19:24:18.770-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Música'/><title type='text'>Misterios de la música</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Music is a mysterious thing. Sometimes it makes people remember things  they do not expect. Many thoughts, feelings, memories... things almost  forgotten... Regardless of whether the listener desires to remember or  not." (C.U, &lt;i&gt;Xenogears&lt;/i&gt;)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object width="320" height="266" class="BLOGGER-youtube-video" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" data-thumbnail-src="http://1.gvt0.com/vi/kMTF-wu-PPk/0.jpg"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/kMTF-wu-PPk&amp;fs=1&amp;source=uds" /&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF" /&gt;&lt;embed width="320" height="266"  src="http://www.youtube.com/v/kMTF-wu-PPk&amp;fs=1&amp;source=uds" type="application/x-shockwave-flash"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-2320391180728757140?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/2320391180728757140/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/misterios-de-la-musica.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2320391180728757140'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2320391180728757140'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/misterios-de-la-musica.html' title='Misterios de la música'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-7437230998965760784</id><published>2011-09-11T12:06:00.000-03:00</published><updated>2011-09-11T12:06:13.766-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Alejandra soñó que era una mariposa</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alejandra soñó que era una mariposa. Cuando despertó, naturalmente, no había mariposa alguna que sus ojos pudiesen ver. En realidad, pensó que lo raro sería que de veras hubiese habido una mariposa frente a sus ojos, en una suerte de coincidencias que sólo se le daban a los chinos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra no es china, pero sabe dibujar. Invocando a su vigilia su propia imagen de cuando era mariposa en sus sueños, se dibuja a sí misma, titulando su obra &lt;i&gt;Autorretrato&lt;/i&gt;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra sonríe: sabe que las mariposas jamás podrán trazar los contornos de una mujer con su polen.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-7437230998965760784?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/7437230998965760784/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/alejandra-sono-que-era-una-mariposa.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7437230998965760784'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7437230998965760784'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/alejandra-sono-que-era-una-mariposa.html' title='Alejandra soñó que era una mariposa'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-3424115238074923941</id><published>2011-09-03T11:38:00.000-03:00</published><updated>2011-09-03T11:38:59.055-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pensamientos'/><title type='text'>Reflexiones sobre la lectura callejera</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Siempre me han intrigado esas personas que leen en los andenes y que dejan que el metro pase de largo cuando finalmente llega. Tal vez me agrada el contraste entre la prisa de los otros pasajeros y de la propia máquina con el ritmo pausado de la lectura, que de partida requiere cierta inmovilidad física.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muchas veces intenté darle a esta curiosa escena una explicación más o menos razonable, como por ejemplo, exceso de puntualidad que debía ser regulado de alguna forma, o metros que finalizaban su recurrido en Sargento Aldea en lugar de hacerlo en Limache. Pero luego me di cuenta de que era inútil explicar algo que no tenía sentido bajo la lógica de quien sólo ve al metro como un medio de transporte más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A mí me gusta viajar en metro. En verdad, la palabra metro es bastante fea. Varias veces me han reprochado que lo que une el Puerto con Limache no es un metro, sino un tren, o un metrotren, para ser más exactos, porque en estricto rigor el servicio sólo tiene tres estaciones subterráneas. Pero yo me quedé pegada con lo del metro, aun cuando sea muy distinto a los de Santiago, con su chillido de Nâzgul mecánico y sus enrevesadas combinaciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me gusta observar el mar por la ventana cuando me toca viajar a Valparaíso y también a la gente que viaja conmigo. La disposición de la mayoría de los asientos hace que los rostros se enfrenten inevitablemente. Esos rostros a veces cansados, a veces enfurecidos, siempre tan indiferentes con lo que pasa a su alrededor. Muchos (yo entre ellos) solemos llevar los audífonos puestos para aislarnos a medias. Por lo menos yo no me dedico tanto a escuchar música en esos momentos como a ponerle un tema de fondo a lo que estoy observando, por el barullo que generalmente se arma en cada vagón. No faltan los grupitos de amigos varones estridentes que terminan cada frase con un “weón” y cuyas desagradables voces de pato son capaces de superar cualquier barrera de riffs que intente oponerle. Tampoco faltan los niños incapaces de gozar en silencio el viaje y que se dedican a rabiar o a insultar a la gente. A veces, en el mejor de los casos, suben los músicos ambulantes, que por fortuna suelen ser más talentosos que casi todos los que me tocó ver en las micros. Tan pronto siento los primeros acordes sonar, pongo pausa al reproductor con una mezcla de ansiedad y alivio. Esos minutos son sólo suyos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero las personas que más disfruto observar son, obviamente, las que leen en el metro. Ahí donde falla la música portátil debiera tener éxito el acto de concentrar el espíritu en la lectura. Pocas imágenes son más hermosas que las de alguien leyendo en la calle, contra todo y contra todos. Es una belleza que pocos pueden comprender, aunque quizá precisamente por eso, por ser algo que en lo que al parecer tan poca gente repara, me dedico a disfrutar de la escena.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Supone hacer a un lado la imagen del lector encerrado en su biblioteca o en la comodidad de su espacio hogareño, un tipo de lector tan válido como cualquier otro pero que lamentablemente ha devenido en patética caricatura al no poder rozar la erudición ni profundidad lectora de un Borges, por poner un ejemplo extremo. Este otro tipo de lector, el que se alcanza a avistar en una plaza o en un metro, parece recurrir a la lectura como una necesidad antes que como placer en sí mismo. Me imagino que suele ser alguien que no tiene el tiempo ni el espacio suficiente en casa como para dedicarse de lleno a la actividad, y que por lo mismo se ve forzado a trasladarla a otras instancias, transgrediendo de paso las funciones que erróneamente se le asignan a la ciudad: tránsito, vitrineo, compra, espectáculo. Leer en los espacios propios de la ciudad supone estar y no estar en ella. Una declaración de principios, me atrevería incluso a decir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Claro que no todo lo que se lee al exterior merece este tipo de análisis. Hay mucha gente que adquiere novelones best seller como elemento de ornamentación en sus salones, y para quienes el hecho de exhibirse en la calle leyendo uno de estos es motivo de presunción: el libro como moda, como lo que hay que leer en un momento dado para así adquirir el estatus de contingente, de popular, de estar &lt;i&gt;in&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Confieso que ese tipo de lector no me atrae en lo absoluto, en gran medida porque para mí ni siquiera es un lector propiamente tal. Incluso el intelectualismo más decadente me parece más digno, porque por lo menos hay una conciencia de que hay algo en la cultura letrada más erudita y cifrada que vale la pena. Tal vez este otro tipo de lectura (la “intelectualoide”, como lo llaman algunos, gente que –curiosamente– rara vez agarra un libro en su vida) no se diferencia mucho respecto a aquélla, pero a mis ojos tiene más esperanzas de redimirse. Hay algo de tierno también en aquel que valora de tal manera a los libros que insiste e insiste en leer una página de la que no entiende nada, en principio sólo para mostrarse a sí mismo leyendo esa monstruosidad; con el tiempo, si persevera, el sentido se armará a partir de los pedazos de comprensión. Y eso ya será algo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Debe haber pocas cosas más entretenidas e inútiles que el intentar una tipología –arbitraria, como todas las tipologías, claro– de lectores, acaso la lectura en sí misma. En mis instancias de reflexión en mis viajes en metro, juego a intentarlo cada vez que descubro a alguien leyendo. Primero trato de distinguir la portada y luego, reconocido el libro, me lanzo de cabeza a este estúpido ejercicio, que podría ser catalogado a su vez como “intelectualoide”, de no ser porque yo me lo tomo efectivamente como un juego. De todas las personas que hasta ahora he puesto en el tablero (que, para qué andar con cosas, son bien pocas), sólo unas cuantas se me han quedado en la memoria:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Una joven leyendo &lt;i&gt;Cartas a Théo&lt;/i&gt;, de Van Gogh. De pie.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Un joven leyendo &lt;i&gt;V for Vendetta&lt;/i&gt;, de Alan Moore. Sentado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Una señora de aproximadamente sesenta años leyendo &lt;i&gt;Canciones Punk para Señoritas Autodestructivas, &lt;/i&gt;de Daniel Hidalgo. Sentada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Un joven leyendo un libro de Raymond Carver cuyo título no recuerdo, pero sí que era un Anagrama (ese desastroso color amarillo pato… ¡cómo olvidarlo o pasarlo por alto!). Sentado. En la estación subterránea de Viña del Mar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A veces sueño con el instante en que una persona como cualquiera de las anteriores entable conversación conmigo. Seguramente tendríamos mucho de qué hablar, sobre todo de esa pasión secreta y silenciosa que supone leer, volviendo esta actividad un tanto menos solitaria. Aunque bueno, después descubro que lograr eso significaría interrumpir ese espacio de lectura, profanarlo. Entonces renuncio a este sueño y dejo las cosas tal como están. Creo que es lo mejor: yo también tengo que leer mucho antes de permitirme una pausa como esa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-3424115238074923941?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/3424115238074923941/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/reflexiones-sobre-la-lectura-callejera.html#comment-form' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3424115238074923941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3424115238074923941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/09/reflexiones-sobre-la-lectura-callejera.html' title='Reflexiones sobre la lectura callejera'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-3764234241059574234</id><published>2011-08-25T20:04:00.000-03:00</published><updated>2011-08-25T20:04:55.329-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>De Barbies y Dinosaurios (cuento)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;(Cuento sin pulir, escrito hace tiempo bajo la nostalgia de los dinosaurios)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El celular de Fernanda sonó como siempre: inoportunamente. Se encontraba en pleno proceso de cocina cuando sintió esa tonadita ridícula, que alguna vez había sido su melodía preferida, rajando la tranquilidad de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se había comprado la cosa esa su mamá había sido la primera en festejar, pero la verdad es que recibía tarde, mal y nunca llamadas de ella. En todo ese tiempo, Fernanda no había logrado comprender los códigos de una conversación telefónica:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;–Hola, hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola, mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo está?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo le está yendo en la universidad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y sus amigos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ahí, como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No carretee mucho el fin de semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Voy a estar estudiando, mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de esa introducción protocolar, mamá tomaba las riendas del diálogo, transformándolo en un monólogo que se desenrollaba como la cinta de un mago enroscándose en la oreja de Fernanda. La joven se limitaba entonces a emitir pequeños monosílabos o gruñidos que pudiesen interpretarse como señas que estaba siguiendo el laberinto de palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuera de esas llamadas esporádicas, el celular de Fernanda sólo sonaba por error. Esa tarde supuso que ese sería el caso, porque su madre acababa de llamar el día anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Aló?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Aló? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una voz femenina desconocida. Fernanda preparó sus cuerdas vocales para pronunciar el solemne “equivocado”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Fernanda? ¿Fernanda W.?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fernanda efectivamente se llamaba Fernanda W., así que resultó que no era una llamada equivocada después de todo. Una serie de explicaciones lógicas recorrieron la mente de la chica: deudas impagas con la universidad, un accidente fatal de su madre, una estafa telefónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola. Yo soy Camila A. No creo que te acuerdes de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Fernanda sí se acordaba. Lentamente volvió a la cocina a apagar los fogones; ese sería un día más en el que no podría almorzar como la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… No, no me suena…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Yo fui compañera tuya en la básica en el Colegio I., en el 199X.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Te estuve buscando por Facebook hasta que te encontré y vi que tenías tu celu en el perfil, así que aproveché para llamarte. Resulta que nuestra generación de 8º está organizando una junta de curso, para que compartamos experiencias ahora que ha pasado tanto tiempo y somos viejotas todas ya. ¿Quieres venir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fernanda dejó de ver el dintel oscurecido de la puerta, las murallas pintadas con tizas de colores, la ampolleta de ahorro y su triste luz blanquecina, la pieza que conformaba la pensión en donde alojaba. Sus ojos se posaron inertes sobre el mundo de sus 2X años y volvieron a ver un patio de cemento, con las mañanas demasiado frías y luminosas para una niña a la que obligaban a usar jumper mientras debía mantenerse inmóvil en la formación de todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, no sé… Ahora, con la U…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tus amigas confirmaron todas su asistencia. Me dijeron que habían perdido el contacto contigo, pero que querían mucho saber de ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amigas. Fernanda cerró los ojos y logró ver al fin unos rostros infantiles de facciones difuminadas por los años, unos rostros lisos y comunes, sin carácter. Esos rostros que pasaban inadvertidos en las fotos de curso, pero que al fin y al cabo conseguían ser aceptados y aun amados con el paso del tiempo. Esos rostros que alguna vez estuvieron siempre a su lado en las fotos, en los bancos de la sala, que sólo hacían resaltar su nariz grande, sus labios gruesos, sus cejas marcadas. Ese tipo de rostro que jamás debiera dársele a una niña tímida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Me imagino que ellas se han seguido viendo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, por eso quieren retomar el contacto contigo. Recordar viejos tiempos y todo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Para nosotras sería súper bueno que fueras, Fernanda. Sé que nosotras no fuimos muy… muy buenas contigo en esa época, pero qué tanto, éramos pendejas. De chicos nos mandamos puras cagadas; de eso se trata. Ahora podemos hablar todas como mujeres adultas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué es ser mujer adulta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué es ser pendeja?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué es… mirar hacia atrás con los ojos limpios de lágrimas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿… Qué es hablar con alguien que tiene mucho que decirte, que ha esperado más de diez años para hacerlo y para entregarte lo que te pertenece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Necesito verte, Fernanda. Tengo algo para ti. Este jueves a las 5, en la entrada del B. Yo estoy igual que siempre, sólo que ahora uso dreadlocks. ¿Puedes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Poder, puedo. ¿Pero qué te hace pensar que voy a ir? ¿Para que pase lo mismo que la última vez? ¿Que todas las últimas veces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sé que vas a ir porque nunca dejaste de hacerlo. Todas las veces fueron la última vez. Siempre lo supiste y fuiste igual. Siempre. Una y otra vez. Estupidez, valentía, dignidad. Como quieran llamarlo. Sólo sé que siempre vienes, y que ahora no será la excepción, lo que es bueno, porque ahora de verdad necesito verme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y ahora sí que no me pasará nada? ¿Ah?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Al contrario. Te pasarán muchas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando se oyó el último clic, los vapores de la comida interrumpida habían terminado por desvanecerse de la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Igual que siempre, pero con dreadlocks. Camila había sido siempre una niña robusta y altísima, de muy chica una pequeña marimacho y de menos chica una coqueta masa de carne prepúber a punto de madurar a una atractiva feminidad. Cuando Fernanda vio un mastodonte con formas mujeriles en medio de la entrada del B., ni siquiera tuvo que fijarse en sus hermosos dreadlocks rubios para reconocerlo. El tiempo, le dicen. Mentira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Viste? Yo sabía que vendrías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así nada más, sin saludo, sin sorpresa en los ojos. Y Fernanda sí que había cambiado mucho desde esos años. Alta también, con las facciones más suaves por un riguroso uso del maquillaje, más flaca y con lentes de contacto. Apariencias. Más mentiras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Dónde están las otras?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cuáles otras?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Las que salían siempre detrás de tu espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camila se echó a reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tonta. No me hagas sentir más monstruo ahora. Ven, te invito un helado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Fernanda la encantaba que la invitaran a tomar helado, pero sólo porque se lo comía tan rápido que siempre tenía una excusa para permanecer en silencio con su interlocutor: dolor de cabeza, congelamiento de la lengua; lo que fuese para no tener que hablar, para estar frente a alguien sin molestarse en articular palabra alguna. El silencio había sido su aliado desde lejanos días, y lo había seguido siendo todas las veces que Camila y sus amigas la pillaban desprevenida en un pasillo del colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hazlo rápido. Qué es lo que quieres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Devolverte algo que es tuyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Mi infancia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Más o menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué es lo que hace a alguien recapacitar de la nada? ¿Lo comido y lo bailado…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es una historia larga, como todas las historias que valen la pena. Es la historia de un dinosaurio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fernanda detuvo la paleta del helado en medio de la bola de piña, para ya no sacarla jamás a la superficie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Hace un tiempo, una niña estaba con sus amiguitos del jardín cuando la tía, que estaba en el segundo piso, dejó caer unos juguetes desde lo alto para que jugáramos todos. Eran distintos juguetes, para niños y niñas. La niña de la que hablo llevó rápidamente a todas sus amigas a la zona donde habían caído los monos con el pretexto de que las Barbies habían quedado accidentadas por la caída y necesitaban atención. Los niños no necesitaron ninguna excusa: se abalanzaron como los brutos que eran sobre los camiones y robots y ese tipo de cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;»Cada una de las niñas recogió una Barbie o una muñeca del suelo. Sólo una, una especialmente tosca, de trapo, quedó tirada; era muy fea y a ninguna le gustó. La niña de la que habla mi historia se dio cuenta entonces de que otra niña, esa niña que había entrado con ella al jardín pero que apenas conocía, estaba mirando la muñeca y que parecía estar pensando si valía la pena acercarse a ella o no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;»La niña de mi historia, por joderla, recogió la muñeca y le quitó para siempre la oportunidad. No quería la muñeca fea; quería simplemente arrebatársela a la otra chica. ¿Por qué? Sólo Dios lo sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;»Pero los niños habían dejado también tirado otro juguete: un dinosaurio. Y la niña de mi historia no alcanzó a quitárselo también a la otra, porque la otra fue más rápida en esa ocasión. Pero la niña de mis historia nunca olvidó esa visión tan patética de una niña tan chica y rara, con un bicho feo tipo lagarto, mal hecho más encima, en sus manos. Eso y su expresión de felicidad en su rostro. La niña de mi historia se propuso entonces hacer lo imposible por arrancarle también ese objeto a la otra, costase lo que costase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Y lo logró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, lo logró. Ella fue siempre muy determinada en sus cosas. Lo que se proponía lo conseguía. También encontrarte a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Entonces nada. Pasa el tiempo. Las Barbies se van poniendo viejas, aunque algunas intenten echarle bótox al plástico. Pero un dinosaurio no. Los dinosaurios soportaron por eras y eras la existencia, hasta que supuestamente vino un meteorito que hizo entrar al planeta en una era glacial que los aniquiló porque…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Porque supuestamente sus escamas y su “piel” en general no tenían la capacidad de mantener el calor, a diferencia del pelaje abrigador de los primero mamíferos, quienes sí lograron soportar la era glacial y que vendrían a ser nuestros más remotos ancestros en la cadena evolutiva. Por decirlo de una forma simple, con manzanitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Yo lo único que aprendí de las Barbies fueron las vestimentas del mundo, para esa edición especial del año del cuete. ¿Qué tipo de dinosaurio era ese?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Un velocirraptor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pues esa cosa perfectamente podría haberse comido una Barbie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No iba a estar desgastando su dentadura en weás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camila volvió a reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es verdad… el velocirraptor tiene otros propósitos más importantes en la vida, antes de que muera de frío. Y para recordártelo, te lo he traído. Toma, ten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camila depositó la figura tosca y un tanto mohosa de un dinosaurio made in China, apenas similar a un velocirraptor, sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es tuyo otra vez, Fernanda. Como siempre lo fue, como siempre tuvo que haber sido. Tú nunca quisiste una Barbie, ni estar con nosotras. Y ahora que vuelve a ti, impone. Que nadie quiera agarrar para el hueveo a un velocirraptor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fernanda no pudo decir nada. Sus manos aprisionaron el cuerpo del saurio de juguete como hace ya tantos años, aunque la sonrisa que vino a posarse sobre sus labios fue distinta esta vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Meses más tarde llegó el invierno. Fernanda compró una estufa con los excedentes de la mesada de mamá. La justificación fue que venía recién recuperándose de una gripe y que no le convenía recaer antes de los inminentes exámenes. La madre, satisfecha al ver por primera vez una muestra de sentido común en su hija, celebró la iniciativa y hasta recomendó marcas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven se guardó mucho de comentarle el verdadero motivo de la adquisición. Por lo pronto, el velocirraptor sigue ahí, sobre la estufa, manteniéndose a una temperatura adecuada. Fernanda sabe que sobrevivirá al frío y a la inactividad de tantos años, y que sus primeros mordiscos serán feroces y que ninguno de ellos caerá en el cuerpo de una Barbie… y menos de una Barbie con dreadlocks.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-3764234241059574234?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/3764234241059574234/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/de-barbies-y-dinosaurios-cuento.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3764234241059574234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3764234241059574234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/de-barbies-y-dinosaurios-cuento.html' title='De Barbies y Dinosaurios (cuento)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-7464368346122400313</id><published>2011-08-19T13:08:00.000-04:00</published><updated>2011-08-19T13:08:05.217-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pensamientos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Música'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Locura'/><title type='text'>Never forget</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Do you still remember when we were little? When we were playing in the park and you asked me what happens when you die. I said you forget everything... Everything. "Even you?", you asked. Yes, even me. You did not want to die. Never forget. The remains of what we used to have were taken away with the softest squeeze. How did I forget? &lt;i&gt;How... &lt;/i&gt;(2:15&lt;i&gt; - &lt;/i&gt;3:12)&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Ólafur Arnalds, &lt;i&gt;Himininn Er Að Hyrnja, En Stjörnurnar Fara Þér Vel &lt;/i&gt;(del EP &lt;i&gt;Variations of Static&lt;/i&gt;, 2008)&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object width="320" height="266" class="BLOGGER-youtube-video" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" data-thumbnail-src="http://1.gvt0.com/vi/XHjKQcjL0sk/0.jpg"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/XHjKQcjL0sk&amp;fs=1&amp;source=uds" /&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF" /&gt;&lt;embed width="320" height="266"  src="http://www.youtube.com/v/XHjKQcjL0sk&amp;fs=1&amp;source=uds" type="application/x-shockwave-flash"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-7464368346122400313?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/7464368346122400313/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/never-forget.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7464368346122400313'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7464368346122400313'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/never-forget.html' title='Never forget'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-1568010188249707798</id><published>2011-08-17T14:26:00.001-04:00</published><updated>2011-08-17T14:29:19.590-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Locura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Ella no se llama Alicia</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella no se llama Alicia, pero hay una pequeña puerta ante ella. No hay botella alguna a su alcance y, si la hubiera, jamás le diría “bébeme”, o cualquier cosa en realidad. Ella sabe que las botellas no dicen nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta es tan pequeña que sólo sus ojos podrían entrar por ahí, pero sus ojos no tienen pies. La pequeña puerta está abierta. Al otro lado, con esos ojos obligados a permanecer inmóviles entre sus lechos de párpado, ella ve un bosque. El bosque es verde, pero a veces también amarillo, blanco, rosado o rojo. Ella ha estado tanto tiempo ahí, ante la puerta, sin poder entrar por ella, que ha terminado por aprenderse la secuencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella no se llama Alicia y sabe que los conejos no llegan tarde a ninguna parte porque no conocen los relojes. Pero, mientras ve al bosque cambiar de color cada cierto tiempo, desea en secreto despertarse de pronto con el cuello de un flamenco en sus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es su deseo el que se llama Alicia. Su reloj está a punto de llegar al doce, pero ella no lo sabe. Mientras tanto, sigue esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces la puerta entra en ella.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-1568010188249707798?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/1568010188249707798/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/ella-no-se-llama-alicia.html#comment-form' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1568010188249707798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1568010188249707798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/ella-no-se-llama-alicia.html' title='Ella no se llama Alicia'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-7499336177879165757</id><published>2011-08-10T11:57:00.001-04:00</published><updated>2011-08-10T12:01:28.019-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>La última clase (cuento de Alphonse Daudet)</title><content type='html'>&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-kMDiPX4q3j4/TkKnMPZcd3I/AAAAAAAAARY/0tqP1iI9ED4/s1600/lonely_classroom__by_MySilentAsylum.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="150" src="http://3.bp.blogspot.com/-kMDiPX4q3j4/TkKnMPZcd3I/AAAAAAAAARY/0tqP1iI9ED4/s200/lonely_classroom__by_MySilentAsylum.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;© MySilentAsylum (Deviantart)&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquella mañana me había retrasado más de la cuenta en ir a la escuela, y me temía una buena reprimenda, porque, además, el señor Hamel nos había anunciado que preguntaría los participios, y yo no sabía ni una jota. No me faltaron ganas de hacer novillos y largarme a través de los campos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Hacía un tiempo tan hermoso, tan claro! Se oía a los mirlos silbar en la linde del bosque, y en el prado Rippert, tras el aserradero, a los prusianos que hacían el ejercicio. Todo esto me atraía mucho más que la regla del participio; pero supe resistir la tentación y corrí apresuradamente hacia la escuela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al pasar por delante de la Alcaldía vi una porción de gente parada frente al tablón de anuncios. Por él nos venían desde hacía dos años todas las malas noticias, las batallas perdidas, las requisiciones, las órdenes de la Kommandature, y, sin pararme, me preguntaba para mis adentros: "¿Qué es lo que todavía puede ocurrir?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, al verme atravesar la plaza a la carrera, el herrero Watcher, que estaba con su aprendiz leyendo el bando, me gritó:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No te molestes tanto, muchacho; todavía llegas a la escuela bastante a tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pareció que me hablaba con sorna, y entré sin aliento en el patio de la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De ordinario, al comenzar la clase, se levantaba un gran alboroto, que se oía hasta en la calle: los pupitres, que abríamos y cerrábamos; las lecciones, que repetíamos a voces todos a un tiempo, tapándonos los oídos para aprenderlas mejor, y la ancha palmeta del maestro, que golpeaba la mesa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;-¡Silencio! ¡Un poco de silencio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo contaba con este jaleo para deslizarme en mi banco sin ser visto; pero precisamente aquel día todo estaba tranquilo como la mañana de un domingo. Por la ventana, abierta, veía a mis compañeros alineados en sus sitios, y al señor Hamel, que pasaba y repasaba, con su terrible palmeta bajo el brazo. No hubo más solución que abrir la puerta y entrar en medio de aquel inmenso silencio. ¡No les digo si estaría avergonzado, ni el pánico que tendría!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien: ¡no! El señor Hamel me miró sin cólera y me dijo dulcemente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siéntate pronto, hijo mío; íbamos a comenzar sin ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me monté sobre el banco, y en seguida me senté al pupitre. Fue entonces cuando, algo recobrado de mi pavor, eché de ver que el maestro se había puesto su hermosa levita verde, su chorrera rizada y el gorro bordado de seda negra, que sólo sacaba los días de inspección o de distribución de premios. Además, la clase entera tenía un no sabía qué extraordinario, solemne; pero lo que me sorprendió más fue ver en el fondo de la sala, en los bancos que solían quedar desiertos, unos cuantos viejos sentados, silenciosos como nosotros: el anciano Hauser, el antiguo alcalde, el cartero viejo y otros cuantos. Todos ellos parecían tristes, y Hauser había llevado un silabario, roído por los bordes, que sostenía en las rodillas abierto, con las gruesas gafas entre las páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras yo hacía estas extrañas observaciones, el señor Hamel se había subido a su tribuna, y con la misma voz grave y dulce con que me había recibido, nos dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Hijos míos!, es el último día que les doy clase. Ha llegado de Berlín la orden de que no se enseñe más que el alemán en las escuelas de Alsacia y Lorena... El maestro nuevo llega mañana. Hoy es nuestra última lección de francés; les suplico que pongan toda su atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas cuatro palabras me trastornaron por completo. ¡Miserables! Esto es lo que nos preparaban con el bando de la Alcaldía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Mi última lección de francés! ¡Y yo que apenas sabía escribir! Entonces, ¡yo no lo aprendería nunca! ¡No pasaría de ahí! ¡Cómo me reprochaba a mí mismo el tiempo perdido, los novillos que había hecho para ir a nidos o a patinar sobre el Saar! Mis libros, que hacía poco me aburrían tanto y tanto me pesaban en la mano, mi Gramática, mi Historia Sagrada, ahora me parecían viejos amigos, de quienes me costaría mucho trabajo separarme. Lo mismo que el señor Hamel. La idea de que iba a marcharse, de que ya no lo vería más, me hacía olvidar los castigos y los palmetazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Pobre hombre! Se había puesto su traje bueno de los domingos en honor a la última clase. Ahora ya comprendía también por qué estos viejos del pueblo habían venido a sentarse en lo último de la sala. Parecía que sentían no haber venido más a menudo; era también una manera de dar las gracias al maestro por sus cuarenta años de buenos servicios, de ofrecer sus respetos a la patria que se marchaba con él...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba en este punto de mis reflexiones, cuando oí que el maestro me llamaba. Me había llegado el turno. ¡Qué no habría dado yo por poder decir de un tirón aquella terrible regla del participio, muy alto, muy claro, sin una sola falta! Pero a las primeras palabras me embrollé, y allí me quedé, de pie, balanceándome en el banco, con el corazón en un puño y sin atreverme a levantar la cabeza. El señor Hamel me iba diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te riño, pobrecito; bastante castigado estás... Pero, mira, las cosas son así. Todos los días nos decimos ¡Bah!, tengo tiempo, ya estudiaré mañana, y luego, aquí tienes lo que pasa. ¡Ay! Ésta ha sido la gran desgracia de nuestra Alsacia: dejar siempre su instrucción para mañana. Ahora esa gente tiene derecho a decirnos: Pero ¿cómo? ¿Pretenden ser franceses y no saben hablar su lengua? De todo ello, tú no tienes mucha culpa; todos nosotros tenemos muchas cosas que echarnos en cara. A sus padres no les ha importado gran cosa verlos instruidos; les parecía mejor mandarlos a trabajar la tierra o a las fábricas, para reunir unos cuantos céntimos más. Y yo mismo, ¿no tengo algo que reprocharme también? ¿No les hacía muchas veces regar mi jardín en vez de estudiar? Y cuando quería irme a pescar truchas, ¿me violentaba algo para mandarlos a paseo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y después, de una cosa en otra, el señor Hamel llegó a hablarnos de la lengua francesa, diciendo que era la lengua más hermosa del mundo, la más clara, la más sólida; que era preciso guardarla entre nosotros y no olvidarla nunca, porque cuando un pueblo cae en la esclavitud, si conserva bien la lengua propia, es como si tuviera la llave de la prisión(1). Después cogió una gramática y nos leyó la lección; yo estaba asombrado de ver cómo lo comprendía; todo lo que decía me pareció fácil, facilísimo. Acaso fuera que nunca había escuchado con tanta atención y que tampoco él había puesto tanta paciencia en sus explicaciones. Se diría que el pobre quería infundirnos todo su saber antes de marcharse, que nos lo quería meter de golpe en la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando hubo terminado la lección pasamos a la escritura. El maestro nos había preparado modelos nuevos, sobre los que había escrito con una hermosa letra redonda: Francia, Alsacia, Francia, Alsacia. Parecían banderitas que ondeaban por toda la clase, colgadas como de un mástil sobre nuestros pupitres. ¡Era de ver cómo nos aplicábamos todos! ¡Qué silencio! No se oía más que el rasguear de las plumas sobre el papel. Por la ventana entraron zumbando unos abejorros; nadie paró en ellos, ni siquiera los pequeñuelos, que no levantaban cabeza, trazando sus palotes con tanta afición como si fueran francés también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre el tejado de la escuela, las palomas se arrullaban dulcemente; al oírlas me preguntaba: "¿Las obligarán también a arrullarse en alemán?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vez en cuando levantaba los ojos de mi plana y veía al señor Hamel, inmóvil en su silla, mirando fijamente los objetos a su alrededor, como si quisiera llevarse en la mirada toda su escuela. ¡Figúrense! Desde hacía cuarenta años estaba allí; en el mismo sitio, con el patio enfrente y la clase siempre parecida; sólo los bancos, los pupitres, se habían lustrado, bruñidos por el uso; los nogales del patio habían crecido, y la enredadera, plantada por su mano, festoneaba las ventanas y subía hasta las tejas. ¡Qué tortura debía ser para aquel pobre hombre dejar todas estas cosas y oír a su hermana, que trajinaba en el piso de encima haciendo las maletas!... Porque debían partir al día siguiente, ¡irse de su tierra para siempre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, aún tuvo ánimos para darnos la clase de cabo a rabo. Después de la escritura dimos la lección de historia; más tarde, los más pequeños cantaron juntos el ba, be, bi, bo, bu. Allá en lo último de la sala, el viejo Hauser se había puesto los espejuelos, y, con la cartilla abierta, deletreaba a coro con ellos. Se veía que también él se aplicaba; su voz temblaba de emoción y era tan gracioso oírlo, que teníamos ganas de reír y llorar a la vez. ¡Ay! ¡Siempre me acordaré de esta ultima clase!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esto, el reloj de la iglesia dio las doce; después, sonó el Ángelus. En el mismo momento, los sonidos de las trompetas de los prusianos, que volvían de la instrucción, estallaron bajo las ventanas. El señor Hamel se levantó de su asiento completamente demudado; nunca me había parecido tan grande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hijos míos -dijo-; hijos míos... Yo..., yo...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero algo lo ahogaba, y no pudo terminar la frase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces se volvió hacia la pizarra, cogió la tiza y, calcando con todas sus fuerzas, escribió en trazos tan gruesos como pudo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¡VIVA FRANCIA!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí se quedó, la cabeza apoyada contra la pared. Y, sin hablar, nos hacía con la mano señas que querían decir:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se ha acabado... Salgan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1): "Si conserva la lengua, tiene la llave que le liberta de sus cadenas". F. Mistral (N. del A.)&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black; text-align: justify;"&gt;Fuente:&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/daudet/ultima.htm"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/daudet/ultima.htm"&gt;&amp;nbsp;Ciudad Seva&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-7499336177879165757?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/7499336177879165757/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/la-ultima-clase-cuento-de-alphonse.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7499336177879165757'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7499336177879165757'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/la-ultima-clase-cuento-de-alphonse.html' title='La última clase (cuento de Alphonse Daudet)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-kMDiPX4q3j4/TkKnMPZcd3I/AAAAAAAAARY/0tqP1iI9ED4/s72-c/lonely_classroom__by_MySilentAsylum.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-9023531552437832872</id><published>2011-08-02T11:30:00.000-04:00</published><updated>2011-08-02T11:30:21.050-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pensamientos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>A quién no le ha pasado</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;11 noviembre&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si mañana no ocurre algún milagro, me veré obligado a vender mis libros, es decir, el centenar de volúmenes que desde hace algunos años me acompañan, a través de mil peripecias, y por los que siento un amor que no me atrevo ni siquiera a describir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despierto insomne luego de tres horas de sueño turbulento. Sigo pensando en la manera de evitar la venta de mis libros. Ahora veo que aquello sería un crimen imperdonable, una forma de suicido espiritual. Voy a malbaratar años de lecturas, de reflexiones, de hallazgos, de notas marginales que sólo para mí tienen sentido. Mis libros son mi pan, mi sombra, mi memoria, todo esto y más aún… ¿Dónde me voy a buscar y reconocer? Siento un dolor desgarrador y estoy a punto de echarme a llorar. ¡Cuántas veces me he privado de una comida por comprar un libro! Si ahora vendo mis libros no es para comer sino para pagar a los malditos, a los inhumanos hoteleros de París, porque si no les pago serían capaces de hacerme un daño horrible, de matarme tal vez; en una palabra, de impedirme que alguna vez vuelva a comprar libros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(De &lt;i&gt;La Tentación del Fracaso. Diario Personal, 1950-1978&lt;/i&gt;, de Julio Ramón Ribeyro)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-9023531552437832872?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/9023531552437832872/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/quien-no-le-ha-pasado.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/9023531552437832872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/9023531552437832872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/08/quien-no-le-ha-pasado.html' title='A quién no le ha pasado'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-4369445947914212961</id><published>2011-07-27T12:46:00.000-04:00</published><updated>2011-07-27T12:46:32.261-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Historias de Valkyrie Profile II - Arngrim</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;(Hace ya bastante tiempo subí un relato que pretendía inaugurar una serie de "novelizaciones" basadas en las historias cortas del RPG Valkyrie Profile. Hoy encontré en mis archivos el segundo capítulo de éstas, de vieja factura, y consideré que valía la pena subirlo aquí. Es un texto un tanto quebradizo, sobre todo en los diálogos, pero procuré mantenerme fiel a la esencia del original. Helo aquí)&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;I&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La arpía les estaba resultando un rival mucho más duro de vencer de lo que habían imaginado. Acaso nunca un guerrero revela con tanta desvergüenza su inexperiencia como cuando subestima a su adversario y sobreestima sus propias habilidades, siempre colmadas de falencias. Pero estos soldados quizá fuesen aun más novatos de lo que ellos mismos supusieran, pese a sus años de servicio: seguían empecinados en una batalla casi suicida con una bestia que jamás conseguirían vencer sólo con sus fuerzas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Esta bestia es fuerte! –fue todo lo que alcanzó a reconocer uno de ellos, antes de trastabillar hacia su derrota. Presa de la desesperación, un soldado volteó, en un gesto de instintivo repliegue. Entonces vio a Arngrim.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡A un lado!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El corpulento Arngrim se abrió paso entre los maltrechos soldados con su acostumbrado paso sereno y determinado. Sólo tenía veintiséis años, pero su experiencia en el combate quizá triplicaba a la de aquellos hombres debiluchos. A diferencia de ellos, Arngrim conocía los límites aproximados de sus fuerzas. Para fortuna de todos, la arpía estaba dentro de ellos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Junto a él venía el noble Lawfer. El joven era unos años menor a su compañero, pero su identidad guerrera era radicalmente distinta, como distintos eran su lanza del espadón de Arngrim. Lawfer, bautizado así por su padre en honor al legado familiar de justicia y ley, era un hombre sensato y correcto, fiel a las directrices de la sociedad. Pero esta rectitud, como todas las rectitudes, era frágil como una hoja de hielo, hermosa y penetrante mientras no fuese golpeada con el brutal mandoble de la duda y el cuestionamiento. En esta esencia deleznable estaba contenido su destino como guerrero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En todo caso, en esos días cuando combatía al lado de Arngrim, todo eso se veía muy distante. Por ahora, lo único importante era acribillar a la arpía, lo que lograron casi inmediatamente gracias a la destreza del talentoso mercenario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los soldados, enmudecidos, contemplaron con recelo a Arngrim una vez acabada la batalla. Lawfer, joven intachable, siempre había reprobado ese tipo de miradas. No obstante, se encontró a sí mismo dirigiéndole una muy similar a su compañero. Y sin embargo, pese a que Arngrim se había dado cuenta de ello, estaba seguro de que al mercenario no le importaba en lo absoluto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;II&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un día como cualquier otro de su asueto, Arngrim regresó a su casa en Artolia. Como cualquier otro día, su hermano Roland estaba totalmente concentrado en su pintura. Sólo se dio cuenta de la presencia de Arngrim cuando éste ya había entrado a la casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Bienvenido a casa, hermano –y entonces fue cuando descubrió la desastrosa apariencia de Arngrim, con las huellas de la batalla aún frescas en su cuerpo–. ¿Estás bien?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí, siéntate –Roland, que conocía bien la actitud de su hermano, confió en sus palabras y volvió a su actividad. Arngrim se le quedó unos instantes mirando con indiferencia–. Veo que sigues pintando esa cosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –El arte es más que sólo una “cosa”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Si no puedes venderlo, ¿de qué sirve?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –No lo hago por dinero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Um… –una sonrisa irónica se posó en sus labios– Da igual.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Roland bajó el pincel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Hermano, esto es diferente… Diferente a nada más matar personas en una guerra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim, el guerrero experimentado, jamás se imaginó ese golpe de su hermano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿¡Qué!? Yo no peleo por dinero. Soy un mercenario porque me gusta. Como tú, ¿no? Me importa un carajo eso de “expresarse a sí mismo” o como lo llamen.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero esa no era la primera vez que discutían sobre eso, si bien cierto era que tanto Arngrim como Roland habían reaccionado más agresivamente que de costumbre. Porque a pesar de todo, a pesar de sus diferencias y de su escasa comunicación, ambos eran hermanos y entre ellos yacía un vínculo especial. Los dos dependían del otro: Roland, de físico débil, de la fortaleza de Arngrim; Arngrim, el mercenario sin cuestionamientos, de la reflexividad de Roland.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Dime, Roland, ¿qué gracia tiene hacer arte? –le había preguntado Arngrim tiempo atrás.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Piensas que no tiene sentido, hermano, porque eres feliz con lo que tienes –había sido la serena réplica de Roland–. Para mí, pintar cuadros siempre ha sido la forma de escapar de los confines de mi frágil cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Absorbido por los recuerdos, Arngrim apenas alcanzó a escuchar las nuevas palabras de Roland:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Lo siento, hermano. Sé que parte del motivo por el que peleas es para mantenerme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero Arngrim no quiso disculparse. El recuerdo que había asaltado su mente había sido para él un reproche indirecto, aun cuando no dejase de ser el eco de un pasado. Abatido, decidió zanjar la conversación:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Dejaré el dinero aquí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Roland vio que, junto al acostumbrado saquito con dinero, Arngrim depositaba una estatuilla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Y esa estatua?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Es un presente de su alteza, otorgado a aquel que ha matado más gente en la batalla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sin preocuparse por observar el tono de la mirada de su hermano ante sus palabras, Arngrim dejó escapar una pequeña sonrisa cínica: ahora rememoraba la ceremonia de entrega.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;III&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los sirvientes del castillo de Artolia estaban acostumbrados a ese tipo de escenas: los chillidos de la jovencísima y caprichosa princesa Jelanda eran casi como el ruido rutinario de sus quehaceres. Habituados a ellos, seguían adelante con sus tareas, haciendo como si nada sucediese. Sólo Lombert tenía la responsabilidad de hacerse cargo de la más ingrata de todas: apaciguar el turbulento ánimo de la princesa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Princesa, es inapropiado para una joven y adorable damisela que algún día gobernará este país el perder la compostura de una forma tan infausta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Silencio, Lombert! No me quedaré aquí callada mientras he de soportar los abusos de individuos como aquellos. No podemos permitir tal atrevimiento de parte de un mercenario tan impertinente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Princesa Jelanda! No le concierne a usted velar por este tipo de cosas, princesa. Yo ya me encargué de todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Pero cómo calmar su rabia, si la escena seguía ardiendo en sus recuerdos? Su padre, el rey de Artolia, aún se le aparece fresco en el salón del trono, y ella aún se rememora a su lado, frente a los mejores caballeros del ejército, expectantes ante la ceremonia. Las palabras del rey siguen resonando en su mente:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Gracias a sus meritorios esfuerzos, los bárbaros han sido expulsados. Los saludo. Y creo que, entre ustedes, está el más grande de todos los guerreros: Sir Arngrim.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aún cree entrever el semblante descompuesto de aquel hombre gigantesco al ser invocado. Aún puede ver sus pasos recios hasta detenerse frente a su padre, en medio de los vitoreos de los soldados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Para usted, un bono extra en efectivo y esta estatua.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Jelanda aún recuerda el murmullo lejano de su padre: “En todo caso, no creo que los gustos de este mercenario sean distintos a los de cualquier bárbaro”. Jelanda incluso recuerda cómo sus labios se curvaron en una irónica sonrisa, satisfecha al ver que el aludido ni siquiera había podido oírlos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero recuerda también el tono arrastrado y burlesco, casi como si leyera un parlamento en hojas amarillentas, del galardonado:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Cuánta grandeza. Lo agradezco desde el vacío más hondo de mi alma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y el silencio tenso tras las palabras… Y la forma en la que el hombre lo había roto…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Cree que está todo bien así? Esta baratija no es nada más que una mentira. Qué patético es, pequeño rey.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Qué… Qué está haciendo…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –No tengo tiempo para esta farsa. Esta estatua se parece un poco a usted, ¿no lo cree?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y el estupor ante su gigantesco espadón desenvainado a una velocidad escalofriante…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Padre…!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y el gesto perfecto de trizar la estatua con la empuñadura…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –No me hagan perder el tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y su andar soberbio hacia la puerta… Y su propia voz, emergiendo como un torrente de lava histérica…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Bruto desgraciado! ¡Tratar a mi padre con semejante barbarismo! ¡Diez mil muertes no son bastantes para ti! ¡Guardias, a él!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y la vergonzosa inmovilidad silenciosa de los soldados… Y sus últimos gritos de desesperación:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿¡Qué están haciendo!?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero el recuerdo al fin ha cesado. Jelanda siente que puede hacer más que sólo sentarse a rememorar el episodio una y otra vez mientras aguarda el ajuste de cuentas de Lombert; ella puede vengarse por sus propios medios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Ese rufián arrogante… Debe haber una forma en la que pueda hacerme cargo… Tengo que pensar… Ah, creo que ya lo tengo…&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;IV&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Golpes en la puerta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Siéntate y relájate –clama Arngrim a su hermano Roland mientras él mismo se acerca a abrir. No ha terminado de echar por completo atrás la puerta cuando una joven rubia de lentes y con un enorme sombrero se cuela a la casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Desea algo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Es usted… digo… será que usted es Sir Arngrim?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí, así es…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Yo soy… digo… mi nombre es… Jela…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –… ¿Jela?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí, digo, no Jela… eh… Mi nombre es Ángela.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Venciendo la conmoción ridícula que le había producido la presencia de la joven, Arngrim decide continuar la conversación:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Y qué desea de mí, Lady Ángela?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Vine… a ofrecerle un trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Quizá hubiese sido mejor no continuar, pensó Arngrim.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Habla en serio?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aún sorprendido por la insólita petición, el mercenario no alcanzó a pronunciarse antes que su hermano:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Tienes tiempo. ¿Por qué no hablas con ella?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim y la misteriosa Ángela salen a la calle. En fin: quizá podría decirse que un trabajo era un trabajo en toda circunstancia, por muy extravagante que fuese su forma de presentarse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Entonces, ¿adónde vamos?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Vamos a… a… uno de esos… restaurantes… ¿Conoce algún buen establecimiento?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Bueno, ese lugar de por ahí es lo más fino que puede encontrarse en Artolia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim conduce a Ángela al restaurante, cuyo marcado estilo, tanto en los platos como en la decoración, se basa en las tradiciones de la nación oriental Yamato. El mercenario supone que no es el mejor lugar para discutir de negocios, pero quizás el obvio abolengo de su aspirante a empleadora necesite de mayor fineza para expresarse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero cualquier atisbo de seriedad se desvanece tan pronto como una mesera se acerca y les tiende el menú con gesto diligente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Puedo tomar su orden?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim señala a regañadientes algo sencillo, pero se sorprende al ver que Ángela se toma su tiempo entre los distintos platos, naturalmente todos señalados según su compleja denominación de origen.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Quiero esto, esto y uno de estos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Algo de tomar?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Um… Esto, esto y uno de estos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Incapaz de contener su estupor por más tiempo ante la gigantesca orden de la menuda muchacha que tiene frente a sí, Arngrim se alza contrariado de su asiento:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Oiga! ¿Se va a comer todo eso?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Y por qué no he de hacerlo? Tomaré lo que quiera y dejaré el resto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una vez que la mesera se ha marchado, Arngrim intenta poner el tema central sobre el exótico tapete del restaurante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Entonces… eh… ¿para qué desea emplearme?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Por qué no hablamos mientras comemos?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Transcurrida media hora de suplicio y tensión por el postergado negocio, a Arngrim aún le esperan más sorpresas. La voz imperiosa de Ángela se eleva por todo el local:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Llamad al administrador.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Um? –la mesera, diligente como siempre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –He dicho: ¡llamad al administrador!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim, intentando pasar lo más inadvertido posible, sólo se atreve a murmurar casi para sí:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Deja de actuar como… una princesita grosera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No tarda en llegar un hombre de rudas y serias facciones ante la mesa. Su aspecto es tan solemne que hasta el mercenario habría preferido guardar un respetuoso silencio, pero no es ese el caso de Ángela.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Le disgusta algo?&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Que me disguste, dice? ¿Qué es esta carne? ¡Está cruda!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Pero señorita, eso se llama sashimi. Es cocina clásica de Yamato.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Y esta sopa espesa? Huele horrible, ¡debe estar podrida!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Señorita, ese es un plato básico de la comida de Yamato: la sopa de miso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Y esto! ¿Es un monstruo? ¿Pretende que me coma un kraken bebé?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Pero señorita… eso es sólo un simple pulpo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Es que sirve monstruos aquí?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Señorita, le aseguro…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –… Nunca había sido tan insultada en toda mi vida –la voz de la joven se triza– Ah, y ahora mi garganta se reseca.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De un rápido gesto, coge el vaso de la mesa e ingiere de un gran trago buena parte de su contenido, que no es nada menos que sake. Su rostro se tuerce entonces en un gesto de ahogo y asco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿¡Qué clase de bebida es ésta!? ¿Es que pretenden envenenarme? ¿Cómo osáis…? ¿Diez mil muertes no son bastantes para ti…?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por fortuna, el sake hace efecto prematuro en la sobriedad de Ángela y el alcohol la hace desplomarse dormida encima de la mesa. La mesera, impertérrita, se pronuncia entonces ante Arngrim, quien no necesita oír sus palabras para saber lo que le espera en ese momento:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Su cuenta, señor.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;V&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ángela seguía durmiendo plácidamente al instante de terminar Arngrim su relato ante su hermano Roland.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Así que esto pasó antes de que pudiese decirte qué quería?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ángela al fin empezó a reponerse del fulminante efecto del sake: sus movimientos y quejidos emergieron lentos pero constantes. Su cuerpo estaba desperezándose poco a poco, pero en semejante estado se veía incapaz de preservar su gran secreto ante aquel que pretendía ser su víctima. Un gesto pequeño y natural para acomodarse mejor en la cama donde yacía tendida hizo que su sombrero y sus lentes se le deslizasen del rostro, revelándoles a los hombres su verdadera identidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Princesa Je… Jelanda!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Qué sucede?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Bueno, por lo visto ella vino disfrazada para ofrecerme un trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Um… –se quejó la joven. Volvía a estremecerse entre sus delirios– Paa…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Ah, conque habla dormida, eh… &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Paa…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –….&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Bruto… ¡ Diez mil muertes no son bastantes para ti!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una sonrisa de dulce sarcasmo se dibujó en los labios del mercenario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Así que era eso, ahora entiendo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;i&gt; Insulté al padre de esa niña frente a ella. Por supuesto, no era mi intención. Sólo quise mostrar cuán débil y cobarde era el Rey. Pero… una hija no puede evitar lavar con amor el honor de un padre. ¿Es que existe algún niño que no sienta rabia al ver a su padre hacer el ridículo?&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por fin haciendo a un lado las telarañas del sopor, Jelanda logró despertarse completamente, sólo para encontrarse en una rústica casa desconocida, barnizada por la luz naranja oscuro del crepúsculo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Dónde estoy? ¿Ya anocheció?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí, así es –replicó Arngrim. Jelanda cayó en la cuenta de pronto de su actual situación y raudamente volvió a acomodarse los lentes y el sombrero. Volvía a ser Ángela, la joven misteriosa y extravagante que buscaba emplear al rudo mercenario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Tengo que irme! ¿Estará bien si vengo mañana a plantear mi oferta?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí, claro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Satisfecha, Ángela abandonó con prisa la casa de los hermanos. Arngrim, sin embargo, permaneció un rato más sentado en la cama, aún levemente hundida por la presión de la muchacha en sus cobertores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Una oferta de trabajo, eh –murmuró para sí–. Probablemente una especie de venganza por lo que le hice a su padre… Cuando venga mañana, me disculparé con ella.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;VI&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Badrach llevaba un buen rato aguardando pacientemente en la taberna, el sitio habitual en donde era citado para los negocios. La espera la amenizaba con uno que otro trago, pero era el mismo alcohol el que lo hacía tensarse cada vez más, concibiendo explicaciones insólitas para la demora de la agente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Finalmente, una figura encapuchada de riguroso negro se le acercó con sigilo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Llegas tarde. ¿Qué me ofreces esta vez?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Necesito que acompañes a un hombre como escolta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Qué? Olvídalo. ¡Me están haciendo perder el tiempo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Vamos, la paga es elevada. ¿Qué dices? ¿Lo aceptarás?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Conque una carga peligrosa, eh. Lo aceptaré, pero quiero cinco mil. Mi tarifa se ha doblado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –De acuerdo, es un trato.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿En serio? Bueno, si tú lo dices. A todo esto, ¿quién hará equipo conmigo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Lo conocerás pronto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Um… No se me ocurre quién pueda ser ese tipo, pero tan pronto tenga mi dinero me preocuparé menos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La agente dejó entrever una sonrisita bajo la capucha y luego se marchó, dejando al rufián Badrach sumido en nuevas elucubraciones.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;VII&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Roland suspendió el pincel en el aire un momento y se volvió hacia Arngrim, sentado pensativamente cerca de él, lo que de por sí era un suceso curioso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –La princesa no vendrá –espetó el pintor, que suplía su inhabilidad guerrera con su enorme intuición–, ¿o sí?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim respondió con indiferencia– Probablemente no.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Pero tú crees que esa princesa saldrá de su castillo…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Antes de que pudiese concluir su frase, sin embargo, su hermano alcanzó a traspasar parte de su vigor combativo a lo verbal; lo detuvo con una sola palabra, como si hubiese hecho volar la espada del adversario de una sola blandida bien puesta:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Cuánta elocuencia… –ironizó Roland. Fin del combate. Arngrim salió sin decir palabra de la casa. Su hermano volvió a entregarse a la pintura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Al volver, Arngrim se topó con una figura oscura y encapuchada. Roland, visiblemente incómodo, no tardó en hacer las presentaciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Hermano, tienes una visita…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Necesito hablar contigo… –dijo la agente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tras la conversación, el mercenario volvió en silencio. Aparentemente, nada había cambiado, pero Roland había presenciado demasiadas veces esa pretendida indiferencia como para intentar ignorarla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Es por un trabajo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Lo aceptarás?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Me iré mañana por la mañana. Te quedarás solo otra vez por un par de días.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Y qué va a pasar con la propuesta de la princesa?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Cancelada, probablemente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y Arngrim volvió a su mutismo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;VIII&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Badrach reconoció de inmediato al corpulento hombre que lo acompañaría en la faena; ni siquiera un gañán tan mediocre como él había podido apartarse de los clamores que por toda la ciudad ensalzaban el nombre de Arngrim.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Mira tú, qué sorpresa. ¿Vas a ser tú mi compañero?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Eh, no me mires así. Mi nombre es Badrach, mucho gusto, Arngrim. He oído mucho de ti.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim lo contempló con fijeza por unos instantes. Ver a un tipo como ese, un miserable ganapán que lo idolatraba igual que un guerrero jovencito, era una de las experiencias más desalentadoras que pudiese haber conocido. Sin ningún interés por prolongar la insulsa charla con el cazarecompensas, Arngrim se adelantó, dejando a Badrach hablando a solas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Si te vas a poner a cacarear, hazlo en el camino –lo amonestó la agente–. Esta carga debe llegar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí, madam.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Como si las advertencias de la mujer hubiesen sido órdenes, Badrach continuó intentando entablar conversación con Arngrim una vez ya en el camino, a sabiendas de que por el trabajo éste no podría eludirse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Me dieron harto dinero por este trabajo. ¿A quién le importa lo que esté dentro de esta cosa? Eh, señor guardaespaldas…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Arr… Ese Lombert…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De pronto, Arngrim detuvo la marcha, sorprendido por el curso que estaban tomando los hechos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Lombert? ¿El jefe de la cancillería de Artolia? ¿Me estás diciendo que no fue la agente misma la que nos contrató?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A Badrach poco podría importarle la identidad del verdadero empleador, siempre y cuando obtuviera su paga, pero tenía intenciones de responder hasta que algo llamó su atención.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Eh, guardaespaldas. ¡Algo se acerca detrás tuyo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim detectó sorpresa en su tono de voz, así que no dudó en ningún momento de la veracidad de esta advertencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Qué?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Badrach entornó los ojos, protegiéndose la vista de la luz cegadora.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;–¡¡Caballeros!! ¡Y muchísimos!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿¡Caballeros!?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ahora fue Arngrim quien, ante una nube de polvo que venía acercándose, cada vez más densa, tuvo que protegerse los ojos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;Parecía que el polvo lo había levantado un grupo de la Caballería de Artolia. Daba la impresión de que estaban persiguiendo algo, pero nunca me imaginé que fuéramos nosotros…&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Alto! Entreguen su cargamento para la inspección.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Oye, ¡pero por qué!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim ni siquiera tuvo interés en impedirlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;i&gt;Ahora que lo pienso… Nunca debí aceptar llevar ese paquete sin saber qué había adentro.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los Caballeros se acercaron al cargamento y, tras una inspección más bien recelosa, dieron con aquellos que tanto habían buscado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡¡Estos son!!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Larguémonos de aquí! –gritó Arngrim, comprendiendo de pronto de qué iban las cosas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Oye, ¡pero espérense!! … ¿¡Qué!?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&lt;i&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿El contenido de nuestro paquete? Era la pequeña princesita marimacho, Jelanda…&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;IX&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No habían alcanzado a huir muy lejos debido a la densidad del follaje de los alrededores. Esperaban que eso bastara para frenar también el avance de sus perseguidores. Sin duda el escape se haría más cómodo en la oscuridad, amparados bajo los ruidos naturales del bosque nocturno y del propio manto protector de la penumbra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Parece que vamos a tener que esperar a que sea de noche y de ahí correr –concluyó Badrach. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arngrim no replicó; estaba inmerso en sus sombríos pensamientos. &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Su compañero, viendo que definitivamente no obtendría réplica esta vez, decidió darle rienda suelta a sus propias preocupaciones, pero en voz alta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Maldito sea ese Lombert! ¡Embarró todo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Otra vez el nombre, que tantas calamidades presagiaba en el destino de Arngrim y toda Artolia. El mercenario salió bruscamente de su ensimismamiento y encaró al charlatán que tenía al lado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Rata inmunda! ¿¡Ya lo sabías!?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡No, no sabía qué había adentro de la maldita cosa esa! Fue sólo que mi... eh… cliente… era Lombert, como siempre, y...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Y sabían esos soldados que Lombert…?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Ah? No, imposible. Ese tipo es un espía de Villnore.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿¡Qué!?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Piensa: ¡Se suponía que nadie debía saber qué había dentro de esa cosa, hombre! Si Villnore se apodera de la princesa, tendrán a Artolia en la palma de la mano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arngrim se apretó con tanta fuerza los puños que sintió que todos los músculos de sus brazos se retorcían de rabia. De modo que eso lo explicaba todo, pensó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;i&gt;Habría estado bastante feliz de haber matado a ese patán, pero tenía cosas más importantes que hacer…&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El mercenario tomó finalmente una decisión. Fue de esas decisiones viscerales que brotaban casi desde la piel misma, y en donde los usuales jueces –la razón, el sentimiento– tomaban asiento en un discreto palco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arngrim recogió su espada y su escaso equipaje. El ambiente se hacía más fresco mientras más alargadas se iban haciendo su sombra y la de Badrach. Probablemente restaran aún unos tres cuartos de hora antes de la llegada plena de la noche; debía ser suficiente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;A la distancia, alcanzaron a oírse unos gemidos que ningún hombre de la condición de los dos fugitivos podría confundir: los de una batalla a punto de perderse. Arngrim aguzó el oído y supuso que los agudos gritos provenían de las mismas gargantas que horas antes, en tono estentóreo, les habían ordenado tenderles el cargamento. Tanto le daba, en realidad, el destino de esos hombres. Muy pronto los lamentos fueron cediendo en intensidad, y sobre ellos se posó la más desgarradora de las voces, cuya súplica únicamente pudo oír Arngrim.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Era la voz de una jovencita que hubiera estado acostumbrada a la arrogancia, pero que ahora sólo pudiera emerger quebradiza en su desesperación. Una jovencita que alguna vez había pretendido acabar con Arngrim y que ahora, al borde su propia muerte, imploraba la ayuda de su rival para sobrevivir.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;X&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arngrim nunca había visto una bestia semejante, y por lo visto Badrach, quien finalmente había terminado siguiéndolo, tampoco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Qué? ¿¡Pero qué carajo es eso!?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La mayoría de los caballeros estaban tendidos en la tierra enrojecida, inertes. El resto, intentaba arrastrarse con dificultad hacia la espesura del bosque, dejando un rastro de sangre que delataba su movimiento. Sólo un caballero permanecía aún de pie, pero su armadura casi destrozada sugería que dentro de poco compartiría destino con alguno de sus compañeros. Fue este hombre quien alcanzó a distinguir a los fugitivos, aún incólumes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Por favor, ayúdennos…!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Sólo se leía terror en sus ojos, el suficiente como para olvidar todo deber y optar por la supervivencia a cualquier costo. O acaso hubiera conseguido reconocer por fin a Arngrim, el guerrero legendario, capaz de ultimar hasta las criaturas más invencibles en sus tiempos de gloria real.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Qué pasó?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El caballero volteó hacia el monstruo y vio que éste había empezado a acercarse a los cadáveres para devorarlos. Aún tenían algo de tiempo antes de que la bestia se les echara encima.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;–Como la princesa estaba inconsciente, el capitán nos ordenó hacerla tomar una medicina que le había entrado Lombert y…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿¡Que entonces eso es… la princesa!?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Badrach retrocedió, asustado. El caballero asintió. Arngrim sólo pudo alzar una vez más su espada, sus brazos latiendo de furia otra vez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Lombert jugó a dos bandos. Sabía que descubrirían el rapto, así que le había entregado una supuesta “medicina” al grupo de rescate. Si lográbamos llegar hasta Villnore, no había problema. Pero si nos pillaban, la caballería usaría la “medicina”, porque sabía que la princesa estaría inconsciente si la encontraban.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Los resultados de esta “medicina” estaban a la vista. La princesa se convertiría en un monstruo, y luego, todos muertos. Quizá aún la propia princesa…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡Eso es exactamente lo que pasa cuando alguien bebe los Polvos Demoníacos! –exclamó Badrach. Al ver el rostro de desconcierto de Arngrim, continuó:– Convierte a la persona en un demonio. Los necromancers usan mucho esas cosas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Lombert es… un necromancer? Angela...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Badrach miró al mercenario como si oír de sus labios el nombre de una mujer fuese algo totalmente fuera de lugar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Angela? ¿No será Jelanda? ¿De qué hablas? Mejor volver a Artolia. Me largo de aquí. ¡Nos vemos!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Y el hombrón se perdió de vista, arrancando a una velocidad aun mayor a la que había empleado para huir de sus perseguidores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;i&gt;Tal vez hizo la elección correcta. No lo sé, pero lo que es yo, estaba claro que no huiría. Ni aun en el campo de batalla, jamás me había sentido así. Sólo estaba seguro de que iba a matar a Lombert como fuera. Pero sobre el destino de Jelanda… &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arngrim arremetió temerariamente contra la bestia, pero antes de que pudiese iniciar el combate, la doncella de guerra por excelencia, la Valquiria, hizo su aparición, interponiéndose entre ambos contrincantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Humano, la vida no es algo que debas arrojar. Si eres un guerrero de verdad, encontrarás tu camino en el torbellino de la batalla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Arngrim no supo qué responder. No entendía cómo o por qué una deidad había salido en su auxilio sin que siquiera se lo hubiese solicitado. El ateo mercenario esgrimiría su espada al lado del arma celestial de la Valquiria, como dos camaradas de guerra, en el duelo más terrible de cuantos hubiese peleado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Y es que nunca antes había entablado combate como ese. La criatura, decidiendo al fin interrumpir su siniestra alimentación para preparar unos platos extra, rugía furiosa y excitada. Y sin embargo, bajo ese aspecto demoníaco, que sólo podía inspirar horror, Arngrim sólo conseguía ver el alma aprisionada de una jovencita inmadura pero inocente retorciéndose de dolor. Lo que tenía enfrente ya no era esa masa amorfa y peligrosa que, fuese hombre o bestia, basaba su identidad en su condición de rival a derrotar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Lo que tenía enfrente era precisamente algo que jamás hubiera deseado enfrentar, y menos aún vencer. Pero a su lado la Valquiria ya había desenvainado su espada celestial. Él no pudo más que imitarla.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;XI&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;i&gt;&amp;nbsp;El combate era mi mayor placer. Pero esto había sido distinto.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;i&gt;&amp;nbsp;“Piensas que no tiene sentido, hermano, porque eres feliz con lo que tienes”&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;¡¡Mentira!! Me sentía fuerte a través de la tragedia de los demás. Sí… Yo, sin moral alguna. ¿Quién era yo para juzgar a los otros? Injusticias. En realidad, el Rey y yo éramos muy parecidos...&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Anrgrim se perdió en los bosques que rodeaban Artolia, en dirección al castillo. Se dijo que quería saldar cuentas con Lombert cuanto antes. No tuvo valor para reconocer que no podría haber soportado ver cómo la Valquiria se llevaba consigo el alma de Jelanda del cuerpo destrozado de la criatura demoníaca.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;XII&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Suponía que se dejaría ver tarde o temprano. En verdad debiera haber huido. No le será de provecho alguno causar un disturbio aquí, joven.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Tal vez no, ¡pero estoy seguro de que me será de provecho romperte la cara!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Ya veo… –Lombert dio unos pasos. No parecía en absoluto perturbado por el espadón del mercenario– Arngrim, usted puede ser un genio en el campo de batalla, pero en cuanto a artes más sublimes sabe más bien poco. Usted debe comprender… Ya está muerto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Qué?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Magia, Arngrim. Déjeme enseñarle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Antes de que pudiese impedirlo, las ágiles manos de Lombert conjuraron un hechizo que rodeó el cuerpo de Arngrim con un halo negruzco. El guerrero gritó como nunca lo había hecho en su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En eso, en otra oscuridad, de muy distinta naturaleza a la que el joven se veía sometido, el espíritu de una llorosa Jelanda contemplaba la escena junto a la Valquiria.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¡¡Se lo ruego!! ¡Salve a Arngrim, por favor!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Salvar? ¿Y cómo se te ocurre que pueda ser eso posible?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–Eh… yo… yo…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La voz de la Valquiria carecía de las inflexiones propias de los seres humanos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;–¿Permitiéndole vivir? ¿O eligiéndolo para que esté a mi lado?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Jelanda no pudo responder. Cualquiera de las posibilidades entrañaba una pérdida horrible. Mientras tanto, Arngrim seguía consumiéndose en los fuegos fatuos, muriendo un poco a cada instante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Y no obstante un asunto en particular me tiene perplejo. Me hubiese sido sensato si usted hubiera huido, pero… ¿será posible que un ser humano haya derrotado a un Demonio? No me es posible imaginar…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una voz desvanecida, que ya no podía pertenecer al mundo de los vivos, interrumpió al necromancer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –&lt;i&gt;¡Ese es! ¡¡Ese es el hombre que me traicionó!!&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En ese momento surgió la figura imponente de la Valquiria, desvaneciendo el hechizo que mantenía prisionero a Arngrim. Lombert ni siquiera alcanzó a reaccionar. Nada de su enorme bagaje de conocimientos arcanos podría haberlo preparado para semejante intervención, que desafiaba las leyes de cualquier mundo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿¡Qué…!? Ah, ya entiendo. Al parecer tenemos una pequeña conspiración aquí, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Conspiración? –logró bramar Arngrim, malherido pero aún con la suficiente furia como para mantenerse con vida– ¡Y cómo andamos por casa!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Profanador de almas… –intervino entonces la Valquiria, con el tono monocorde de quien juzga bajo patrones inaprensibles– ¡Tus pecados te pesan!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Esta batalla fue mucho menos rigurosa que la anterior. Necromancer o no, Lombert seguía siendo un ser humano y aun todo su potencial mágico estaba confinado a esas limitaciones. La Valquiria lo último rápidamente. Arngrim sabía que su apoyo era innecesario, pero aun así optó por unirse a ella en la lucha; las venganzas eran personales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El cadáver de Lombert no llevaba ni un minuto tendido en el suelo cuando cuatro guardias reales irrumpieron en la habitación con el propósito de llevarse a Arngrim.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡¡Prepárate para la batalla, escoria rebelde!!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim, sangrando aún profusamente, sólo atinó a sonreír. La rabia seguía latiéndole en los brazos y en cada una de sus heridas abiertas, más aún ahora que comprendía hasta qué punto la Valquiria le había arrebatado la posibilidad de ajusticiar por su cuenta a la muchacha.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Miren, no esperen que les haga un favor. No me voy a morir. Por lo visto no le ven mucha utilidad a los héroes realmente fuertes allá arriba, en Asgard, ¿verdad?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La Valquiria volvió a hacerse visible en la habitación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Humano vanaglorioso… La fuerza no lo es todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim se volvió a ella con desdén mientras los caballeros, espantados, se mantenían inmóviles de la sorpresa. Ella, la Valquiria, con su armadura y su espada invencibles. Pocas cosas eran más ridículas que oír a un residente de Asgard refiriéndose a la naturaleza y el destino humanos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Mira quién habla, diosa de la muerte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero quien amonestó la incorrección del guerrero no fue la propia Valquiria, sino una presencia fantasmal que de improviso empezó a hacerse nítida en la sala.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡¡Imprudente!! La Valquiria no es una diosa de la oscuridad. ¡Tales palabras son las que te significarán la muerte!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sí, la voz parecía provenir desde un confín del cual ningún ser humano vivo había regresado, pero su naturaleza estaba clara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿A… Angela…?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Ah? Ya… ¿ya lo sabías?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim relajó los músculos, satisfecho. Ahora su sonrisa se volvió más amplia que cualquier otra que hubiera conseguido esbozar antes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Ya veo... Así que estás bien, pequeña. Sólo una pregunta a la Valquiria: ¿entonces no eres sólo una diosa de la muerte? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Un dios de la muerte es sólo responsable de la extracción de vidas. Yo, no obstante, puedo mostrarte el camino…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Camino?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Sí. Sin embargo, debes caminarlo por tu propia voluntad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La puerta se abrió en ese momento, dejando entrar a un anciano de aspecto imponente que todo guerrero de Artolia conocía. Los caballeros se cuadraron ante él y le cedieron el paso, con todo el respeto que la situación requería.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¡Detened esta masacre insensata!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Silencio absoluto. El padre de Lawfer yacía frente a Arngrim con el ademán resuelto que es tan propio de aquellos que anteponen su justicia a cualquier sentimiento. Aun así, acaso por ser aquel hombre compañero de su hijo, le formuló una última pregunta:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Arngrim… ¿De verdad está dispuesto a levantar armas en mi contra?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero a Arngrim esta interrogante no lo conmovió. Ya había tomado una decisión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;¿Que si tengo algún remordimiento…? … No.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El espadón del guerrero cayó estrepitosamente al suelo. Su dueño ya no volvería a esgrimirlo jamás. En su lugar, esas diestras manos desenvainaron una espada corta, un arma destinada a propósitos mucho más nobles y terribles que al combate contra un adversario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim no permitió que los recuerdos lo demoraran más de lo necesario. Era por cierto el duelo más importante que tendría y, como buen guerrero, lo libró con dignidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La espada corta se abrió paso en su carne como el más veloz de los mensajeros.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;Epílogo&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –¿Por qué me salvaste?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La Valquiria lo miró con su rostro neutral, aunque a Arngrim le pareció que su mirada era más condescendiente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Considéralo un regalo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se hallaban en medio de la penumbra del limbo, allí donde sólo los espíritus recientes, aún bajo sus formas humanas, tenían permiso de morar antes de encaminarse a su verdadero destino. Pero Arngrim estaba tranquilo, porque sabía que la Valquiria lo había elegido a él y a la joven para luchar a su lado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Antes de seguirla en su camino, Jelanda se volvió al guerrero con una sonrisa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –Por lo visto estamos destinados a pasarnos un buen tiempo juntos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Arngrim le devolvió el gesto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; –… Así parece, pequeña. Un buen tiempo...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-4369445947914212961?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/4369445947914212961/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/historias-de-valkyrie-profile-ii.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4369445947914212961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4369445947914212961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/historias-de-valkyrie-profile-ii.html' title='Historias de Valkyrie Profile II - Arngrim'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-6310443372972174458</id><published>2011-07-20T13:06:00.000-04:00</published><updated>2011-07-20T13:06:31.567-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resonador Literario'/><title type='text'>Ocupación Poética en la Toma del Gimpert (Valparaíso)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-iNEsHaLa6uY/TicIZ4Z4l1I/AAAAAAAAARM/7jxqyM0ZS3k/s1600/MONO+OCUPACION.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://3.bp.blogspot.com/-iNEsHaLa6uY/TicIZ4Z4l1I/AAAAAAAAARM/7jxqyM0ZS3k/s320/MONO+OCUPACION.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el marco de las movilizaciones sociales que se han venido gestando a lo largo de este 2011, han surgido un sinfín de iniciativas que se desmarcan por completo del "vandalismo sin sentido" que los medios de comunicación y los políticos se han esforzado en imponer como único rostro visible de las marchas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A fin de insistir en la necesidad de insurrección de conciencia por parte de cada uno de nosotros, se ha organizado un chachón a un costado del edificio Gimpert (PUCV) para el día Martes 26 de Julio. Un chacón puede definirse como la intervención de un muro mediante un papel pegado con engrudo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De modo que la invitación es a participar el 26/06, a las 17 horas, en una lectura abierta en la calle, en donde cada uno podrá llevar un poema bajo el formato físico que prefiera con el fin de tapizar los muros del Gimpert. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;u&gt;Datos de la causa&lt;/u&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-&lt;b&gt;Qué&lt;/b&gt;: Lectura abierta / Intervención poético-chacona &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-&lt;b&gt;Dónde&lt;/b&gt;: Calle 12 de Febrero, al lado del Gimpert (PUCV), Valparaíso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-&lt;b&gt;Cuándo&lt;/b&gt;: 26 de Julio de 2011, a las 17 horas app.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-&lt;b&gt;Qué llevar&lt;/b&gt;: Hoja o material similar, de cualquier formato o tamaño posible, que contenga un poema (No hay necesidad de llevar engrudo).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Fuente primaria&lt;/b&gt;: &lt;a href="http://arbolquemado.blogspot.com/2011/07/ocupacion-poetica-en-la-toma-del.html"&gt;arbolquemado&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-6310443372972174458?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/6310443372972174458/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/ocupacion-poetica-en-la-toma-del.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6310443372972174458'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6310443372972174458'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/ocupacion-poetica-en-la-toma-del.html' title='Ocupación Poética en la Toma del Gimpert (Valparaíso)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-iNEsHaLa6uY/TicIZ4Z4l1I/AAAAAAAAARM/7jxqyM0ZS3k/s72-c/MONO+OCUPACION.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-6041489996367088331</id><published>2011-07-19T14:43:00.000-04:00</published><updated>2011-07-19T14:43:43.294-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Alejandra y el gato</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alejandra volvía a casa tras comprar ese escurridizo libro cuando se topó con el gato. En realidad, habría sido difícil determinar quién se topó con quién, pero al menos para Alejandra fue como si el gato le hubiese salido de la nada, justo antes de entrar al edificio en donde vivía. Se trataba de un minino muy joven, probablemente adolescente, rubio, estilizado y de unos ojos verdes tan grandes y con una mirada tan particular que tenía cara de ocelote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Alejandra lo vio, sintió una sacudida: el animalito la estaba mirando con una ternura y un desamparo inconfundibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Alejandra…! –exclamó la joven, arrodillándose en el acto. ¿Por qué eres un gato ahora?&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Sucedía que Alejandra había cambiado de medicamentos hacía poco)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por toda respuesta, el gatito se le acercó a restregarse contra ella y ronronearle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pobrecita! –dijo ella, tomando al felino en brazos y mirándolo atentamente, lo que le hizo descubrir sus genitales…– ¡Y hasta eres macho ahora! ¡¡Qué espanto!! ¿Pero te sientes mujer todavía? Bueno… “hembra”, mejor dicho… ¿O prefieres que ahora te llame Alejandro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Miau!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No entiendo el lenguaje felino, y menos el dialecto gatuno. Sólo sé hablar italiano y español. ¿Cómo nos vamos a comunicar ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perpleja, Alejandra entró a la casa con Alejandro. Mientras el animalito regaloneaba con ella, la joven comenzó a pensar en las variantes y complicaciones que le acarrearía esta insólita metamorfosis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1-. Comunicación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro parecía incapaz de proveer otro contacto con ella&amp;nbsp; más que acurrucándosele y ronronearle, lo que no estaba nada de mal, pero que resultaba insuficiente. ¿Qué clase de diálogo podría tener con algo que sólo decía “miau”? Como gato, Alejandro ya no sabría además leer. ¿Cómo leería los manuscritos de Alejandra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2-. Arte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro ya no podría dibujar ni pintar. Alejandra había hecho la prueba al tenderlo frente a algunas pinturas, lienzos y pinceles. El gatito simplemente olfateó todo con curiosidad y luego se marchó, volviendo al regazo de Alejandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3-. Sexo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra no era zoófila. Por ende, no podría acostarse con Alejandro. A Alejandra nunca le había obsesionado el sexo de todas maneras, pero le dolía esta nueva imposibilidad porque suponía que existía un vínculo muy particular truncado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4-. Alimentación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada impedía que ahora pudiesen seguir comiendo juntos, pero ya no podrían, por ejemplo, ir a tomar helados, o comer cabritas en el cine. No podrían tampoco cocinar juntos esas extrañas pastas italianas, ni lamer con cuidado los restos de salsa fresca pegados en la comisura de sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra se entretuvo en confeccionar una lista gigante en la que apuntaba todos los inconvenientes que le venían a la mente. Claro está, en todo ese lapso el gato estuvo acurrucado en el hueco de sus piernas, inmóvil, con los ojos cerrados, ronroneando, hasta que al cabo de unas horas saltó del regazo de la joven y comenzó a maullarle de forma un tanto desesperada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra hizo empleo del escaso sentido común que le restaba de su esquizofrenia e invocó sus conocimientos sobre el mundo felino. No era temporada de celo aún (Alejandro no estaba castrado), así que se le ocurrió que simplemente tenía hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho y hecho: tan pronto como abrió una lata de atún, el minino se le acercó con la mirada ávida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Toma. Me dijiste que te la ibas a comer en la noche, pero tendremos que hacer una excepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mientras Alejandra observaba con ternura a Alejandro zamparse el atún, se le ocurrió entonces que quizás las cosas no fuesen tan malas como se le había ocurrido. Se sentiría bastante sola y frustrada el primer año, eso sería seguro. Quizá estaría casi siempre al borde del colapso y la renuncia absoluta ante esa pequeña cosita peluda (y macho, más encima) maullante. Ya nadie podría cuidarla en sus ataques de locura, ni en sus enfermedades cotidianas. De hecho, ahora era sería ella la responsable de cuidar de Alejandro: alimentarlo, llevarlo al veterinario… ¿Castrarlo, quizá? Le daba demasiada pena mutilarlo de esa forma, así que tendría que hacerse a la idea de tener el departamento saturado de orines en la temporada de celo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, pese a todo lo anterior, Alejandro seguía siendo Alejandra, a quien ella amaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Momentáneamente aliviada, Alejandra tomó la larga lista y la incineró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ven, Alejandro. Juguemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Alejandra llegó por fin a casa, se topó con una escena extrañísima: Alejandra riendo de buena gana ante un gatito rubio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola, chiquita. ¿Y ese gato?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra se detuvo y se quedó mirando alternadamente a Alejandro y a Alejandra. Acto seguido, tuvo un ataque de risa de inmensas proporciones. Como siempre, Alejandra se encargó de procurar que su novia no muriera asfixiada por las carcajadas, y esperó pacientemente hasta que el cansancio de su mandíbula se hiciese sentir a la par con la evanescencia del chiste de la situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Jáaaa… –se trataba del já final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y bien? ¿Qué te dio tanta risa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Es que pensé que te habías transformado en gato!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… ¿?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Mira!! ¡Es igual a ti!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra observó seriamente al minino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Yo hace como 20 años ya que no soy rubia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pero se parece a tiiiii…! ¡Yo pensé que eras tú!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Alejandra, la gente normalmente no se transforma en gato… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Lo sé. Pero es posible, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Pues sí… Pero es muy poco probable. Creo que deberíamos cambiar de medicamentos otra vez, chiquita…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra, pese al dolor de su mandíbula, volvió a sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero a mí no me molesta creer en imposibles poco probables (sic). Es más entretenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra Alejandra le devolvió la risa, pero ésta se trocó en enfado cuando vio que el gato empezaba a restregarse contra su novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Oye, gato patudo…! ¡Ella es MI Alejandra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Yo no soy tuya! Cómo se te ocurre… ¿Y por qué dices eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Porque se está restregando contra tiiii…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero… ¿no lo hace de cariño?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡No! ¡Lo hace para indicar que eres de su posesión…! ¡Eso hacen los gatos…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Alejandra la Esquizofrénica se restregó entre sonrisas contra Alejandra la Artista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… … … Si tú no eres mía, yo tampoco soy tuya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tontita… –beso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… _&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Podemos quedarnos con Alejandro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Y le pusiste Alejandro!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es que pensé que eras tú… Pero como es macho, pensé que tenía que llamarse Alejandro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero tendremos que castrarlo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pobrecito…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, lo sé… Pero velo del lado positivo: será nuestro eunuco protector, y se pondrá más gordo y calientito, y podremos regalonear más con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pero eso es muy egoísta! ¿A ti te gustaría ponerte gorda, calientita y regalona si te extirparan el clítoris?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… … … …&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Lo ves?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero chiquita… La alfombra…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Miau!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Bueno… Pero le he tomado mucho cariño… Deja que se quede con nosotras…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro se quedó mirando a Alejandra la Artista y comenzó a olfatearla. Alejandra, resignada, le acarició debajo del cuello. Alejandra la Esquizo se quedó asombrada al ver cómo, tras&amp;nbsp; escasos segundos, el gato estaba totalmente rendido ante las caricias de su novia: en el suelo revolcándose con cuidado e infinito placer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Qué cosa más desestresante –murmuró ella–. No hay nada como acariciar cosas acariciables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Yo también soy una cosa acariciable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra sonrió y, con la mano libre, comenzó a acariciar gatunamente a la otra Alejandra, la Esquizo, que comenzó a imitar el sonido de un ronroneo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Bueno. Entonces nos quedamos con Alejandro… Pero tendremos que comprarle comida. ¿No le dio hambre hasta ahora? ¿Le diste algo de comer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ese pequeño detalle, Alejandra estuvo a punto de revocar su decisión, pero terminó conformándose al saborear la mermelada casera que su novia le había hecho de sorpresa, que parece que era incluso más rica que el atún.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-6041489996367088331?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/6041489996367088331/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/alejandra-y-el-gato.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6041489996367088331'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6041489996367088331'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/alejandra-y-el-gato.html' title='Alejandra y el gato'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-2959736189166943815</id><published>2011-07-05T18:29:00.000-04:00</published><updated>2011-07-05T18:29:27.674-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Música'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historieta'/><title type='text'>Sandra y la pocita de lluvia (viñetas)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-XzReEC3N2h8/ThONw7lhZCI/AAAAAAAAAQ4/7iXB7c5deUM/s1600/poza1.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="197" src="http://2.bp.blogspot.com/-XzReEC3N2h8/ThONw7lhZCI/AAAAAAAAAQ4/7iXB7c5deUM/s320/poza1.PNG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Ew5Sg98slmo/ThONzfCgZ7I/AAAAAAAAAQ8/gBwg_7tjcLs/s1600/poza2.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="216" src="http://2.bp.blogspot.com/-Ew5Sg98slmo/ThONzfCgZ7I/AAAAAAAAAQ8/gBwg_7tjcLs/s320/poza2.PNG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-PlEj4huFU5I/ThON1nauGcI/AAAAAAAAARA/jjv9secr9ZU/s1600/poza3.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="275" src="http://1.bp.blogspot.com/-PlEj4huFU5I/ThON1nauGcI/AAAAAAAAARA/jjv9secr9ZU/s320/poza3.PNG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-YdBMe6JtmHM/ThON37jKEZI/AAAAAAAAARE/ZTMroNTd71Q/s1600/poza4.PNG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="215" src="http://3.bp.blogspot.com/-YdBMe6JtmHM/ThON37jKEZI/AAAAAAAAARE/ZTMroNTd71Q/s320/poza4.PNG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Hoppíppolla&lt;/i&gt;, de Sigur Rós:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object width="320" height="266" class="BLOGGER-youtube-video" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" data-thumbnail-src="http://1.gvt0.com/vi/axzi4FnoqbU/0.jpg"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/axzi4FnoqbU&amp;fs=1&amp;source=uds" /&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF" /&gt;&lt;embed width="320" height="266"  src="http://www.youtube.com/v/axzi4FnoqbU&amp;fs=1&amp;source=uds" type="application/x-shockwave-flash"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-2959736189166943815?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/2959736189166943815/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/sandra-y-la-pocita-de-lluvia-vinetas.html#comment-form' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2959736189166943815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2959736189166943815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/sandra-y-la-pocita-de-lluvia-vinetas.html' title='Sandra y la pocita de lluvia (viñetas)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-XzReEC3N2h8/ThONw7lhZCI/AAAAAAAAAQ4/7iXB7c5deUM/s72-c/poza1.PNG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-1872506261121456440</id><published>2011-07-01T20:12:00.001-04:00</published><updated>2011-07-01T20:16:01.075-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>Un fragmento de Momo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco a poco, Momo se había vuelto totalmente imprescindible para Gigi Cicerone. En la medida en que se puede afirmar eso de un tipo tan inconstante como él, había cobrado un profundo cariño por la niña, y hubiera querido llevarla consigo a todas partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El contar historias era, como ya sabemos, su pasión. Y precisamente en este punto se había operado un cambio en él. Antes, sus historias habían resultado, de vez en cuando, un tanto pobres, no se le ocurría nada interesante, repetía algunas cosas o recurría a alguna película que había visto o alguna noticia que había leído. Por decirlo así, sus historias habían ido a pie, pero desde que conocía a Momo, le habían crecido alas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Especialmente cuando Momo estaba con él y le escuchaba, su fantasía florecía como un prado en primavera. Niños y mayores se apiñaban a su alrededor. Ahora era capaz de contar historias que se estiraban en muchos capítulos a lo largo de días y semanas, y nunca se le agotaban las ocurrencias. Él mismo, por cierto, también se escuchaba con la máxima atención, porque no tenía la más mínima idea de adónde le conduciría su fantasía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo que más le gustaba a Gigi era contarle cuentos sólo a Momo, cuando no escuchaba nadie más. Casi siempre eran cuentos que trataban de los propios Gigi y Momo. Y sólo estaban destinados a ellos dos y eran totalmente diferentes a los que Gigi contaba en otras ocasiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche hermosa y cálida, los dos estaban sentados callados en los escalones de piedra. En el cielo brillaban ya las primeras estrellas y la luna se perfilaba, grande y plateada, sobre las siluetas negras de los pinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Me cuentas un cuento? —pidió Momo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien —dijo Gigi—. ¿De quién?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De Momo y Girolamo, si puede ser —contestó Momo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gigi reflexionó un momento y preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y cómo ha de llamarse?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quizá... ¿el cuento del espejo mágico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gigi asintió, pensativo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso suena bien. Veamos qué pasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puso un brazo alrededor de los hombros de Momo y comenzó: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Érase una vez una hermosa princesa llamada Momo, que vestía de seda y terciopelo y vivía muy por encima del mundo, sobre la cima de una montaña, cubierta de nieve, en un castillo de cristal. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Tenía todo lo que se puede desear, no comía más que los manjares más finos y no bebía más que el vino más dulce. Dormía sobre almohadas de seda y se sentaba en sillas de marfil. Lo tenía todo, pero estaba completamente sola. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Todo lo que la rodeaba, la servidumbre, las camareras, gatos, perros y pájaros e incluso las flores, todo, no eran más que reflejos de un espejo. Porque resulta que la princesa Momo tenía un espejo mágico grande, redondo y de la más pura plata. Lo enviaba cada día y cada noche por todo el mundo. Y el gran espejo flotaba sobre países y mares, sobre ciudades y campos. La gente que lo veía no se sorprendía, sino que decía: “Es la luna”.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Y cada vez que el espejo volvía, ponía delante de la princesa todos los reflejos que había recogido durante su viaje. Los había bonitos y feos, interesantes y aburridos, según como salía. La princesa escogía los que le gustaban, mientras que los otros los tiraba simplemente a un arroyo. Y los reflejos liberados volvían a sus dueños, a través del agua, mucho más deprisa de lo que te imaginas. A eso se debe que veas tu propia imagen reflejada cuando te inclinas sobre un pozo o un charco de agua.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»A todo esto he olvidado decir que la princesa Momo era inmortal. Porque nunca se había mirado a sí misma en el espejo mágico. Porque quien veía en él su propia imagen, se volvía, por ello, mortal. Eso lo sabía muy bien la princesa Momo, y por lo tanto no lo hacía. De ese modo vivía con todas sus imágenes, jugaba con ellas y estaba bastante contenta.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Pero un día, el espejo mágico le trajo una imagen que le interesó más que todas las otras. Era la imagen de un joven príncipe. Cuando lo hubo visto le entró tal nostalgia, que quería llegar hasta él como fuera. Pero, ¿cómo? No sabía dónde vivía, ni quién era, no sabía ni siquiera cómo se llamaba.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Como no encontraba otra solución, decidió mirarse por fin en el espejo. Porque pensaba: a lo mejor el espejo llevará mi imagen hasta el príncipe. Puede que mire casualmente hacia el cielo, cuando pase el espejo, y verá mi imagen. Acaso siga el camino del espejo y me encuentre aquí. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Así que se miró largamente en el espejo y lo envió por el mundo con su reflejo. Pero así, claro está, se había vuelto mortal. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»En seguida oirás cómo sigue esta historia, pero primero he de hablarte del príncipe. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Este príncipe se llamaba Girolamo y vivía en un reino fabuloso. Todos los que vivían en él amaban y admiraban al príncipe. Un buen día, los ministros dijeron al príncipe: &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»––Majestad, debéis casaros, porque así es como debe ser.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»El príncipe Girolamo no tenía nada que oponer, de modo que llegaron al palacio las más bellas señoritas del país, para que pudiera elegir una. Todas se habían puesto lo más guapas posible, porque todas querían casarse con él. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Pero entre las muchachas también se había colado en el palacio un hada mala, que no tenía en las venas sangre roja y cálida, sino sangre verde y fría. Claro que eso no se le notaba, porque se había maquillado con mucho cuidado. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Cuando el príncipe entró en el gran salón dorado del trono, para hacer su elección, ella pronunció rápidamente un conjuro, de modo que Girolamo no vio a nadie más que ella. Y además le pareció tan hermosa, que al momento le preguntó si quería ser su esposa. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»—Con mucho gusto —dijo el hada mala—, pero pongo una condición.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»—La cumpliré —respondió Girolamo, irreflexivo. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»—Está bien —contestó el hada mala, y sonrió con tal dulzura, que el desgraciado príncipe casi se marea—, durante un año no podrás mirar el flotante espejo de plata. Si lo haces, olvidarás al instante todo lo que es tuyo. Olvidarás lo que eres en realidad y tendrás que ir al país de Hoy, donde nadie te conoce, y allí vivirás como un pobre diablo. ¿Estás de acuerdo? &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»—Si no es más que eso —exclamó el príncipe Girolamo—, la condición es fácil. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»¿Qué ha ocurrido mientras tanto con la princesa Momo? &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Había esperado y esperado, pero el príncipe no había venido. Entonces decidió salir a buscarle ella misma. Devolvió la libertad a todas las imágenes que tenía a su alrededor. Entonces bajó, totalmente sola y en sus suaves zapatillas, desde su palacio de cristal, a través de las montañas nevadas, hacia el mundo. Recorrió todos los países, hasta que llegó al país de Hoy. A estas alturas sus zapatillas estaban gastadas y tenía que ir descalza. Pero el espejo mágico con su imagen seguía flotando por el cielo.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Una noche el príncipe Girolamo estaba sentado en el tejado de su palacio dorado y jugaba a las damas con el hada de la sangre verde y fría. De repente cayó una gota diminuta sobre la mano del príncipe. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»—Empieza a llover —dijo el hada de la sangre verde. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»—No —contestó el príncipe—, no puede ser porque no hay ni una sola nube en el cielo. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Y miró hacia lo alto, directamente al gran espejo mágico, plateado, que flotaba allí arriba. Entonces vio la imagen de la princesa Momo y observó que lloraba y que una de sus lágrimas le había caído sobre la mano. En el mismo momento se dio cuenta de que el hada le había engañado, que no era hermosa y que en sus venas sólo tenía sangre verde y fría. Era a la princesa Momo a la que amaba en verdad. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»—Acabas de romper tu promesa —dijo el hada verde, y su cara se crispó hasta parecer la de una serpiente— y ahora has de pagarlo. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Introdujo sus largos dedos verdes en el pecho de Girolamo, que se quedó sentado como paralizado, y le hizo un nudo en el corazón. En ese mismo instante olvidó que era el príncipe Girolamo. Salió de su palacio y de su reino como un ladrón furtivo. Caminó por todo el mundo, hasta que llegó al país de Hoy, donde vivió en adelante como un pobre inútil desconocido y se llamaba simplemente Gigi. Lo único que había llevado consigo era la imagen del espejo mágico que desde entonces quedó vacío. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Mientras tanto, los vestidos de seda y terciopelo de la princesa Momo se habían gastado. Ahora llevaba un chaquetón de hombre, viejo, demasiado grande, y una falda de remiendos de todos los colores. Y vivía en unas ruinas. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Aquí se encuentran un buen día. Pero la princesa Momo no reconoce al príncipe Girolamo, porque ahora es un pobre diablo. Tampoco Gigi reconoció a la princesa, porque ya no tenía ningún aspecto de princesa. Pero en la desgracia común, los dos se hicieron amigos y se consolaban mutuamente. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Una noche, cuando volvía a flotar en el cielo el espejo mágico, que ahora estaba vacío, Gigi sacó del bolsillo la imagen y se la enseñó a Momo. Estaba ya muy arrugada y desvaída, pero aún así, la princesa se dio cuenta en seguida que se trataba de su propia imagen. Y entonces también reconoció, bajo la máscara de pobre diablo, al príncipe Girolamo, al que siempre había buscado y por quien se había vuelto mortal. Y se lo contó todo. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Pero Gigi movió triste la cabeza y dijo: &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»—No puedo entender nada de lo que dices, porque tengo un nudo en el corazón y no puedo acordarme de nada.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;br style="font-family: inherit;" /&gt;&lt;span style="font-family: inherit;"&gt;»Entonces, la princesa Momo metió la mano en su pecho y desató, con toda facilidad, el nudo que tenía en el corazón. Y, de repente, el príncipe Girolamo volvió a saber quién era. Tomó a la princesa de la mano y se fue con ella muy lejos, a su país.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que Gigi hubo concluido, ambos callaron un ratito; después Momo preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y después han sido marido y mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creo que sí —dijo Gigi—, más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y han muerto mientras tanto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No —dijo Gigi con decisión—. Eso lo sé exactamente. El espejo mágico sólo hacía a alguien mortal, cuando se miraba en él a solas. Pero si se miran dos, vuelven a ser inmortales. Y eso hicieron estos dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luna se veía grande y plateada sobre los pinos negros y hacía brillar misteriosamente las viejas piedras de las ruinas. Momo y Gigi estaban sentados en silencio el uno al lado del otro y se miraron largamente en ella: sintieron con toda claridad que, durante ese instante, ambos eran inmortales.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;(Fragmento del Capítulo 5: "Cuentos para muchos y cuentos para una" de la novela infantil &lt;i&gt;Momo&lt;/i&gt;, de Michael Ende)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-1872506261121456440?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/1872506261121456440/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/un-fragmento-de-momo.html#comment-form' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1872506261121456440'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1872506261121456440'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/07/un-fragmento-de-momo.html' title='Un fragmento de Momo'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-4952867828860706194</id><published>2011-06-25T14:12:00.000-04:00</published><updated>2011-06-25T14:12:18.801-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Conversaciones de madrugada - 2º Parte: La casa evanescente</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Frota, frota, frota…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–“¿… Qué weá…?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Frota, frota, frota…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Que frote qué…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, niña. Yo te estoy frotando; me lo estoy diciendo a mí misma. Para que no te mueras de frío. Frota, frota, frota…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una voz de mujer joven, más bien grave. Efectivamente, Javiera sintió al fin que unas manos le frotaban sus brazos desnudos con energía, desentumeciéndolos. Sus ojos seguían cerrados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;–¿Me estoy muriendo de frío? ¿Cómo en las películas? Yaaa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿… Cómo te sientes? Ya no te ves azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Me veía azul! Ja, ja… Qué loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces sintió que una piel muy suave se posó en su frente. Javiera pensó que era un beso, pero después recordó que los labios eran los más sensibles para controlar la temperatura de algo o de alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Javiera abrió los ojos. Frente a ella estaba una jovencita pavorosamente pálida, de ojos de un azul deslavado e inexpresivo, muy bien delineados, y labios sin maquillar. Era muy hermosa, pero a la muchacha sólo le vino una palabra para describirla: pasteurizada…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola, salvadora mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola. Ya que estás mejor, toma. Te hice un chocolate caliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Qué ricooo…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cierto? –era la voz de Alejandra– Está riquísimo. Bien amargo, como me gusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿A ti también te salvaron?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra sonrió. Estaba envuelta en una frazada gigante. Sus manos sostenían una tacita aún humeante. Ya había amanecido, pero el frío seguía siendo atroz. Javiera vio que ella también estaba medio cubierta por una frazada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo te llamas? –le preguntó Javiera a la salvadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Alejandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No poh, Alejandra es la otra. Cómo te llamas tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La jovencita miró desconcertada a Alejandra. Ésta le hizo cariño en la nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No pasa nada, chiquita –y luego, volviéndose a Javiera–. Ella también se llama Alejandra. Es mi novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿En serio? Está como pa novela de amor torta eso… La weá típica de los espejos; a las feministas lelas se les saldría hasta la regla de emoción. Alejandra y Alejandra… ¡Ja!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo te llamas tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Javiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Como el girasol!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿? “Esta loca está terrible’ loca”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es que tenemos un girasol que se llama Javiera en la casa –aclaró la Alejandra-casi-aterida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Por qué Javiera? ¿Tenía cara de Javiera acaso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí –replicó la Alejandra-salvadora–. Pero tú no tienes cara de girasol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí tiene. Es que todavía está en su invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oh.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… “Loca con loca, digo yo. Pero adorable igual” ¡! ¡¡Oye!! ¡¡La casa ya no está!! ¡¡Qué chucha, weóoooon…!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… ¿Había una casa ahí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, chiquita. Pero ya no está. ¿Qué podrá haberle pasado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A lo mejor nunca hubo casa. O hubo, y ya no está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Pero weón!! ¡Una casa no se puede desaparecer así como así…! ¡La weá paranormal! ¡Si no tomamos nada! ¡Ni nos drogamos! ¿¡Y la gente!?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–‘La casa evanescente’. Es un buen título.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Me estay…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oye, Javiera –Javiera miró a Alejandra-salvadora, aún aterrada–. Da lo mismo eso. La casa estuvo –o no estuvo– y ahora no está, o no sigue estando. Ustedes estuvieron siempre afuera. Ahora hay sol. Es un nuevo día. Eso es todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Alejandra tiene razón. Volvamos a lo nuestro. Javiera, ¿tienes plata para pasaje?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Ni siquiera sé dónde mierda estamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Yo tengo plata de emergencia acá –Alejandra-salvadora extrajo un pequeño paquete de una de las copas de su sostén. Javiera la miró ahora atontada: a cada instante le parecía que la chica tenía un barrilito con una cruz roja atado al cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Eh! Estamos listas entonces. ¡A casita! Mi amor, ¿cómo llegaste acá? No, más bien, ¿por dónde llegaste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Por allá… –uno de los problemas de Alejandra era que solía ser muy vaga para la orientación. Aunque podía llegar a cualquier lugar por designios de la Providencia– Tomé un bus y me bajé en un paradero. Luego caminé derecho, derecho y las encontré tiradas. Por el otro lado, o sea, por allá… –volvió a extender el brazo hacia la nada– había un mini almacén y compré tacitas y chocolate y frazadas en oferta. Y les pedí que me prestaran agua caliente. Eso es todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…. Qué haría yo sin ti, amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra se detuvo a pensarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es una pregunta retórica. No necesita respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah. Bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Javiera! Despierta, amiga. Nos vamos a la ciudad. Sea nuestro Virgilio, chiquita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Vale –Alejandra-salvadora inhaló profundamente y se abotonó bien su gabardina negra. Ser guía era un oficio noble, pero complejísimo–. Allá vamos. Síganme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Javiera, preguntándose de pronto cómo podría plasmar en un lienzo una casa evanescente, siguió a esas dos jóvenes loquillas camino a casa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-4952867828860706194?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/4952867828860706194/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/conversaciones-de-madrugada-2-parte-la.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4952867828860706194'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4952867828860706194'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/conversaciones-de-madrugada-2-parte-la.html' title='Conversaciones de madrugada - 2º Parte: La casa evanescente'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-7206775357324173321</id><published>2011-06-17T13:36:00.001-04:00</published><updated>2011-06-17T13:37:54.897-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Estudio'/><title type='text'>La casa de Asterión de Borges: el Otro como uno mismo</title><content type='html'>&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-E6FgV3lPESA/TfuPtYV808I/AAAAAAAAAQw/aoITn4CBb0E/s1600/Minotaur_by_PatentRose.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://3.bp.blogspot.com/-E6FgV3lPESA/TfuPtYV808I/AAAAAAAAAQw/aoITn4CBb0E/s200/Minotaur_by_PatentRose.jpg" width="165" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;© PatentRose (Deviantart)&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;(El presente ensayo se escribió para la asignatura optativa de Literatura Fantástica Chilena y Latinoamericana que M. Novoa impartió por primera vez hace ya algunos años en la PUCV. El texto obtuvo una calificación 5.0 de 7.0&lt;/i&gt; &lt;i&gt;por carecer de referencia bibliográfica crítica. Pecados de juventud. Qué diría Asterión de eso)&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando el lector se enfrenta por vez primera al cuento de Borges, con toda seguridad una de sus mayores inquietudes será descubrir la verdadera identidad de aquel peculiar narrador que parece ser tan cercano a él en su patetismo, y a la vez tan distante en su proceder. Por ello, si las sutiles pistas que se presentan en la narración no le bastan para descifrar el enigma, el lector sólo verá su curiosidad satisfecha en las últimas líneas del cuento, cuando súbitamente el relato de nuestro protagonista se desvanece para cederle la voz a un narrador en tercera persona que revela lo inconcebible: quien se expresaba, Asterión, era nada más ni nada menos que el Minotauro, recién muerto por un Teseo que cuenta su hazaña a Ariadna.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este marco mitológico se hace indispensable para la comprensión del cuento, pues aquél de por sí se constituye como un mundo posible: el del mito clásico de la victoria de Teseo sobre la bestia mitad toro y mitad hombre que mantenía cautiva a Ariadna en el laberinto. Los preceptos elementales de este mito vendrían a establecerse como un molde básico para ser formado según la pulsión particular de cada artista. Lo interesante de la ficción de Borges es que, a diferencia de gran mayoría de representaciones, el foco de narración no lo constituye la proeza del héroe, sino la interioridad de lo tradicionalmente considerado el monstruo o la bestia; en definitiva, el Otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La decisión del autor de darle voz a una criatura que suele ser silenciada en su rol impuesto de adversario del humano podría considerarse como una suerte de “meta mundo posible”. Esto se daría en la medida en que, basándose siempre en la apretada información que entrega el mito original, Borges estaría planteando desde la literatura un espacio ficcional en donde el Minotauro no es ya sólo un escollo a vencer, un Otro, sino sujeto distinto, uno con una conciencia profunda y reflexiva. En otras palabras, el cuento estaría revelando cómo podría ser el reverso de una historia que todos conocemos en su esencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Minotauro, singularizado ya desde el título bajo el nombre propio de Asterión, se construye así alejado de los moldes arquetípicos propios del mito. Aquél, en primera persona, se presenta ante el lector con una firme postura de sí mismo, que al parecer busca limpiar su fama y explicar el porqué de su tan criticada actitud. La elegancia de su discurso capta de inmediato la atención y aun la empatía del lector.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tal vez la mejor forma de comenzar este análisis sea a partir de una directa confesión del mismo Asterión: “El hecho es que soy único” (76). Esto lo sitúa inmediatamente desde la posición de la alteridad, en donde la diferencia sólo es igual a sí misma. Asterión termina descubriéndose distinto en la medida en que conoce ese otro mundo, fuera de su peculiar casa sin cerraduras ni muebles, y de infinitas puertas. El mundo exterior, en suma, el del ser humano. Así, el inicio del cuento contiene la réplica de Asterión hacia los comentarios de aquellos que son diferentes a él, comentarios que precisamente se solazan en las características que en ellos suscitan extrañeza y, naturalmente, terror.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Empero, el narrador encara a los seres humanos desde una posición semejante: “temor (…) me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta” (76). Se trata del mismo rasgo, el aspecto físico, el que Asterión comenta perplejo al compararlo con el suyo. Se infiere por el pasaje que su rostro posee más relieves que el de ellos, y que es esta diferencia lo que le asusta. Pero aunque las reacciones sean las mismas desde las dos fronteras, Asterión es único, mientras que los hombres son muchos; esto termina por definirlos a estos como sujetos y a Asterión como el Otro.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El personaje reacciona a esta determinación valorando positivamente su alteridad, invirtiendo su condición de excluido a privilegiado: “No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera” (76). De paso, se da el lujo de trivializar uno de los mayores emblemas de la especie humana como lo es el lenguaje, justificando su incapacidad para decodificarlo al argüir que su propósito último, la comunicación, es del todo imposible. Se podría pensar que esta última actitud es una especie de reacción defensiva al hecho de que, en realidad, ni aunque tal pensamiento fuese falso mejorarían las cosas para Asterión: ni él ni los humanos tendrían qué comunicarse, y probablemente ninguno de ellos aceptaría el mensaje del otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Asterión, no obstante presentarse al lector como sujeto en su narración, se sabe Otro. Es esta condición lo que lo hace sentirse en soledad, pues su alteridad respecto a los seres que lo rodean provoca que nadie desee acercarse a él, antes prefieren apartarse, atacarlo o aun suicidarse: “La gente oraba, huía, se posternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó en el mar” (76). Y si bien Asterión aparenta indiferencia y altivez ante esta situación, no puede evitar sentir a cada instante la desolación del tedio y el desamparo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es importante destacar que ésta parece acrecentarse al comprobar que no sólo su mundo particular, el laberinto, es infinito en su extensión. El mundo exterior, el que para él constituye el templo de las Hachas y el mar, también se le revela como tal. La desazón entonces crece al comprender que él está vedado de conocer ese otro infinito que no le pertenece sino a los seres humanos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo, así como estos últimos tienen como reflejos entre ellos mismos, y así como el laberinto –morada particular de Asterión– tiene su reflejo en el exterior, el Minotauro siente que no hay nada en el mundo que sea tan único como él. En medio del desconcierto, concluye: “Pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión” (77) El hecho de que establezca esta separación de dimensiones, y que además califique al sol como intrincado, parece insinuar que la comunicación entre estos dos Otros tampoco parece factible, acentuando su soledad.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En esta situación, Asterión llega incluso a anhelar para sí el lenguaje de los hombres con tal no verse enfrentado a la alteridad en la que se ha vuelto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta pequeña flaqueza la enmienda al revelar las actividades que realiza en tanto ser único. Lo curioso es que algunas de éstas también parecen entrañar la presencia de alguien más que resulta indispensable para su dinámica. Una de ellas es el remedo de juego del escondite, naturalmente imposible en la medida en que Asterión se sabe completamente solo en su enorme laberinto. Eso no le evita hacer un simulacro del juego, escondiéndose como si efectivamente otro ser estuviese en su búsqueda, como si el mismo narrador pretendiese apartarse de él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otra actividad, mucho más interesante para este análisis, es el “juego del otro Asterión”. El Minotauro, que es Otro, se convierte en sujeto cuando desdobla imaginariamente su esencia y ficcionaliza un Otro adicional, que pese a llamarse igual que él es distinto, por cuanto llega de visita al laberinto y presuntamente no conoce nada de él. El sujeto Asterión, entonces, conduce al Otro Asterión por los pasadizos, dándole uso práctico a los conocimientos de su morada, hasta entonces limitados a su uso exclusivo. Podría interpretarse esta actitud como una muestra de los deseos ocultos del personaje de tener a alguien con quien compartir todo aquello que sólo él puede enseñar. El que aluda además que a veces ha errado en su rol de guía, en este sentido, no podría más que insinuar que en realidad Asterión efectivamente es menos soberbio de lo que se dice: tanto él como el visitante estarían en un plano semejante de conocimiento, importándole más el hecho mismo de compartir con el invitado antes que conducirlo a la perfección.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es en este pasaje en donde se puede advertir la honda humanidad con la que Borges ha trazado al personaje, pero de tal forma que ésta se expresa a través de la propia alteridad de Asterión. El tono confesional de la narración da cuenta de las conductas de una criatura peculiar que, sin embargo, en su apreciación de ellas no hace más que resaltar impresiones que seguramente son cercanas al lector. Humanas y conocidas, por tanto, son la soledad y la soberbia con la que se pretende encubrir esta última.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A éstas se le añade la inocencia, rasgo que en Asterión adquiere tal relieve de pureza que causaría la incómoda sensación de que el personaje es aun más humano que los hombres que habitan el exterior. A diferencia de estos, que irrumpen en el laberinto con el único propósito de vencer a la bestia, Asterión los recibe con insólita candidez: “Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos (…) y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras”. (77)&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bajo la aparente fachada de superioridad o crueldad, se puede apreciar que en realidad Asterión interpreta lo que él llama ceremonia desde su propia posición. Él, que parece concebir el laberinto como una sinuosa prolongación de su propio espíritu, el único sitio en donde puede albergarse, considera que asimismo los hombres viven un calvario semejante al suyo. Él, que desearía ser redimido, siente que la única forma de redimir a esos seres es matándolos. Por ello se apresura con alegría a ellos cuando llegan, y por ello describe su asesinato sin refocilarse en el detalle de sus huellas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Asterión desea genuinamente relacionarse con los hombres y ayudarlos a abandonar lo penoso de la existencia, es sólo que, desde su posicionamiento como Otro, sus actos se malinterpretan. De ahí que lo que quede de los hombres sean sólo sus cadáveres inanimados, los que al menos son empleados por el protagonista en un fin utilitario, en un intento desesperado por matizar la infinitud del laberinto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Asterión sigue cumpliendo con la ceremonia con la esperanza de que al fin surja aquel hombre que lo redimirá a él. La redención se presenta así no sólo como la muerte misma, sino como un escape de los confines del laberinto, que por muy infinito que sea nunca representará una libertad real. El Minotauro ha mencionado anteriormente que su morada no es prisión, que no hay cerraduras que impidan su liberación. Sin embargo, está claro a estas alturas que su verdadera prisión no es la construcción serpenteante, sino la soledad de su espíritu, perdida su esperanza de comunión en las infinitas y ciegas galerías de su alteridad. Asterión no concibe sino abandonar ambos laberintos y arribar a otro sitio con el deseo de que presente menos puertas, vale decir, de ya no ser más un Otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Minotauro, atrapado siempre en dinámicas que necesitan precisamente de un Otro, no puede evitar configurar uno en sus fantasías sobre su redentor. Es evidente que éste último, bajo una óptica objetiva, vendría a asumir un rol de adversario en relación con el Minotauro. De hecho, asimismo es como se posiciona Teseo en la mitología original: él busca rescatar a Ariadna y para eso considera ineludible el enfrentamiento a muerte con la fantástica bestia que se opone a su misión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No obstante, bajo la perspectiva del Minotauro mismo, el héroe, además de salvador, podría ser incluso un Otro tan similar a él como lo era el Otro Asterión de sus juegos: “¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?” (77-78). Atrapado en su individualismo, Asterión no puede impedir pensar siempre en esos términos, considerando implícitamente que sólo un ser que se le asemeje podrá salvarlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con aquella última incertidumbre finaliza la narración del personaje, cambiando la perspectiva a la otra frontera, la humana, la de Teseo y Ariadna. Éste comenta con sorpresa el hecho de que el Minotauro no se haya defendido, en una actitud tan ambigua que podría interpretarse como altanera e incluso burlona. Cuán distinta a la de Asterión, se podría pensar no sin justa razón, pues la victoria del héroe, tras el conmovedor cuento, palidecería en su gloria ante la sinceridad patética de la vida y el destino del Minotauro. Sin embargo, se aprecian rasgos de una coincidencia perturbadora entre ambos personajes centrales.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las palabras de Teseo parecen insinuar que su victoria fue sencilla, pero el honor de tal situación queda empañado por la desidia con la que Asterión hubo de enfrentar el combate. Ante esta frustración, el héroe asume una postura de cierta soberbia que recuerda bastante a la del Minotauro frente a su soledad impuesta. Por otra parte, la espada de Teseo aparece tan limpia como las manos de Asterión; ambos redentores –los dos involuntarios, por lo demás– están libres de la sangre del Otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Será que efectivamente el redentor del Minotauro se le parecía de alguna forma no evidente? Quizá sería más adecuado señalar que la alteridad en este caso no sería más que una barrera incapaz de dotar de Otredad a lo esencial que compartirían todos los seres vivientes –incluso Minotauros–, acaso la soledad, las ansias de compañía, los pecados del orgullo, la búsqueda de un sentido que justifique la existencia, entre otros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por todo esto, sería imposible concluir de forma tajante este superficial análisis, puesto que cualquier inquietud surgida a partir de la lectura del cuento de Borges, sobre todo centrándose en el tema del Otro, no podría aspirar más que a la reflexión. ¿En qué medida aquello que se puede considerar como Otro es realmente tan distinto a uno mismo a la luz de la historia ficcional de Asterión? La interrogante ha quedado abierta para siempre gracias a la invención de Borges.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Bibliografía&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Borges, Jorge Luis. “La casa de Asterión”. &lt;i&gt;El Aleph&lt;/i&gt;. Santiago de Chile: Editorial Ercilla S.A, 1984.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-7206775357324173321?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/7206775357324173321/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/la-casa-de-asterion-de-borges-el-otro.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7206775357324173321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7206775357324173321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/la-casa-de-asterion-de-borges-el-otro.html' title='La casa de Asterión de Borges: el Otro como uno mismo'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-E6FgV3lPESA/TfuPtYV808I/AAAAAAAAAQw/aoITn4CBb0E/s72-c/Minotaur_by_PatentRose.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-6175485840633696613</id><published>2011-06-14T11:06:00.001-04:00</published><updated>2011-06-14T11:22:43.685-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Conversaciones de madrugada - 1º Parte: En lo que dura un cigarro y poco más</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo peor eran las hormigas o algún otro bicho aún más repugnante que pudiese colarse entre los pliegues de la ropa. Era extraña esa sensación de que una criatura, fuese cual fuese su naturaleza, se paseara sin invitación por los rincones más íntimos de la piel, caminando entre poros y vellos sin intención erótica alguna. Si se la pensaba así, no parecía una situación tan desagradable, pero a nadie le agradaba que una súbita picazón o un repentino cosquilleo interrumpieran el instante más delicioso o tenso de una conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso lo sabían ellas, claro. Pero era de madrugada aún y el frío que se paseaba escarchando las briznas de pasto en donde estaban tendidas boca arriba las tenía tan ateridas que no alcanzaban a percibir patita alguna recorriéndolas. La luna poco a poco iba desluciéndose en el cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;–¿Te que’an cigarros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Justo dos. Me traes buena suerte tú, como antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos pequeños puntitos de luz se encendieron en las penumbras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y cuándo yo te traje suerte a vos? Siempre que salíamos juntas nos pasaban cosas. O nos asaltaban, o nos metían weás en los tragos, o se nos extraviaban los bolsos, la plata…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eso nos habría pasado igual de haber estado cada una por su cuenta. Pero como estábamos juntas era más piola. Es bueno tener compañeras con las que recorrer la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Yiaa… Tú y tus weás mamonas. Sonái como si yo hubiera sido pareja tuya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Ja ja ja!! Sí, es verdad. Igual no te miento que en un momento se me pasó por la mente intentar comerte…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Esta culiá…! … Nah, si siempre lo supe. Pero érai buena onda conmigo, ¿pa qué pelear? Mientras no te diera la pasá, todo iba a estar bien. Total, vos no me queríai pa algo más que pa una revolcaíta…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eeeeso es verdad. Pero es que yo pensaba que eras lesbiana al principio, cuando te vi en el seminario de “Los estudios culturales feministas en la sociedad occidental contemporánea: ¿una revolución aún (in)necesaria?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Y te acordái del nombre entero! ¿Y de verdad te quedaste hasta el final de esa weá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Obvio. Fui de las cinco que lo aprobó con nota máxima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Ay, ella…! Sabís que yo me metí ahí porque me llamaba la atención el tema, pero después anduve cachando que esos eran los típicos cursos que se llenaban de lesbianas. O sea, a mí no me importaba eso, pero como a la tercera clase caché que casi todas me miraban con cara de hambre. Por eso me salí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… No tenías para qué. Total, era cosa tuya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, pero era incómodo. ¿A ti no te molesta cuando te jotean los hombres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, sí, pero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es lo mismo, poh. Aparte de que hasta la profe era torta; sentía que no calzaba ahí. Yo quería aprender cosas, discutir un poco, afirmar mi identidad o una weá así, y al final terminé sin saber qué chucha era yo: ¿una persona? ¿una mujer? Al final no somos ni una weá, somos criaturas vivas, eso fue lo que aprendí. Super reconfortante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Sí, es verdad… Muchas feministas están medio cagadas. Las chantas, eso sí. Pero yo aprendí mucho en ese curso. Lo pasé bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Te acordái de esa niñita que iba de oyente? ¿Cuántos años tenía? Era súper joven ella. La que era así como marimacho. Era más reventada la loca… Después me dijeron que había quedado en coma. ¿Se habrá muerto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No. Después se recuperó. Ahora está totalmente limpia. Se llama Alicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Eso, Alicia! Esa loca era así como tierna, pero no sé por qué. Yo cacho porque era de las pocas que no me miraban como queriendo algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es que a Alicia le gustan las mujeres más femeninas que tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Ja! Pero en fin: puta que la pasamos bien en esos días. ¿Cuándo nos dejamos de ver más o menos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Cuando te pusiste zorra. Bueno, más zorra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ya, pero cuándo fue eso. Apepé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ya no me acuerdo, pero harto que te duró. Te jalabas y tomabas toda la plata. ¿Qué te hizo volver a ti misma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Uy, qué autoayuda. Lo mismo que a vos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿El amor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Waaaaaaaa…! –la joven se echó a reír– ¡No podí ser tan cursi, weonaaaa…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Javiera, mijita, abra su mente. El amor abarca muchas cosas en la vida, no sólo las parejas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ya, si te estaba leseando. Sí, fue el amor. El amor al arte. Ahora igual descongelé los estudios, aunque me cuesta retomar el ritmo, pa qué te cuento. Me cuestan más los ramos teóricos eso sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eres tontita, Javiera. Tú eres la única que podría haberme hecho sombra de caleta de generaciones que estaban ahí, incluso entre los profes. Y te diste el lujo de arrojar todo por la borda por tus weás de puta drogadicta…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿A veeeer….? Mire, linda, si yo pintaba, si yo pinto, es por mí, para los demás, no para andar compitiendo con usted en sus delirios de artista ashí shúper transgresora, ¿okei? Y yo puedo hacer lo que quiera con mi vida. No arrojé nada por la borda, chis, aparte de que voh’ sí que érai terrible’ drogá y reventá; hasta heroína te metíai, ¡más encima…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No es eso, tontona. Yo asumo lo que fui antes, pero ahora también estoy limpia. Como tú, como Alicia. Digo eso porque lo pasaste muy mal esos días, dejaste eso que te hacía feliz. Pintar te hace feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, pero por los demás. Y a nadie ya le importaban mis obras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y le importaban más acaso a tus seudo amiguitos huecos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Yo no creo que sólo pintes para hacer regalitos “a mano”. A ti te gusta pintar, no tienes por qué esconderlo. Pero te falta proyectarte más en eso. Pintar más, ver más pinturas. No sé…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Lo que tú quieres es que yo me convierta en tu rival, o que empiece a acaparar la atención que vos tení todavía con el periodismo especializado. Estai cansada y me querí pasar la estafeta a mí. Bien buena, poh…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Javierita, escúcheme…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡No me digai Javierita…!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra joven guardó silencio por un buen rato, dedicándose a disfrutar las últimas aspiradas a su cigarro. Acto seguido, puso en su celular &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=n-tKvkyZ9Bs"&gt;Las Meninas&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;, de Mecánica Popular, en altavoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–&lt;i&gt;Tu copiabas Las Meniiiiinas cuando niñaaaa… / Y Veláaaaasquez pecaaaaba de perfectoooo… &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–&lt;i&gt;Yo temblaba en la belleeeeza del inteeeeeeeentooooooo….. &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–&lt;i&gt;Todavía tiembloooo…. Todavíaaaa… Tieeeemblooo….&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–&lt;i&gt;¡¡MAÑAAAAANA SACARÉ PASAAAAJES PERO NO SÉ ADÓNDEEEE… / MAÑAAAAANA SACARÉ PASAAAAJES PERO NO SÉ ADÓNDEEEE… / MAÑAAAAANA SACARÉ PASAAAAJES PERO NO SÉ ADÓNDEEEE…!!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–&lt;i&gt;Adóoooondeeeee…&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Güíiiii…! ¡Me encanta esa canción! Me trae recuerdos. ¿Te acuerdas tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡La que copiaba Las Meninas cuando niña! Obvio. Soy menos ególatra de lo que parezco. Las personas que me han importado siempre han estado ahí, conmigo. Y he estado intentando recuperarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Si yo sé, Alejandra. Yo soy menos perra de lo que parezco. ¿Te conté que la redención me vino mientras me lavaba los dientes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hubiera sido más entretenido que te hubiera venido mientras cagabas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah, es que esa una redención milagrosa, amiga mía. Voy a demandar a Activia por publicidad engañosa. No sé cuánto tiempo llevo tomándomelo y se me sigue rompiendo el poto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Finita! … Te pareces a Val en lo chucheta. Val es la mejor amiga de una ex, y también amiga mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A este ritmo vas a tener un millón de amigos, como Roberto Carlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Nunca tantos, oye.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Si ahora uno levanta una piedra y sale un weirdo. Y todos te adoran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Algo tendré!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Debe ser, pos… Porque yo también te adoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ooooh… ¡Qué linda! Ay, dame un besito…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiuuuuu…!! Qué A-S-C-O. No, jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es una broma, linda. Yo estoy muy enamorada y no besaría a nadie más que a mi noviecita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ay, ella y su noviecita… Ñu, ñu, ñu…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oye, me dio sueño. ¿Durmamos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Acá…? Estoy cagadísima de frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero es que en la casa esa… Tú sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Javiera volvió la vista hacia la casa y alcanzó a distinguir unos cuerpos contorneándose al ritmo de canciones punchi punchi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–One more time, parece. Ta weno, digo yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es una trampa. Yo te juro que entramos y salimos en una camilla de hospital. Ya no somos esas niñitas imbéciles de antes; ya no tenemos la suerte del principiante. Ahora tenemos que responder por nuestros actos, pero más que nada, cuidarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, oh… Si entiendo lo que quieres decir. Y tienes razón. ¡Pero dormir acá…! ¿Y si nos morimos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Nunca te has muerto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Nop. ¿Y tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra se echó a reír. Se sacó los lentes y se acurrucó entre el pasto escarchado por toda respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Digamos que ésta no sería la primera vez –musitó al fin, cerrando los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, ya. Pero si me muero y no me puedo resucitar, te mato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y si yo me muero también…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Te resucito, y luego te mato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero si yo muero y tú mueres… ¿cómo me podrías resucitar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eh… A ver… Yo muero y tú mueres. Yo resucito primero y entonces te resucito a ti y te mato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, pues. Si me dijiste hace un rato que sólo me ibas a matar si no te podías resucitar a ti misma. Entonces….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Ay ya, weona, para…! Da lo mismo, ¿okei? … Buenas noches será mejor. Buenas noches, Alejandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Buenas noches, Javiera.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-6175485840633696613?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/6175485840633696613/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/conversaciones-de-madrugada-1-parte-en.html#comment-form' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6175485840633696613'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6175485840633696613'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/conversaciones-de-madrugada-1-parte-en.html' title='Conversaciones de madrugada - 1º Parte: En lo que dura un cigarro y poco más'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-2455404542772118912</id><published>2011-06-09T12:13:00.001-04:00</published><updated>2011-06-14T11:12:37.460-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>Alejandra y el girasol</title><content type='html'>Alejandra llevaba unos minutos contemplando fijamente al girasol que había traído Alejandra esa mañana. &lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana de fin de semana, la joven se había levantado más tarde que de costumbre, dejando que las luces del día le maduraran entre los pliegues de su camisa de seda blanca y su piel pálida. Ocupada en que todo su cuerpo alcanzase a ser entibiado e iluminado, no tuvo tiempo de preocuparse por la actividad de Alejandra sino hasta que sintió hambre. Entonces se levantó y la buscó por toda la casa, hasta hallarla en el balcón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;–Oye, hoy es tu turno para preparar el desayu… ¿? ¿Qué haces? ¿Qué es eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Un girasol!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué es un girasol?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Esto! –señaló Alejandra, plenamente consciente de que en realidad Alejandra no había querido decir lo que había dicho– El girasol es una flor linda y feliz que necesita mucho sol, luz y calor. Me la regalaron hoy. ¿Te gusta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… … … Es demasiado grande… y desvergonzada…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Por qué desvergonzada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Porque es demasiado grande… porque se exhibe en toda su grandeza y desnudez de flor feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra, acostumbrada a ese tipo de respuestas de su novia, sonrió en silencio y fue a la cocina a preparar el desayuno, dejando a Alejandra sola con el girasol. De eso ya había pasado un buen rato, el suficiente como para haber preparado hasta un almuerzo, pero Alejandra seguía observando, y la otra Alejandra seguía ausente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra se imaginaba a sí misma viendo al girasol desde la calle; se veía a sí misma con la mirada clavada en ese ojo irisado que pendía de uno de los balcones, el balcón del departamento en donde ella y Alejandra vivían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un girasol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra recordaba haber visto muchos girasoles en libros infantiles. Las ilustraciones siempre parecían prontas a reventar el papel por su luminosidad y colorido, un riesgo que no parecía más amenazante que la enorme sonrisa del girasol dibujado, a punto de estallar en una carcajada inocente. Algo debían tener los girasoles como para ser el modelo de flor prototípica en los álbumes para niños, acaso la intensidad de sus tonos o su enorme tamaño. Como fuese, de tanto encontrárselos en el papel –y con ojos y boca, más encima–, Alejandra había terminado casi por sentir que se trataba de flores ficticias, imposibles. Y de pronto, sin previo aviso, como si alguien hubiera derramado agua en el libro, y como si la ilustración no hubiese sido más que una colorinche semilla, el girasol abandonaba los confines de la hoja y se instalaba allí, frente a sus ojos y al alcance de sus dedos. Un girasol perfecto, un girasol sin rostro, un girasol VIVO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podrían usar las tinturas más llamativas y los lienzos más gigantescos, pero los girasoles estampados jamás podrían compararse al real. Alejandra pestañeó varias veces en su contemplación; no sabía si pretendía refrescar su mirada fija o recortar la imagen del girasol y sus vistosos contornos de la estructura del balcón que lo contenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo una vez que sintió sus ojos saturados de la flor, hasta el punto en que veía girasoles abriéndose desde cada friba, se animó a alargar la mano. Tocó sus pétalos abiertos y su enorme centro con la misma ceremonia con la que sus yemas habían conocido por primera vez la textura de la vulva de Alejandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El girasol se movió un poco. Alejandra retrocedió asustada: no sabía si eso quería decir que se estaba entregando a su contacto o si lo rechazaba con suavidad. Acercó su nariz: olor a girasol. Acercó la punta de su lengua: sólo un pinchazo, un beso trunco. Sabor a girasol, seguramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra se preguntó cómo sería el cadáver de un girasol. Las florcitas modestas apenas gemían cuando se las aplastaba con el pie o cuando eran desintegradas por unos dedos insolentes que recurrían al desmembramiento como pretexto para saber si eran amados. Fuese en el pasto o en el concreto, nadie se impactaba por al ver un cuajo de pétalos diseminados, eso estaba claro. Pero, ¿y el cadáver de un girasol? ¡Era tan grande y desvergonzado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra se preguntó cómo su novia se había conseguido el girasol. No se creía eso de que se lo habían regalado, pero tampoco parecía posible que lo hubiese comprado. ¿Dónde? Ella ahora conocía muy bien las calles a su alrededor y estaba segura de que no había ninguna tienda de flores en la manzana. Eso sin contar con que Alejandra parecía haber traído al girasol casi sin ninguna protección; tenía que haberlo obtenido muy cerca de su casa, o de lo contrario se le habría ido desfalleciendo en el trayecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra suspiró, perpleja. Otro misterio más de su novia, pensó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, comenzó a oír la inconfundible voz de Javiera Mena desde los parlantes de su equipo. Su Alejandra debía sentirse satisfecha y feliz, sobre todo porque reconoció que el tema era &lt;i&gt;Acá entera&lt;/i&gt;. Pero Alejandra no estaba ni satisfecha ni feliz: su incapacidad para entender el secreto del girasol se lo impedía. Su novia, que estaba tarareando alegremente mientras traía las bandejas con un esmeradísimo desayuno hacia la mesita del living, le sonrió y le cantó la mejor parte de la canción, que estaba justo sonando en ese momento:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–&lt;i&gt;Voy a aprender / que al perder / en mi vida el poder / otro lado será ver / mucho más velocidad / en captar / que la edad / muchas veces nos traiciona y / no hay nada más… / en mí… &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra nunca había podido entender el sentido de las letras de las canciones de Javiera Mena, pero no sabía si se debía a ella o a la otra. Quizá lo que en verdad no tenía sentido era intentar hallarle uno a la música, a su música. Quizá sólo tenía que dejarse llevar por ella, como lo hacía Alejandra, como lo había hecho Alejandra con su infantil alegría ante su bendito girasol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo te llevaste con el girasol?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bien. Aunque es un poco tímido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, es normal. Acaba de llegar. Con el tiempo hablarán mucho, lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eh… Porque lo sé. Lo traje porque fue el que más me recordó a ti de todos los que salieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Salieron? ¿De dónde salieron?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Eh… De mi amor por ti, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… … … ¡Estás rara hoy día!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… … … :c&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿No me dirás nada? –le preguntó con una sonrisa y una leve inclinación de su cabeza mientras comía su pancito. Alejandra solía ser tan pasmada que este involuntario gesto de coquetería podría haber hecho babear a su interlocutora en circunstancias más cotidianas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Me creerías si te dijera que soy una diosa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra, que en ese momento estaba tomando su tacita de café capuchino, estuvo a punto de ahogarse de la risa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Depende el contexto. Diosa dónde. ¿En la cama?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡No…! –Alejandra había fruncido el seño. Que no hubiese sacado provecho del buen humor de su chiquita indicaba que estaba algo molesta– Bueno, también, pero no… Bah, no importa. No me vas a creer, así que da lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música había cesado. Extrañamente, Alejandra sólo había puesto un tema, cuando usualmente ponía el disco entero, y en modo aleatorio. Alejandra comprendió que el tomarse sus palabras a la chacota no había sido una buena idea si pretendía descifrar el misterio del girasol. Su novia, medio enfurruñada, dejó su desayuno a medias y se encerró en la pieza de ambas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra, tras unos segundos, se asomó cautelosamente por la puerta. Vio que su Álex estaba tendida boca abajo, con el cuerpo en sentido horizontal en relación con la orientación de la cama, de modo que sus largas piernas quedaban flotando en el aire. De cuando en cuando pataleaba briosamente, como una niña aburrida. Alejandra descubrió en sus orejas unos audífonos y comprendió en el acto de qué iba la cosa: estaba escuchando el “Mena” en su reproductor, para ella sola, sin compartirlo con su novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–“Así que en esas nos vamos. ¡Mmmph!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra entró a la pieza que hacía las veces de taller de su pareja, con el propósito inicial de jugarle alguna travesura por su desaire. Sin embargo, se detuvo impactada: ante ella, había una cantidad tremenda de bocetos, algunos a medio terminar y varios terminados y coloreados con distintos materiales… de girasoles. Todos girasoles. Hermosos girasoles que parecían a punto de abandonar sus respectivos lienzos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra salió un poco asustada del taller y fue al balcón. El girasol que había “traído” Alejandra seguía ahí, como si nada hubiera pasado, lo que no dejaba de ser cierto. Ante una corriente de aire un poco más brusca que las otras, agitó sus hojitas. Alejandra, turbada, le devolvió el saludo y luego salió corriendo hacia la pieza en donde estaba recostada Álex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta se sobresaltó cuando el cuerpo también alto de una chica se lanzó con violencia a su lado, en la cama de dos plazas. Era Alejandra, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Hola!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Alejandra no respondió. Álex se la quedó mirando con una expresión de desconcierto en los ojos verdes, sobre todo cuando su novia le arrebató uno de los audífonos y lo colocó en su propia oreja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Qué buen tacto, chiquita… –río Álex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Un audífono tú, un audífono yo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–&lt;i&gt;Cómo me gusta… escuchar las canciones contigo…&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;–A mí también. Y también me gusta… el girasol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Qué bueno que te haya gustado. Ahora tenemos que ponerle un nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Se llamará Javiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue como el girasol Javiera creció y creció hasta convertirse en una flor muy linda. Claro que Alejandra no quiso volver a hacer de diosa, por lo que el segundo girasol que plantó en el balcón prefirió encargarlo a la florería bajo entrega a domicilio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ese le pusieron Mena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-bSvzQZl5Uqc/TfDww6LTGhI/AAAAAAAAAPE/QkDLsAbQTfU/s1600/sunflower_by_cookiemagik-d36roqf.gif" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-bSvzQZl5Uqc/TfDww6LTGhI/AAAAAAAAAPE/QkDLsAbQTfU/s1600/sunflower_by_cookiemagik-d36roqf.gif" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-2455404542772118912?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/2455404542772118912/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/alejandra-y-el-girasol.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2455404542772118912'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2455404542772118912'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/alejandra-y-el-girasol.html' title='Alejandra y el girasol'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-bSvzQZl5Uqc/TfDww6LTGhI/AAAAAAAAAPE/QkDLsAbQTfU/s72-c/sunflower_by_cookiemagik-d36roqf.gif' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-3634750964890736229</id><published>2011-06-01T14:11:00.000-04:00</published><updated>2011-06-01T14:11:19.257-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resonador Literario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hebra'/><title type='text'>Reseña a "Dádivas", de Guillermo Ardissoni (por Cristóbal Gaete en Grado Cero)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta entrada debería haberse subido hace bastante tiempo ya, pues originalmente la reseña en cuestión fue publicada por la edición de &lt;em&gt;Grado Cero &lt;/em&gt;Abril 2011, pero confieso que recién ahora pude encontrar el PDF. Aprovecho la instancia también para promover la lectura del suplemento, que personalmente me parece una gran iniciativa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;u&gt;Datos de la causa&lt;/u&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Guillermo Ardissoni publicó su poemario &lt;em&gt;Dádivas &lt;/em&gt;por Hebra Editorial 2010 (Valparaíso), formato plaquette.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Grado Cero&lt;/em&gt; es un suplemento literario que se distribuye gratuitamente junto con el diario chileno &lt;em&gt;El Ciudadano&lt;/em&gt; y cuyo objetivo es visibilizar y difundir tanto&amp;nbsp;la literatura como la edición literaria de&amp;nbsp;creación y manufactura independiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;Links de interés&lt;/u&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;a href="http://es.scribd.com/search?query=d%C3%A1divas+guillermo+ardissoni"&gt;Poemario &lt;em&gt;Dádivas&lt;/em&gt;, de Guillermo Ardissoni&lt;/a&gt; (Hebra Editorial, 2010) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: Si el archivo cobra por bajarse, ingresar por &lt;a href="http://scribd/mobile.com"&gt;scribd/mobile.com&lt;/a&gt; ,&amp;nbsp;colocar el nombre del mismo&amp;nbsp;y buscar manualmente hasta dar con él. Entonces apretar &lt;em&gt;download&lt;/em&gt; y listo. Sin pagar ni uno. Esto es válido para cualquier otro documento de Scribd que presente el mismo problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;a href="http://issuu.com/gadocero/docs/grado_cero_abril"&gt;&lt;em&gt;Grado Cero&lt;/em&gt;, Edición Abril 2011&lt;/a&gt; (la reseña, hecha por Cristóbal Gaete,&amp;nbsp;se encuentra en la página 2)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;a href="http://www.elciudadano.cl/2011/03/03/%E2%80%9Cgrado-cero%E2%80%9D-nuevo-suplemento-literario-junto-a-el-ciudadano/"&gt;Artículo dedicado a &lt;em&gt;Grado Cero&lt;/em&gt;&lt;/a&gt; (&lt;em&gt;El Ciudadano&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Grado Cero&lt;/em&gt; en Facebook: Como &lt;a href="http://www.facebook.com/?ref=logo#!/profile.php?id=100002020357791"&gt;Persona&lt;/a&gt; y como &lt;a href="http://www.facebook.com/#!/home.php?sk=group_182679945096146"&gt;Grupo&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-3634750964890736229?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/3634750964890736229/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/resena-dadivas-de-guillermo-ardissoni.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3634750964890736229'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3634750964890736229'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/06/resena-dadivas-de-guillermo-ardissoni.html' title='Reseña a &quot;Dádivas&quot;, de Guillermo Ardissoni (por Cristóbal Gaete en Grado Cero)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-6017348229504968399</id><published>2011-05-30T09:24:00.001-04:00</published><updated>2011-06-14T11:03:26.635-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resonador Literario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hebra'/><title type='text'>Noticia: Feria de Edición Independiente (Junio 2011)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-gNgjsOhe9-c/TeOZXjM2CfI/AAAAAAAAAO4/ir8xbNzrUYg/s1600/FERIADOS.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="257" src="http://2.bp.blogspot.com/-gNgjsOhe9-c/TeOZXjM2CfI/AAAAAAAAAO4/ir8xbNzrUYg/s400/FERIADOS.jpg" t8="true" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Web&lt;/strong&gt;: &lt;a href="http://edicionindependiente.tk/"&gt;http://edicionindependiente.tk/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fecha&lt;/strong&gt;: Sábado 04/06/11 (a las 14:00 hrs).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lugar&lt;/strong&gt;: Bar Estación Terminal. Metro Parque Bustamante (Santiago).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Programa de la feria&lt;/strong&gt;: Haz clic &lt;a href="http://feriadeedicion.blogspot.com/p/programa-primera-feria.html"&gt;aquí&lt;/a&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-6017348229504968399?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/6017348229504968399/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/noticia-feria-de-edicion-independiente.html#comment-form' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6017348229504968399'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/6017348229504968399'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/noticia-feria-de-edicion-independiente.html' title='Noticia: Feria de Edición Independiente (Junio 2011)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-gNgjsOhe9-c/TeOZXjM2CfI/AAAAAAAAAO4/ir8xbNzrUYg/s72-c/FERIADOS.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-3854740488449251865</id><published>2011-05-24T15:53:00.001-04:00</published><updated>2011-05-24T15:55:38.349-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>Historia de una sábana - Alejandro Zambra</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;1. Fue antes de que mi papá incendiara la casa. Quince o veinte días antes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;2.  Había un clóset lleno de sábanas, casi todas blancas, de costuras  rojas, rojo italiano. Y un juego celeste, para mí, con dibujos en azul  de letras o llaves de sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. Mi madre, desde la ventana, de  espaldas, frente a una sábana blanca; quince o veinte días antes, atrás,  frente a una sábana blanca. No estaba llorando. Se había quedado ahí,  simplemente, esperando a que la sábana se secara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;4. Era un día  sin luz. Se volvió y se acercó a la ventana y comenzó a mirarme, a  imitar mi cara mirándola, hasta empezar una sonrisa. Pero luego no entró  a la casa. Regresó a su lugar, frente a la sábana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Una sábana  sin viento secándose al viento. Un lienzo, una especie de escena. La  escena continúa hasta que el público comprende que no habrá una segunda  escena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Yo soy el que comienza los aplausos. Antes trabajaba de voz en off, pero me echaron. Ahora soy el que comienza los aplausos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7.  Mi función es dar golpes cerrados, aplausos cerrados. Mi función es  cerrar las manos, juntarlas con fuerza, a la fuerza. Mi función es  buscar silencios y llenarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8. Te voy a aplaudir en la cara, me decían, a veces, en broma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9. Cierra la puerta por fuera, me decían, pero en broma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10. Anda a ver si está lloviendo en la esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11. Mucho antes, años antes, mi padre tuvo que regresar a casa de urgencia pues su esposa estaba a punto de parirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12. Pero es una imagen limpia, nueva, falsa. Como debe ser. Los niños juegan a hacerse heridas en la enredadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13. Había una vez una sábana blanca secándose al sol. Pero era un día sin sol. Es una historia muy larga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14. No hay una segunda sábana. La sábana se alarga, se desenvuelve, pero no hay otra sábana dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15. Había una vez una sábana alrededor de un cuerpo blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16. Había una vez una sábana que manchaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17. Parece que envolvieron a alguien. No me acuerdo bien, estaba en otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18.  “No poses”, le dicen, pero es difícil no posar. Incluso en sueños. A  veces finge pesadillas. Despierta con un grito, con un grito propio. Y  aunque sabe que no correspondía gritar recibe el abrazo cansado de  alguien o de nadie y guarda silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19. No sueñes, no poses, duérmete de a poco. Así se dice: de a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;20. Había una vez una sábana secándose de a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21. Días antes de que mi papá incendiara la casa había una sábana secándose de a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;22. No voy a abrir la ventana. No insistas. No se puede.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23. Por amor o por error, duermen juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;24. El cuerpo crece o se contrae durante una noche de sueño. El rostro pierde y encuentra sus rasgos con el roce de la almohada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25. Cuidado, el cuerpo podría partirse en dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;26. Apaga la carta de ajuste y vuelve a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;27. En el sueño los autos pasaban de largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;28. El humo arriba antes que las voces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;29. Los fantasmas nos dejaron con la mesa puesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;30. Había una vez un bulto y una sábana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Fuente: &lt;a href="http://es.scribd.com/doc/44655887/Historia-de-Una-Sabana-Alejandro-Zambra"&gt;Scribd&lt;/a&gt;) &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-3854740488449251865?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/3854740488449251865/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/historia-de-una-sabana-alejandro-zambra.html#comment-form' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3854740488449251865'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/3854740488449251865'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/historia-de-una-sabana-alejandro-zambra.html' title='Historia de una sábana - Alejandro Zambra'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-1320733574101819503</id><published>2011-05-16T16:00:00.000-04:00</published><updated>2011-05-16T16:00:15.793-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Haiku'/><title type='text'>A veces también escribo haikus en inglés (pero no me salen bien)</title><content type='html'>Only difference&lt;br /&gt;between toy cars and real ones&lt;br /&gt;- a matter of sight&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-1320733574101819503?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/1320733574101819503/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/veces-tambien-escribo-haikus-en-ingles.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1320733574101819503'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/1320733574101819503'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/veces-tambien-escribo-haikus-en-ingles.html' title='A veces también escribo haikus en inglés (pero no me salen bien)'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-2380856568852101229</id><published>2011-05-15T19:56:00.000-04:00</published><updated>2011-05-15T19:56:10.370-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cosita inclasificable'/><title type='text'>Descubrimientos que cambian vidas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-c1MQ8sjdfXs/TdBnLM-2uqI/AAAAAAAAAOs/qKUQXu7n3Fc/s1600/39sw3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="120" src="http://2.bp.blogspot.com/-c1MQ8sjdfXs/TdBnLM-2uqI/AAAAAAAAAOs/qKUQXu7n3Fc/s400/39sw3.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;© Quino ( De &lt;i&gt;Mafalda&lt;/i&gt;)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-2380856568852101229?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/2380856568852101229/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/descubrimientos-que-cambian-vidas.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2380856568852101229'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/2380856568852101229'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/descubrimientos-que-cambian-vidas.html' title='Descubrimientos que cambian vidas'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-c1MQ8sjdfXs/TdBnLM-2uqI/AAAAAAAAAOs/qKUQXu7n3Fc/s72-c/39sw3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-4275992196258981431</id><published>2011-05-14T18:44:00.000-04:00</published><updated>2011-05-14T18:44:01.054-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>El cumpleaños de Sandra - Parte III y final: Alicia en el país de las tortillas</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sonó el timbre. Alejandra S., pese al bullicio generalizado (había empezado la ronda de “si se la sabe, cántela”, con prendas, penitencias y todo), lo oyó y se dirigió a la puerta. Ella y su novia eran bastante pacíficas en la comunidad del edificio; seguramente un escándalo de esas proporciones había motivado la ira de los vecinos que deseaban dormir. Y bien: a diferencia del común de la gente, Alejandra S., que no era precisamente normal, solía ser bastante respetuosa con el sueño ajeno. Ya estaba ponindo cara de disculpa mientras preparaba en su mente las excusas para acallar la pasión musical de Roque y Val cuando abrió la puerta y se topó –oh sorpresa– con un muchacho de facciones femeninas y un halo de perturbadora delicadeza, de pelo corto y suspendido en el aire por acción de gel, que vestía una camisa leñadora de franela color rojo y unos jeans celestes rotos y no muy limpios. Tenía la piel del rostro medio descamada y unas espinillas perdidas e inocentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–“¿Ah?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra parpadeó: hacía mucho tiempo que no bebía alcohol como ahora y estaba levemente enturbiada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y tú eres…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Alicia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;El cerebro de Alejandra hizo las sinapsis correspondientes con una velocidad pasmosa para su estado etílico.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;–¡¡Alicia!! ¡Ja ja ja! ¡Pensé que eras un hombre, no te había reconocido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… La gente suele pensar que yo soy un hombre –respondió Alicia con tal delicadeza y cortesía que convertía sus palabras en una posibilidad inviable: ¿quién podría ver a un muchacho en una criatura tan discreta y de voz tan suave?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… No quise decir eso. Oye, ¿qué haces? Ven, pasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia echó un vistazo fugaz adentro en el momento exacto en que Sandra cantaba enceguecida “Botaré mi piel / lejos de aquí” con voz poco afinada. Alicia frunció involuntariamente el ceño (quizá la visión de una cabeza pelirroja le había hecho tanto daño a sus ojos como la voz estridente a sus oídos; los pasillos del edificio eran rigurosamente blancos) y sacudió la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ven. No seas tonta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Soy tonta. Quedé tonta por las drogas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Lo dije en sentido figurado. Me refiero a que no te prives a ti misma de entrar. Ven, comparte con nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Sólo venía a pedirte agua. Ojalá isotónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Iso qué…? ¿Esas cosas que toman los deportistas? … ¡Ah! Verdad que tú vas al gimnasio. ¿No llevaste nada para rehidratarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No. No llevé más dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra la miró con extrañeza. Parecía extrañamente fresca como para haber estado hasta hacía poco entrenando. Su ropa, medio sucia, contrastaba con el olor a jabón líquido que se desprendía de su piel. Al menos se había duchado después de ejercitar; eso era seguro. Una observación más detallada le permitió descubrir que tenía los labios resecos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oye, pero por qué no tomaste el agua de la ducha… o del baño…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… –Alicia reveló confusión en sus ojos negros– No sé. No se me ocurrió. Soy tonta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No eres tonta. Sólo no se te ocurrió. Ven, busquemos algo en el refrigerador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Alicia…! –gritó Val, completamente ebria– ¡Toca la guitarra with us!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Vengo de paso nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–♫ De paaaso / estabas pensando en aaaalgo… / ♫ –cantó Roque– ¿¡Y cómo sigue!?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–♫ … que olvidas / a medida que / vienes tú… ♫… –siguió Sandra, con voz acalorada ante la súbita aparición de Alicia (Sandra también estaba pasada de copas. Al ver a la muchacha camioncita sintió que su corazón se desbocaba inexplicablemente. Quería ser muy alocada, mostrarse alocada ante ella, aunque sabía que eso sólo la espantaría. En cierto modo, deseaba espantarla. Vengarse sutilmente por las lágrimas que le había hecho llorar ese otro día)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia siguió a Alejandra hasta la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Um… Mira, no tengo nada mejor que esto: una cachantún for woman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia miró con horror la botella violeta de agua mineral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué es esto? ¿Por qué dice que es para mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No sé. Supongo que tendrá minerales o cositas que son especiales para el cuerpo de una mujer. Ya sé que no te gustan ese tipo de cosas segregadoras, pero es lo único que tengo para darte. Además… tú eres una mujer, Alicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí. Lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra le sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tranquila. No pasa nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia, al ver que Alejandra no parecía dispuesta a dejarle un poco de privacidad, debió beber la botella ante sus narices. No pudo quejarse: le estaba haciendo un favor. Alejandra se pudo entonces deleitar con la visión de su cabeza echada hacia atrás, bebiendo con desesperación, mientras un hilo de agua caía con suavidad por su fortísimo y a la vez frágil cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia se dispuso a marcharse tras dar las gracias cuando se topó con el tropel de invitados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Alicia! –chilló Sandra, casi cayéndose encima de ella– ¡Hoy es mi cumpleaños!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia encontró de tan mal gusto esta autoreferencia que correspondió con igual descortesía: no dio saludo alguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Quédate con nosotros, chica –sugirió Roque. Reinhardt la miraba con curiosidad, pues no la conocía más que por palabras de los demás. Soledad, en tanto, la miraba con irrefrenable anhelo; todos se habían olvidado de que se sentía atraída por marimachos como la misma Alicia. Y Alicia pudo reconocer las intenciones de esa mirada, pero no le gustó Soledad como mujer y prefirió dar un paso al costado. Además, sabía que tenía una niñita y eso la complicaba; no estaba preparada para ser madre putativa de nadie. Claro que nadie se esperó la intervención de Consuelo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Hola!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Hola –respondió Alicia, con timidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Tú quién eres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… No sé –había terror en sus ojos y en sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿No sabes? –Consu se echó a reír– Mami, esta niña no sabe quién es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Consuelo, no incomodes a las personas. Ninguno de nosotros está muy seguro de quién es, en todo caso… Pregúntale su nombre mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo te llamas, niña que no sabe quién es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Alicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Oh! ¡Como Alicia en el país de las maravillas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Más o menos. Y Alicia ahora está en Una Merienda de Locos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consu había oído la historia de Alicia (la de Lewis Carol, claro) por boca de mamá, pero no entendió la referencia como lo hicieron los demás. Había hostilidad en el tono. Sandra intervino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oye, no nos ofendas. ¿Por qué no te quedas a mi cumpleaños? Estoy segura de que a las Alejandras no les molestará, ¿verdad? –ambas asintieron complacientemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No… Yo me voy ahora…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Alejandra S. se le plantó ante la puerta, gorrito kawaii en la diestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tú no sales de acá. Ponte un gorrito, comparte con nosotros. Hace algún tiempo ya que nos reencontramos y no nos hemos visto casi… Comparte con mis amigos, Alicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡No! –Alicia enrojeció de rabia– Hazte a un lado. Tengo que irme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra S., envalentonada por su ebriedad, se adelantó hacia esa joven bastante más baja que ella, pero indudablemente mucho más musculada y tonificada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡No! Di: quiero permitirme ser feliz y compartir con gente que valga la pena. Di: quiero distraerme un rato con algo más que no sea una guitarra o unas pesas. Di: quiero aprender a disfrutar de un contacto físico, quiero volver a leer literatura sólo por el placer de hacerlo, quiero tener una novia, quiero retomar mi amistad contigo, ¡di!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soledad, intuitiva como nadie, hizo entrar a Consuelo a las piezas. Sabía que se venía algo que ella tampoco deseaba presenciar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡No diré nada!! ¡Córrete o te saco a patadas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Esta es MI casa y de Alejandra! ¡A mí nadie me saca a patadas! ¡Yo te voy a retener a ti a patadas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Alejandra S., en una de las peores ideas de su vida, se le lanzó encima con todos sus flacuchentos 182 cms. Alicia, claro, ni se inmutó; la cogió quién sabe cómo o por dónde y la lanzó contra el suelo en una suerte de rara llave. El golpe sonó muy fuerte. Alejandra quedó atrapada bajo el firme cuerpo de Alicia. Alicia pensó: “gané”, pero sintió unas ganas tremendas de llorar. No era violenta, y jamás habría pretendido hacerle daño a alguien, menos a una mujer, menos a Alejandra. Asustada por sus instintos, empezó a liberar el cuerpo de Alejandra de su presión, pero en ese momento sintió que una mano de uñas largas le arañaba con muchísima fuerza el rostro. Alicia, la Poderosa, tuvo muchísimo miedo: esas uñas buscaban reventarle los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se lanzó hacia un lado. Desde esa posición pudo ver que Roque y Reinhardt contenían a una descontrolada Alejandra L. que gritaba en chillidos ahogados. Pero la locura da más fuerza que toda la contención de dos hombres, y Alejandra L. se liberó al fin. Por fortuna, se preocupó sólo de su novia, que se movía con cierta torpeza en el suelo. Alicia sintió por primera vez que le ardían las mejillas; la sangre se le había mezclado con las lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra S. estaba viva, una vez más. Tenía un moretón en un brazo nada más, y el vaivén propio de los borrachos que caen accidentalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Chiquita, deja de asustarte. Yo soy inmortal, ya te dije. Mira que te pusiste fea. Se te corrió todo el maquillaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra S. se volvió a Alicia y sus ojos la miraron con espanto. Alejandra L. le habló de la nada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿¡Por qué hiciste eso!? ¡Por qué le pegaste! ¡Ella sólo quería darte un espacio de felicidad!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra S. se acurrucó en el cuerpo de Alejandra L., que seguía mirando a Alicia con reproche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Está bien, Alejandra. Déjala que se vaya. No estoy enojada. Yo no debí haberla atacado en primer lugar, ni haberme puesto así con ella. Yo no puedo forzarla a hacer cosas que no quiere; no debo. Y tú no debiste agredirla tampoco; la heriste. Se supone que ibas a controlarte, ¿te acuerdas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Perdón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pídele disculpas a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Perdón, Alicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia se alzó y se dispuso a irse al fin, pero Sandra la pescó quién sabe cómo o de dónde y, antes de que pudiera evitarlo, le colocó un pañuelo en sus mejillas sangrantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No puedes irte así… Estás sangrando… ¿Te duele?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, pero no importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Cómo no importa! Sí importa… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Porque… El dolor físico es incómodo, molesto… Duele… Te hace sentir mal. Y yo no quiero que te sientas mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Acabo de arruinar tu cumpleaños y tú me dices que no quieres que yo me sienta mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tú no arruinaste nada. Esta sólo fue una pelea de borrachas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Yo no estoy borracha!! ¡Y suéltame de una vez! ¡Ya te dije que no me gusta que me toquen! ¡Déjame!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Alicia se quedó ahí, quieta. Miró uno a uno a los desconcertados presentes: a Roque, que la miraba con tristeza y desamparo; a Reinhardt, que la miraba con seriedad; a Val, que la miraba un poco asustada, prendida del brazo de Roque. A Soledad, que acababa de asomarse, y que la miraba con temor. A las Alejandras, que no la estaban mirando a ella. A Alejandra L., que acariciaba con cuidado el brazo machucado de su novia. A Alejandra S., que tenía los ojos cerrados, dejándose acariciar por su novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Sandra, que la miraba dándole todo sin pedirle nada a cambio. A Sandra, que le ponía en ese instante un parche curita en uno de los tajos más feos. Alicia sintió vergüenza de llorar otra vez y se tragó las lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oye… –le dijo a Sandra. Para su espanto, ésta le sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Voy a comprarte un regalo y vuelvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿No que no tenías dinero? –intervino Alejandra S., aún con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Tengo, pero era para volverme a mi casa en colectivo. Si me compraba la bebida isotónica, me quedaba sin poder volver. Pero ahora me quedaré acá a dormir, si me dejan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Claro. ¿Verdad, chiquita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí. Por supuesto. Alicia es bienvenida acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bien. Yo voy y vuelvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia salió sin más, pero en el pasillo la detuvo un par de brazos regordetes que la estrecharon con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Qué parte de “no me toques” no entiendes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No te creo. No creo que vayas a volver. Te vas a ir nada más. Y no te veré nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Claro que no. Volveré. Te comparé un regalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Prométemelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡No tengo que prometer nada!! Confía en mis palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Bueno… pero yo iré contigo… Iré colgada de tu cuerpo para que no puedas escapar. Siempre supe que mi sobrepeso me serviría de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿¡Estás loca!? ¡¡Suéltame!! ¡No voy a ir por la calle con una pelirroja gorda aferrada a mi espalda!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Por qué no? Yo lo encuentro muy entretenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… ¡Pesas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Um… pensé que ibas al gimnasio y todo eso… Que eras más… fuerte…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡SOY fuerte! … Mira…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Alicia siguió caminando con Sandra a cuestas, aferrada con sus brazos por el pecho de Alicia, medio encaramada en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Al apa!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Sandra saltó, colgándose del cuello de Alicia, que casi muere triturada y ahorcada, pero que con todas sus horas de gimnasio pudo alzarse con su pesada carga a sus espaldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Mierda…! ¡Cómo pesas…! –exclamó medio ahogada mientras el ascensor descendía con cierto sospechoso crujido. Pero Alicia no pudo persuadir a Sandra de que la soltara al llegar abajo, y se vio forzada a sostenerla por sus muslos desnudos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Me estás obligando a tocarte… Me las pagarás…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Sandra no oía nada. Podía sentir cómo sus pechos se aplastaban contra la espalda firme de Alicia, la que a pesar de todos seguía preservando sus formas femeninas. Esa forma erguida de caminar pese a la inclinación natural por el peso… Los brazos que se mantenían tensos para que sus manos maltratadas pudieran sostener sus piernas, el tacto de esas manos en sus muslos (“Menos mal que me depilé ayer”)… El olor floral de la colonia que apenas se dejaba sentir tras las orejitas llenas de piercings de Alicia (“¡Colonia de mujer!”)… El pedacito de cuello bajo la nuca sobre el que se apoyaba… La textura suave de la camisa leñadora roja, de franela… Sentir el cuerpo de esa mujer casi desconocida, aunque fuese de espaldas, entre sus piernas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Tienes el cuerpo muy duro, sabes…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Sí. Lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿No tienes rollitos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿No? ¿Ni uno solo? ¿Ni una grasita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…. ¿Tienes calugas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Ooooh…!! ¡¡Yo quiero tocar!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡ME TOCAS LA GUATA Y TE LANZÓ AL ESTERO!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Bueno. No te enojes. Sólo era curiosidad… Las niñas gays deben pelearse por ti…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No realmente. Mi cuerpo está tonificado, pero me veo muy masculina para todos, y mi piel es un desastre. Salvando los músculos, soy un poco asquerosa físicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… No digas eso. No eres asquerosa. Y lo de verse masculina es cosa de gustos. ¿Cómo te gustan las mujeres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… No quiero hablar de eso. No quiero hablar de nada en realidad. Y no quiero pensar en mujeres ahora. Estoy cansada de esas cosas: de mujeres, de sexo. El sexo es una lata. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… … … … &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra se reclinó un poco más y dejó escapar un suspiro. Sintió el cuerpo de Alicia estremecerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡No vuelvas a hacer eso!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Disculpa. En serio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Voy a subir una escalera. Bájate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra bajó, pero siguió aferrada a ella. Sonreía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Qué molesta eres –comentó Alicia mientras iba subiendo con la carga pelirroja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Pensé que no querías hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ya te dije que eres como Alejandra: me hacen hablar y decir cosas y a mí me gusta estar en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Acá es. Cierra lo ojos. No quiero que veas antes de tiempo el regalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra cerró los ojos verdes y se dejó conducir por Alicia a la tienda, que resultó ser una importadora china (por supuesto: recuerden que Alicia tenía el dinero para un colectivo o una bebida isotónica nada más). La gente miraba extrañada al par, pero Alicia estaba acostumbrada a que la gente la mirara raro por su apariencia de marimacho, y Sandra a que la miraran por ser pelirroja; de cualquier forma, ella seguía con los ojos cerrados y no se percató de nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Oh! ¡Yo lo quiero ver!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿No será mejor en la casa de Alejandra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, acá no más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra abrió el paquete y Alicia al fin pudo desentumecer los músculos, ya bastante trabajados en el gimnasio. El regalo era un sacapuntas, de esos que tenían un orificio para introducir el lápiz y una manivela para sacarle punta. Éste tenía forma de casita de tamaño considerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Oh…!! ¡¡Qué cosa más linda…!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Me gustó mucho, Alicia!! ¡¡Gracias!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra se le lanzó encima a abrazarla antes de que la cansada Alicia pudiese evitarlo. Tampoco pudo evitar que la pelirroja le diera un beso fugaz en la mejilla, en el único espacio inmaculado de su rostro arañado, descamado, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Por qué me tocas tanto. ¿Te gusto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Yo pensé que no, pero parece que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Cómo que parece que sí! “¡Susto!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡No sé! Necesito tiempo para saberlo… ¿Te molesta? … Porque yo no te gusto, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Te dije que estoy cansada de mujeres y todo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Vas a ser “normal” ahora? ¿Hombres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No… No me gustan los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Eras mujeriega antes? Eras amiga de Alejandra…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No… Sólo he tenido dos novias… y nunca me he acostado con otras personas que no fueran ellas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡! … Entonces eres muy casta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Ya te dije que el sexo me da lata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Pero no me respondiste si yo te gustaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Te dije antes que no sabía si me gustaban o no las pelirrojas. Y de todas formas, tú eres una pelirroja en específico… Una bastante fresca y sinvergüenza, en realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pero es cierto! –Alicia sonrió– Yo no soy una mujer fácil. Olvídate de mí. Búscate a otra maricona con calugas en la guata para acostarte. En serio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No. Yo no quiero acostarme contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y qué quieres entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Quiero que me lleves de vuelta a la casa de las Ales! ¡Al apa otra vez! Me lo debes por haberme insultado gratuitamente. Tú no me conoces en realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Es cierto. Lo siento. Sube…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra se reclinó una vez más entre el cuello y los hombros de Alicia y, casi sin querer, se quedó medio dormida encima de ella. Alicia, agotadísima, sintió en su cansancio que los latidos de su corazón se acompasaban con la respiración de la pelirroja que lleva a cuestas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-UNyZ8TgXqP8/Tc8Ews7dKFI/AAAAAAAAAOo/Ht3k8enkcZQ/s1600/sandra-alicia.bmp" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="141" src="http://4.bp.blogspot.com/-UNyZ8TgXqP8/Tc8Ews7dKFI/AAAAAAAAAOo/Ht3k8enkcZQ/s200/sandra-alicia.bmp" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-4275992196258981431?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/4275992196258981431/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/el-cumpleanos-de-sandra-parte-iii-y.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4275992196258981431'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/4275992196258981431'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/el-cumpleanos-de-sandra-parte-iii-y.html' title='El cumpleaños de Sandra - Parte III y final: Alicia en el país de las tortillas'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-UNyZ8TgXqP8/Tc8Ews7dKFI/AAAAAAAAAOo/Ht3k8enkcZQ/s72-c/sandra-alicia.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-7016177703202935880</id><published>2011-05-09T15:40:00.000-04:00</published><updated>2011-05-09T15:40:56.826-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>El cumpleaños de Sandra - Parte II: With a little help from my *weird* friends</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;–Toma tu gorrito –le dijo Alejandra con una mueca de perturbadora felicidad en el rostro–. Es el más lindo, porque eres la cumpleañerita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra se dejó cubrir la cabeza por ese infantil gorrito que representaba algo que parecía una especie de criaturilla muy rosa y muy sonriente. No sabía qué podría haber comido Alejandra como para que se le hubiese ocurrido la idea de que todos los invitados se calzaran un gorrito marca Kawaii, esos que emulaban los de las animaciones japonesas, pero a Sandra le pareció divertido y simpático. Era agradable además sentir las manos de Alejandra encima de su cabeza, casi como si estuviese coronándola: la cumpleañerita.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;Ese hueco extraño que a veces se colaba entre ambas cuando se abrazaban con cariño enmudeció en medio de la efusividad con la que las dos se entregaron a la otra en ese gesto. Sandra había temido volver a sentirse así; no quería sentirse exactamente igual a como se sentía cuando aún amaba a Alejandra, porque sería una sensación ridícula, como un deja vú, que en el fondo no era más que una falla que hacía creer vanamente que el episodio actual ya se había vivido. Sandra no quería permitirse a sí misma sentir que todo era como cuando amaba a Alejandra, pues sucedía que ella ya no amaba a Alejandra y Alejandra ya no la amaba a ella. Los reflejos atragantados movían siempre a la melancolía y la nostalgia, a voltear hacia atrás. Y Sandra no quería voltear atrás ahora que estaba avanzando a toda velocidad: podía chocar estrepitosamente. Y ella sabía de choques estrepitosos porque una vez la había atropellado un camión cuando iba en bicicleta oyendo a Los Jaivas; sabía que un choque, aunque no le hiciese mucho daño, era bastante molesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en ese momento supo que sus temores no tenían base. No había hueco, pero no había tampoco amor, ni siquiera su sombra: sólo su recuerdo, sólo el recipiente mayor que era el amor neutro que se siente por alguien; en este caso, un amor de amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra seguía siendo tan burra como siempre, por lo demás. Casi tan burra como flaca, más flaca que Val, pero con un cuerpo muy bonito y bien formado a pesar de todo. Sandra recorrió con desprendido placer estas formas que tanto conocía, y se alegró al percibir cuán puras eran sus propias sensaciones en el momento en que Alejandra correspondió a sus caricias, apretando sus gorduritas con similar tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Parece que estás más flaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Racionamiento: tuve que pagar cuentas atrasadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Pero estás comiendo bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambas se echaron a reír: Sandra jamás había comido bien en su vida. ¿O dónde habían visto antes una pelirroja guatona?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hoy almorcé unas chorrillanas con los niños. Es la comida más grande que he tenido en mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ojalá que no sea también la más sana…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No… Ya te dije que cuando me estabilizara económicamente iba a empezar la dieta. Pero es que de verdad no tengo plata…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Bueno, acá tampoco vas a comer cosas muy nutritivas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué son esas weás? –preguntó de pronto Val, con velado horror ante los rimbombantes gorritos que Alejandra y Sandra ostentaban en sus cabecitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Se me olvidó! Roque, Valeria, sus gorritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Gorritos? ¿Tenemos que usar gorritos? ¿Como los niñitos? … ¡Oh! ¡Gorritos Kawaii! Yo quiero uno de Pyong. Son los más masculinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Val lo miró con espanto– ¿¡Masculino!? … Yo no me pienso poner esas weás ridículas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ay, póntelo, Val. Te verías tan bonita… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡NOOOO!! ¡¡Aleja esa cosa de mí!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cuál le podríamos pasar a Val, Sandra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Uno liiiindo! ¡Uy! ¡Mira este de Pechan, de Ranma ½! ¡Ponte éste, Val!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Que no…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Val retrocedió asustada, hasta que terminó atrapada en una esquina. Los ojos de Alejandra apenas se veían: sonreía tan ampliamente que parecían dos ranuritas. Aun así, era muy visible el destello que emitían. Val conocía demasiado bien ese destello y supo que el destino de su dignidad estaba en un hilo. Intentó escabullirse, pero Alejandra se abalanzó contra ella con toda la agilidad de su cuerpo alto y largo mientras luchaba por calzarle el gorrito de Pechan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡No, no, no, no!! –resopló mientras pataleaba en el suelo, procurando huir de las manos de Alejandra– ¡Coartas mi libertad de expresión!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Val, amor, no sacas nada con resistirte. Alejandra te vencerá y te pondrás el gorrito de todas formas –reflexionó Roque, quien lucía serenamente su gorrito de Pyong con expresión de “XD”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Val, retorciéndose aún en el suelo, alcanzó a ver los inconfundibles zapatitos primorosos y las pantis negras de intrincados diseños de la otra Alejandra, que acababa de entrar a la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡¡Al…!! ¡Tú tienes que entenderme! ¡No vas a ir vestida así y con un…! … … …&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Val alzó la vista y vio que Alejandra, además de un hermoso corsé de encaje blanco, lucía un gorrito Kawaii con la efigie de un murcielaguito violeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Que te ves tierna, Al.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Yo me siento tremendamente ridícula, pero a veces eso es bueno, supongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Pero si tú misma lo escogiste! –rezongó su novia Alejandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Era el más dark…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roque, Sandra y Val rompieron a reír. Y Val tuvo que dejar al fin que Alejandra le colocara el gorrito en posición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;–¡Sandra…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Dime, corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡”Corazón”! ¡Ah ja ja já! Cuidado, que Alejandra te va celar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Feliz cumpleaños… –Alejandra la Gótica fue a abrazarla con una sonrisa perfectamente maquillada. Sandra tuvo el delicioso placer no sólo de contemplar su pulida belleza romántica, sino también de palparle, bajo su largo pelo negro, su espalda desnuda y perfecta en el abrazo. Estuvo a punto de exclamar “¡Qué rico!”, pero ella conocía mejor aún que Val las miradas que la otra Alejandra, su ex, podía dedicarle a la gente. Supuso acertadamente que ese comentario no sería la mejor de las ideas; se lo guardó para sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Al rato, llegaron Reinhardt, Soledad y su hijita Consuelo (Sandra había pedido expresamente que la trajesen a su cumpleaños. Por algún extraño motivo, esa niña se llevaba estupendamente bien con ese hato de desadaptados adultos jóvenes).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Feliz cumpleaños, Sandra! –chilló la niña con sus ojitos de loca muy, muy abiertos. Sandra corrió a su encuentro y la tomó en sus brazos. Así, cargándola, saludó a sus dos amigos. Sintió un gran alivio al ver a Soledad sin el maquillaje protocolar de su trabajo de cubículo. Reinhardt, como siempre, vestía elegantemente, aunque con un toque de desparpajo que le sentaba muy bien: la camisa sin abrochar del todo, el pelo largo suelto, los delicados dedos que al fin podían tocar más piel que teclas de piano o partituras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Felicidades, Sandrita, querida –Reinhardt le tomó el rostro entre sus hermosas manos. Sandra reprimió con éxito un ataque de risa nerviosa. Soledad, menos efusiva por su timidez de siempre y por el poco tiempo que la conocía, le tomó ambas manos y las estrechó suavemente. Sandra sintió el apretón de un nuevo anillo allí donde por tanto tiempo había reposado su argolla de matrimonio. Soledad al fin había asumido el destino de su nombre y el de su hija con un matiz optimista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, le pasaba algo muy similar con todos, pensó mientras veía cómo Reinhardt accedía con desconcierto a probarse un gorrito modelo slime verde, Soledad uno de conejito y Consuelo uno de chanchito. El desplante de Alejandra, que por fin le había permitido ser la dueña de su existencia no sólo en cuanto a su destrucción, había terminado por plantar extrañas y dulcísimas ramificaciones a su alrededor. De la artista drogadicta y autodestructiva sólo quedaba la pulsión aguerrida de correr todo riesgo apostado en la sombra de la frontera. Esa joven que un día había despertado con la certeza de que no tenía amigos ahora estaba rodeada de ellos, siendo la artífice del feliz mosaico de amistad entre todos, el vértice central en donde habían convergido alguna vez todos ellos, la responsable de las líneas que, a modo de constelaciones, habían terminado por trazarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parte de las sonrisas de todos los presentes bebían de los esfuerzos sociables de Alejandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Toma, Sandra –le ofreció Consuelo mientras le tendía un bol con lo que chilena y coloquialmente se denominaba “cumpleaños de pendejo”: ramitas, papas fritas y suflé de queso mezclados–. Picotea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Consu… ¿tú crees que esté muy gordita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consuelo bajó la vista a su cuerpo y meditó unos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Un poco. Pero así te ves más tiernita. Lo dice mi mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah… –Sandra se ruborizó un poco. Soledad se encontraba mirando por el balcón en ese momento, mientras Val ponía un cd quemado con música de Beirut y Roque se ponía a saltar por la casa junto a Alejandra al son de &lt;i&gt;My family’s role in the world revolution&lt;/i&gt;. En el sillón, con un vaso de bebida en la mano, la otra Alejandra y Reinhardt conversaban cosas serias con un talante alegre y desprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–“Bah. Siempre puedo empezar una dieta”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horas más tarde, los vecinos pudieron oír con claridad unas risotadas extrañamente dulces provenientes del domicilio de “Las Mariconas del 15” (o sea, las Alejandras. El “Hogar de Alejandras”, como decía una tablita pegada a la puerta del departamento)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Que lo abra! ¡Que lo abra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…. ¡Uuuuuuu………!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Que se lo ponga! ¡Que se lo ponga!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Ehhh….!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–(8) (Todos) Cumpleeeaaaaaaaaañoooooooooss feeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiz….&lt;br /&gt;(Roque: ¡feliz, feliz!)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–(Todos) … Teeeeeeeee deeeeeseeeaaaaaaaaaamoooooooooooss aaaaaaaaaaa tiiiiiiiiii….&lt;br /&gt;(Roque: ¡a ti, a ti!)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–(Todos) Cumpleeeaaaaaaaaañoooooooooss…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–(Reinhardt, Alejandra L., Consuelo, Soledad) Saaaaaaaaaaaaaaandriiiiiiiiiitaaaaaa…&lt;br /&gt;–(Roque) Aaaaaleeeeeessaaaandriiiiiiiitaaaaa…. &lt;br /&gt;–(Val) Peeeeeeliiiiroooojiiiiitaaaaaaa….&lt;br /&gt;–(Alejandra S.) Mooooooooooomooooooooo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–(Todos) Queeeeeeeee loooooss cuuuuuuuuuumplaaaaaaaaaaa…. Feeeeeeeeeeliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiizzz…!!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–(Falsete final de Roque y Val y chillido de Consuelo) ¡¡¡Iiiiiiiiiiiii……….!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Bravo! ¡Pastel!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡El mordisco! ¡El mordisco! –ruido de merengue estrellándose contra una cara, la voz de Alejandra (“¡¡Que son mierdas!! ¡Más cara que me salió la torta!! Yo no pienso comer ningún pedazo que tenga un pelo colorín pegado”), las risas de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra se limpió prontamente el rostro y su gorrito manchado de merengue, pero antes saboreó, elasticidad de su lengua mediante, un poquito de la torta estampada en sus mejillas y su labio superior. Supo que ese pedacito sería de lo más lindo de esa noche.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-7016177703202935880?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/7016177703202935880/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/el-cumpleanos-de-sandra-parte-ii-with.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7016177703202935880'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/7016177703202935880'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/el-cumpleanos-de-sandra-parte-ii-with.html' title='El cumpleaños de Sandra - Parte II: With a little help from my *weird* friends'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-8258088587489143782</id><published>2011-05-05T21:07:00.000-03:00</published><updated>2011-05-05T21:07:14.075-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuento'/><title type='text'>El cumpleaños de Sandra - Parte I: Llegada de la caballería</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sandra despertó esa mañana por unos furibundos golpes que casi tiraron abajo la puerta de la pieza de la pensión en donde vivía. En el brevísimo lapso de duermevela en el que permaneció entre el espacio de la primera patada, que le interrumpió el sueño, y la segunda, que impidió que volviera a reanudarlo, alcanzó a pensar muchas cosas, a estas alturas de la vida nada desorbitadas: el Apocalipsis, una réplica sísmica gigantesca, un ataque de locura del bipolar dueño de la pensión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Precavida como toda pelirroja que sabe que su naturaleza de tal le impide pasar inadvertida por la vida, agarró en el acto su cortaplumas, que mantenía siempre en el velador. Con él pelearía contra las bestias celestiales que viniesen a ajusticiarla, con la puerta si se trancaba por el sismo o con el mismo dueño. Nunca pensó que su precaución pudiese casi convertirse en homicidio cuando, de la entrada de la puerta, finalmente violada y penetrada, emergió una figura amiga que se le echó encima, casi sobre el filo del arma: la figura flacuchenta de Val.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;–¡¡Feliz cumple….!! … ¡Ay! ¡Me clavó algo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Es mi cortapluma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Que eres flaite, Sandra. ¡Saca eso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roque emergió detrás de Val y, abrazándolas a ambas amigas a la vez, las precipitó hacia la cama, cayendo los tres como un sándwich que tenía a la poco apetitosa músico como carne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Wiii…! Apio verde tuyú, Sandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Gracias, Rocky, pero me están apretando hasta el alma…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Y cómo me sentiré yo…! Weón, estoy como en un trío…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Wiii….! –chilló Roque, moviendo su cuerpo de arriba abajo, rozando su miembro contra las nalgas de Val, que de paso terminó por rozar con su propia humanidad a la de Sandra, que yacía abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Para, mierda!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Auxilio! ¡Me ahogo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sandra se ahoga. Córrete… Digo, muévete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roque obedeció dócilmente. Sandra permaneció aún unos momentos más en la cama, en lo que recuperaba el aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mira la forma de saludarme… ¿Me trajeron regalos? Val… ¿Te acordaste de lo que te pedí hace tres meses?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Síp. La opción 1 era un coatí de peluche. El problema es que nunca supe qué mierda era un coatí. ¿Mono? ¿Pájaro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Así que te traje la opción 2: toma –Val le tendió un paquetito con el papel de regalo más horrendo que Sandra hubiese visto en vida–. Feliz cumple, amiga. Te quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Yo también te quiero! ¡Y también te traje un regalo! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–… Lo dices como si no hubiera sido tu deber de amigo regalarle algo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Tarán! –Roque le tendió un paquete aún más pequeño, como de una cosita que cupiese en el hueco de una mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandra destrozó los paquetes y extendió sus regalos en la cama sin hacer: de Val, el peluche de un payasito medio deforme; de Roque, una figurita de uno de los hamsters de la serie de monitos “Hamtaro”: el hamster de la voz grave y la guitarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Qué liiiiiiiiiiiiiindos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mira, mira: Jingle tiene su guitarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Y el payaso es pobre y miserable, como tú querías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Gracias, niños… ¡Ustedes son tan adorables!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora fue Sandra la que se armó de la fuerza suficiente como para arrastrarlos a los dos hacia la cama, pero con el suficiente tacto como para equilibrar sus charchas entre los costados del cuerpo de ambos y no aplastarlos bajo su (sobre)peso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorpresivamente, vio que el cortaplumas había quedado semioculto entre los pliegues de la sábana, muy cerca de las cabezas de sus amigos. En un último movimiento antes de entregarse al jugueteo con ellos, cogió el arma y la lanzó al suelo, lejos: nada de riesgos ni peleas ni filos para ese día.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7586800019014882031-8258088587489143782?l=winterloria.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://winterloria.blogspot.com/feeds/8258088587489143782/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/el-cumpleanos-de-sandra-parte-i-llegada.html#comment-form' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/8258088587489143782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7586800019014882031/posts/default/8258088587489143782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://winterloria.blogspot.com/2011/05/el-cumpleanos-de-sandra-parte-i-llegada.html' title='El cumpleaños de Sandra - Parte I: Llegada de la caballería'/><author><name>Alejandra Láquesis</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01586400206596546463</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_Mmn2VcYasrU/TVBX26AVwvI/AAAAAAAAALY/8RS76fGFU4s/s220/Imagen036.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7586800019014882031.post-9012150500678294041</id><published>2011-04-29T19:10:00.000-03:00</published><updated>2011-04-29T19:10:09.831-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>"Esperando", de Dazai Osamu (trad. Pablo Figueroa)</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Todos los días voy a la pequeña estación de tren a buscar a alguien. Quién es ese alguien, no lo sé.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Siempre paso por ahí después de hacer las compras en el mercado. Me  siento en una fría banca, pongo la cesta de las compras sobre mis  rodillas, y miro abstraídamente hacia los molinetes. Cada vez que llega  un tren, una multitud de pasajeros es escupida hacia afuera desde las  puertas de los vagones. La muchedumbre avanza en tropel hacia los  molinetes, y las personas, todas con la misma cara de enojo, sacan los  pases y entregan los boletos. Luego, sin mirar hacia los costados,  caminan precipitadamente. Pasan por delante de mi banca, salen hacia la  plaza que está frente a la estación, y se van cada uno por su lado. Yo  sigo sentada distraídamente. ¿Qué sucedería si alguien sonriese y me  hablase? ¡Ay no, por Dios! La mera posibilidad me pone tan nerviosa que  me estremezco de sólo pensarlo, como si me hubieran echado agua fría en  la espalda. No puedo respirar. Y sin embargo, continúo esperando a  alguien todos los días. ¿A quién podría ser que estuviera esperando? ¿A  qué tipo de persona? Pero quizás lo que estoy esperando no sea un ser  humano. Odio a los seres humanos. En realidad les tengo miedo. Cada vez  que estoy cara a cara con alguien diciendo cosas como “¿qué tal, cómo  está?”, o “¡cómo refrescó!”, saludando sólo para cumplir, siento que soy  la persona más falsa del mundo. Me pone tan terriblemente mal que  quiero morirme. Y las personas con las que hablo se ponen a la defensiva  sin razón, me hacen vagos cumplidos, y comentan sentenciosamente  impresiones que no tienen en verdad. Su cautela mezquina me hace sentir  triste: el mundo es cada vez más repugnante y no puedo soportarlo. La  gente intercambia tensos saludos desconfiando unos de otros hasta  cansarse, y así pasa la vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&l
